Energía

La fiebre del 'oro blanco' en Australia desata una competencia salvaje por el negocio de litio

  • Las firmas intentan acceder al mercado vía compras, pero hay quienes lo impiden
  • Australia es el país que más litio extrae, pero el negocio del refino es de China
  • Tesla necesitará 16 veces más de carbonato de litio en 2030 respecto a 2022
Un proyecto minero de Pilbara Minerals en Australia. Foto: Bloomberg.

El oeste de Australia está siendo escenario de la pugna mundial por el oro blanco, mineral necesario para la fabricación de baterías sobre las que pivota la transición energética mundial. Como en un western, firmas mineras de todo el mundo llegan al estado de Australia Occidental con la intención de controlar proyectos de litio y tomar posiciones en un mercado cuya demanda aumentará exponencialmente en las próximas dos décadas. En esta lucha de poderes no faltan los multimillonarios del país, cuyas fortunas se han forjado al albor de la minería, y quienes quieren otro trozo de la tarta. Por si fuera poco, esta contienda discurre de forma paralela a la guerra comercial entre EEUU y China, la cual afecta a los aliados de la Casa Blanca, como Australia, país que quiere reforzar su rol en el mercado del oro blanco.

Este año, a la industria del litio en Australia solo le falta la música de Ennio Morricone para convertir sus disputas en una película del salvaje oeste. En enero, la joint venture TLEA, de la firma china Tianqi y de la australiana IGO, ofreció 136 millones de dólares australianos para absorber Essential Metals, compañía propietaria del proyecto de extracción de litio Pioneer Dome, localizado en la región desértica de Australia Occidental. Sin embargo, los compradores no pudieron rematar la jugada, ya que no lograron el respaldo del 75% de sus accionistas. Menos de una semana antes de que se votara esta adquisición en la junta, otra minera australiana, Mineral Resources, afloró una participación del 19,5% en la pretendida. Y fue una de las accionistas que votó en contra de la operación.

Detrás de Mineral Resources está el multimillonario neozelandés Chris Ellison, su fundador. Es residente en Australia y está entre las 50 fortunas del país. La operación de Essential Metals no es la única en la que se ha entrometido el magnate. Una de las mayores productoras de litio del mundo, la firma chilena SQM, tenía todo listo para absorber, por 1.600 millones de dólares australianos, la compañía Azure Minerals. Tras conocerse la oferta, Ellison se hizo con un 12% de la participación de esta última. Paralelamente, la mujer más rica de Australia, Gina Rinehart, y presidenta de otra minera nacional, Hancock Prospecting, compró el 18% de Azure Minerals. Sus dos participaciones son suficientes para vetar la operación y superan el 19,9% de la latinoamericana. Cuando SQM hizo pública su propuesta de adquisición, la compañía explicaba su interés en el proyecto Andover, detallaba el comunicado oficial. Allí, al oeste de la isla, puede haber entre 2,5 y 8,9 toneladas métricas de carbonato de litio.

A su vez, Rinehart, se ha interpuesto entre otras dos empresas, la estadounidense Albemarle, otra de las mayores productoras de litio, y la australiana Liontown. Poco después de conocerse el acuerdo de compra de la primera a la segunda por 6.600 millones de dólares australianos, la persona más rica del país fue haciéndose grande en Liontown hasta conseguir el 19,9% de la compañía, convirtiéndose en la mayor accionista en solo un mes. Aunque no era un porcentaje suficiente para poder por sí misma abortar la operación, con un poco más de apoyo, era muy fácil lograrlo. El segundo mayor inversor es otro multimillonario australiano, Goyder Timothy (14,97%). Albemarle acabó retirándose y renunciando a sus planes. En este caso, se jugaban el depósito de litio de Liontown en el valle Kathleen, al oeste de Australia.

Estos movimientos sacan a relucir las estrategias de unos y otros por ganar posiciones en la industria minera australiana. Así, los multimillonarios patrios se han puesto manos a la obra para evitar que el capital extranjero aterrice en algunos de los proyectos de litio más codiciados. Entre todos, han logrado frustrar varias compras.

