Empresas y finanzas

Las cabinas telefónicas agotan sus últimas horas de vida

  • Las 'telecos' jubilan este 1 de enero
  • La gran mayoría de los menores de 30 años nunca los ha utilizado
  • Las guías telefónicas de papel también desaparecen al quedar excluidas

Adiós con el alma y para siempre. Tras languidecer durante lustros, las cabinas telefónicas desaparecerán de las calles españolas en las próximas horas. Al contrario de lo que ha sucedido en los últimos años, no surgirán nuevos indultos ni resquicios legales ni milagros salvadores. La extinción de este mobiliario urbano estaba anunciada desde la llegada de la telefonía móvil y finalmente se materializó el 1 de enero de 2022. Atrás quedará casi un siglo de comunicaciones, desde el estreno del servicio en la primavera de 1928, cuando Alfonso XIII realizó la primera llamada en un teléfono público situado en el Parque del Buen Retiro, en Madrid.

El destino de estos vestigios apunta al desmantelamiento y reciclado de las cabinas mal conservadas. Las que ofrezcan buen aspecto se guardarán en los almacenes de Cabitel, filial de Telefónica responsable de estos activos. Allí se guardarán decenas de ejemplares para posibles usos relacionados con el cine, para decorados de época. Los operadores de telecomunicaciones con poder significativo de mercado (Movistar, Telefónica, Orange y Vodafone) ya no estarán obligados a financiar un servicio que deja de ser universal. El coste de mantenimiento de las 14.800 cabinas supervivientes en el país ronda los 4,5 millones de euros anuales, según los datos de 2016, último ejercicio con datos actualizados.

El regulador del mercado de las telecomunicaciones, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) viene reclamando desde hace casi seis años la revisión de la obligación de mantener las cabinas dentro del servicio universal. En un informe encargado por el Gobierno, la CNMC ha constatado "una disminución en el número, el tráfico cursado y los ingresos unitarios por cabina de manera generalizada en todo el territorio nacional".

El uso de las cabinas telefónicas es residual no solo en España, sino en toda Europa. Según datos de la CNMC, el porcentaje de personas que nunca ha utilizado estos teléfonos públicos se sitúa en el 88% en la Unión Europea. En el caso de España, "el porcentaje de los consultados que responden que sí han utilizado las cabinas es del 12%, por encima de la media europea, que es del 8%, y siendo solo superado por Portugal (18%) y Austria (17%)". Por segmentos de edad, la práctica totalidad de los integrantes de la denominada generación millennial (menores de 30 años) nunca ha utilizado una cabina ni tampoco sabe cómo funciona.

Estimaciones del sector señalan que muchas cabinas apenas registran una llamada a la semana, con 0,17 comunicaciones al día. Fuentes del mercado aseguran a este periódico que el uso de este servicio telefónico en las grandes ciudades resulta sospechosamente inusual en ciertas cabinas, quizá utilizadas para comunicaciones anónimas relacionadas con el tráfico y distribución de estupefacientes.

La misma suerte de las cabinas correrán las guías de números de abonados

El proyecto de Ley General de Telecomunicaciones (LGT) aprobado a mediados de noviembre por el Consejo de Ministros y actualmente en tramitación parlamentaria, dicta la sentencia a muerte de las cabinas. Eso significa que se suprimirá la obligación de mantener, como mínimo, un teléfono público en cada municipio de 1.000 o más habitantes, a los que se sumaría uno más por cada 3.000 habitantes.

La misma suerte de las cabinas correrán las guías de números de abonados. Estas últimas dejarán de editarse en papel desde el próximo año una vez que ya casi nadie las consultaba desde hace muchos años debido a la competencia de los buscadores de Internet.

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