La espodumena

Australia no siempre ha ocupado el trono del litio. En el pasado, este mineral se extraía de roca dura en Estados Unidos, Portugal, Brasil, Zimbabue y China. Después, se abarató la producción gracias a las salmueras de Latinoamérica y esta región se hizo con el liderazgo. Pero, desde los años 90, el concentrado de espodumena es lo que le ha dado al país oceánico el control del mercado del litio. Es un mineral que, entre otros elementos químicos, contiene el 'oro blanco'.

La espodumena bien se parece al tesoro de Sad Hill en El bueno, el feo y el malo. En torno a ella está la mina de litio más grande del mundo, Talision Lithium Mine, en Greenbushes, al oeste del país. De las 44 minas capaces de extraer esta roca, 34 se encuentran en Australia Occidental y 11 de ellas en la zona de Goldfields-Esperance, una región de dicho estado en la que sus habitantes viven de la minería. Tras el descubrimiento de espodumena por parte de Delta Lithium (anteriormente Red Dirt Metals), otras firmas aterrizaron en estos campos de oro blanco, como Rio Tinto, compañía que se está recuperando del veto de Serbia a sus licencias para la explotación de la mina de litio de Jadar.

El refino de litio, tan lucrativo como acuñar moneda

Tras extraerse el litio de la espodumena, este después se refina para obtener carbonato de litio e hidróxido de litio, que es lo que se utiliza en las baterías de los coches eléctricos.

El negocio del litio no solo está en la propia extracción, sino en su tratamiento posterior, una parte clave del proceso para obtener el producto final. Elon Musk, fundador de Tesla y una de las personas más influyentes de este ámbito, dijo sobre el refino de litio que es un negocio tan lucrativo como la acuñación de dinero. Además, pedía más inversión en esta área para combatir la escasez de baterías. En primavera, su compañía de coches eléctricos inició la construcción de una planta de refino en Texas, Estados Unidos.

Tesla requerirá de 1.000 kilotoneladas de carbonato de litio en 2030, es decir, 16 veces más de lo que necesitó en 2022. Cada año que pasa sus necesidades se incrementan un 30% respecto a sus niveles de producción del ejercicio previo, según un informe de McKinsey. Es solo un ejemplo de la velocidad a la que van los coches eléctricos.

Aunque Australia es la gran mina de litio del mundo, este país rico en 'oro blanco' apenas acaba de echar andar en el negocio del refino, que controla China. Ambos países están muy descompensados, ya que el oceánico tiene el 43% de la extracción, que acaba exportando prácticamente en su totalidad al asiático que, aunque solo saca el 17%, ostenta el 77% del mercado del procesamiento de hidróxido de litio, según el citado estudio.

China ejerce un dominio sobre el procesamiento intermedio de materiales críticos que preocupa a los países occidentales, especialmente a Australia. Ello genera una dependencia brutal del gigante asiático, al ser el principal destino de las exportaciones de litio australianas. Sin embargo, el gobierno de Anthony Albanese está dispuesto a reducir dicha dependencia o, al menos, tiene capacidad defender sus intereses.

Austroid Corporation, una empresa china vinculada al régimen de Xi Jinping, intentó comprar la australiana Alita Resources, que en ese momento estaba en pleno proceso de reestructuración tras acogerse a la bancarrota. Sin embargo, el organismo que revisa las inversiones extranjeras, Foreign Investment Review Board, prohibió la transacción. No trascendieron los motivos. Finalmente, la australiana Mineral Resources, que había hecho una oferta por la mina Bald Hill de Alita, pudo completar la operación.

La competencia con el régimen chino en el ámbito del refinado de litio, además de ser compleja por el desarrollo de esta área en suelo chino, también es delicada por la diferencia de las condiciones de trabajo, cuyos mínimos son más rigurosos en Australia que en China. Ello permite al país asiático establecer unos precios más bajos con los que las empresas australianas no pueden competir fácilmente.

"Los mineros de litio australianos están intentando ahora cerrar esa brecha", explica el análisis de McKinsey sobre el refino. La joint venture de la china Tianqi y la australiana IGO tiene la primera planta de hidróxido de litio del país, Kwinana Plant. El proyecto es reciente, del año pasado, y tiene una capacidad de 24 kilotoneladas al año, que espera aumentar hasta las 100. La idea es que estas instalaciones se abastezcan de la mayor mina de litio del mundo, la de Greenbushes, en vez de que esta mande el mineral a las procesadoras chinas. Además, la misma sociedad conjunta tiene el 51% del yacimiento, lo que permite cerrar, sin fisuras, el círculo de producción. El 49% restante lo tiene la estadounidense Albemarle. A su vez, esta última compañía está poniendo en marcha otra planta de hidróxido de litio, Kemerton, de dimensiones parecidas, en el oeste del país.

La china Tianqi junto a IGO y la estadounidense Albemarle tienen una buena parte del mercado de litio australiano y, además, son las únicas que tienen negocio en el refino. Eso también explica que los multimillonarios se hayan interpuesto en los planes de expansión de ambas. A su vez, el país oceánico se sitúa en pleno centro de la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Nadie quiere perderse la oportunidad.

Libre comercio entre Australia y EEUU

Aun así, Australia está decidida a reforzar la industria de refinado de litio en su territorio. Para ello cuenta con la colaboración de Estados Unidos. Como Morgan Freeman y Clint Eastwood en Sin Perdón, ambos países forman una dupla formidable. Ello se debe, especialmente a que la norma 'Inflation Reduction Act', aprobada en 2022 por la Casa Blanca, señala que al menos el 40% de los minerales críticos utilizados en las baterías de los coches eléctricos en suelo estadounidense deben provenir de EEUU o de algún país con el cual Washington tenga firmados tratados de libre comercio, y uno de ellos es la isla oceánica. Ese porcentaje tiene que aumentar un 10% anualmente, lo cual otorga a Australia una posición clave tanto en la pugna mundial por el oro blanco como en la guerra comercial entre EEUU y China.

La alianza EEUU-Australia es uno de los puntos de la Estrategia Nacional de Minerales Críticos (2023-2030) de este último país. Una de sus líneas de actuación consiste en encontrar inversores que contribuyan al desarrollo de la industria nacional. Australia, directamente, menciona al país de Biden: "Estamos posicionados como ninguno para capitalizar las oportunidades procedentes de la Inflation Reduction Act gracias a nuestro estatus de socios, a nuestro acuerdo de libre comercio con EEUU y gracias a nuestros recursos minerales", señala el plan gubernamental.

Toma de posiciones en Australia

Por otro lado, el rol de Australia en el mercado del litio no sólo se sostiene por su elevado nivel de producción. El capital nacional y extranjero está interesado en invertir en el país oceánico debido a las garantías de estabilidad en comparación con otros países importantes en la industria del oro blanco. Chile, que concentra las mayores reservas de litio a nivel mundial, planea nacionalizar la explotación de este mineral crítico. Hay otros casos más extremos, como el de la República Democrática del Congo, que posee las mayores reservas a nivel continental, pero cuya inestabilidad interior impide el desarrollo del sector.

Una firma minera australina, que ha logrado 14 licencias de exploración en el país este año, resume todo lo que está ocurriendo en torno a este mercado. En este sentido, John Prineas, director ejecutivo de St George Mining, explicaba en declaraciones a Financial Times que "los grandes jugadores están tomando posiciones de forma temprana, al ser muy caro hacerlo después del descubrimiento". A cualquier empresa que logre un hallazgo le llueven las ofertas y, en este caso, Amperex Technology, división de TDK -fabricante japonés de baterías- ha firmado con la minera australiana un acuerdo de colaboración valorado en 3 millones de dólares.

La fiebre del oro blanco se está extendiendo a toda velocidad en Australia. Como en la tercera parte de la Trilogía del dólar, todos quieren ser los primeros en llegar al lugar donde se encuentra el tesoro. Las firmas mineras y los multimillonarios compiten en el oeste australiano, pero a nivel internacional, EEUU y sus aliados pugnan con China. Resta saber quién se llevará el cofre, emulando al "hombre sin nombre" y quién, como Tuco, se quedará sobre un burro y con la soga al cuello.

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