Empresas y finanzas

Vuelven los emprendedores de garaje: así es el bootstraping o el arte de empezar un negocio con lo justo

  • Tener atado hasta el último detalle antes de emprender deja de ser una ventaja
  • Agilidad, flexibilidad o financiación por servicios, algunos de los rasgos de esta vía
Foto: Dreamstime.

En una de sus locas peripecias, el personaje de ficción (pero basado en uno homónimo de carne y hueso), el barón de Münchhausen, queda atrapado en un enorme barrizal. Grita pidiendo auxilio, pero está en un paraje solitario y nadie acude a prestárselo. Harto de esperar a un rescate que no acaba de llegar, decide intentar valerse de sus propios medios para resolver su problema sin ayuda externa. Tirando de unas tiras que lleva adheridas a las botas consigue izarse a sí mismo y salir de la trampa. Acaba de nacer el término bootstraping, una metáfora que sirve para poner en valor la autosuficiencia empresarial y que hoy representa toda una corriente de emprendimiento.

"Céntrate en la caja, no en la rentabilidad", "primero entrega y luego prueba", "olvida eso del equipo con experiencia", "empieza como empresa de servicios" o "siempre ve escaso de personal" son algunos de los mandamientos que Guy Kawasaki, autor de 'The Art of Bootstrapping', dicta para esta forma de hacer negocios. "El bootstraping hace referencia a la capacidad de sacar una idea adelante con la menor inversión posible (1 euro es mejor que 1.000), y optimizando los recursos al máximo", resume Javier Iglesias, CEO en Miqo.

Un viejo ordenador que había por casa, un par de mesas prestadas, el trastero como almacén… y a funcionar. O casi. "¡Claro que tienes que hacer una mínima inversión!", matiza Iglesias. Pero "saber controlarla y optimizarla paso a paso es la verdadera clave para el éxito de tu proyecto", destaca. Para Javier Megias, director del Startup Program de la Fundación Innovación Bankinter, "no se trata tanto de contar con menos recursos, como de eliminar todo lo superfluo y que no aporta valor en la empresa".

La especialización es otro factor de éxito. "Es mejor enfocarse en hacer de manera excepcional una o dos cosas, poniendo ahí todos los recursos, que intentar construir la cuenta de resultados haciendo una decena de cosas de forma mediocre y sin grandes ventajas competitivas", aconseja.

La velocidad se ha convertido en un factor determinante en la nueva forma de trabajar. Tanto que, a veces, no hay tiempo para hacer las cosas como uno había imaginado en sus sueños de emprendedor. "Si esperas a tenerlo todo atado antes de lanzarte a crear un negocio puede que no lo empieces nunca", advierte Alberto Blanco, senior advisor en Digital HR y Talento. Y es que, tercia, Javier Iglesias, montar un negocio es una carrera de tiempo contra dinero. "Cuando no tienes dinero, tu tiempo vale el doble. Si tu dinero se agota antes de haber llegado a tus clientes, estás muerto". Por eso, insiste este experto, "equivocarse pronto y aprender rápido es la mejor forma de salir adelante".

Si la financiación es cuestión de vida o muerte en cualquier negocio, lo es de manera especial en el entorno startup. El emprendedor sabe que si el fondo de capital riesgo o el business angel de turno fallan, tiene un serio problema. El bootstraping le da una vuelta de tuerca a esa relación con el dinero para no pender permanentemente del hilo de la enésima ronda de inversión. "Los mejores inversores son tus clientes", sentencia Javier Megias. Una financiación mediante servicios retroalimenta todo el ciclo. "Imaginemos que estamos diseñando una aplicación para crear webs de e-commerce de forma automática. Mientras la desarrollamos, podemos cobrar un servicio a los clientes por diseñar manualmente esas webs. Esto no sólo nos proporcionará ingresos para seguir creando el producto inicial, sino que nos ayudará a entender mejor las necesidades reales y contexto de los clientes", ilustra Megías.

Desde un punto de vista tradicional, poner en manos de un cliente un producto 'a medias' o en fase de desarrollo siempre se ha considerado un sacrilegio. Alberto Blanco, sin embargo, recuerda que las metodologías ágiles han cambiado esa concepción. "En un marco de trabajo ágil es más fácil ver el valor que genera un producto cuando, de forma continua e incremental, se van entregando diferentes partes del mismo. Porque esa parte que se entrega terminada ya está generando valor para el cliente y, además, permite detectar y descartar aquellos elementos del producto que no aportan".

La participación activa del cliente en el proceso es, de hecho, una de las claves de los negocios ágiles. ¿Cómo se logra enrolarlos a la causa? "El paso más importante para sacar un negocio adelante con pocos recursos es tener claro a qué tipo de cliente quieres atraer", sostiene Jesús de Álvaro, socio director de Hispalabs. Según este emprendedor, el ingrediente principal no tiene mucho secreto: hablar con ellos. "Conocer e interesarte por la realidad de tus clientes es la mejor inversión de tiempo que puedes hacer como empresario. Preguntar y escuchar no solo es la mejor forma de seguir mejorando, también es la mejor manera de adelantarse a sus necesidades e identificar tendencias".

Adiós al emprendimiento deluxe: las oficinas caras y los discursos grandilocuentes están pasados de moda

Hace unos años, tener como sede un par de puestos en un centro de co-working era un signo de precariedad. Hoy las cosas se ven de un modo diferente. "Ahora los clientes son más sensibles al valor que puede tener para una empresa ser parte de una comunidad emprendedora con diversidad de talentos", comenta Alberto Blanco. Es más, continúa "a veces, la endogamia que se vive en muchas oficinas corporativas hace que para muchos directivos visitar un coworking sea una forma de respirar aire fresco".

El emprendimiento de oficinas caras y discursos grandilocuente está de capa caída. "Lo de crear una fachada de fuegos artificiales ya no funciona porque el cliente sabe tanto o más que tú de tu negocio, y, sobre todo, de cómo resolver sus problemas", argumenta Jesús de Álvaro. Javier Megias opina que lo que más impresiona a los clientes hoy es "un gran producto fácil y cómodo de usar, una atención ágil y de calidad, unos precios atractivos y unas referencias creíbles". Y lo mismo aplica a los inversores, a los que "no deberían impresionar tanto las oficinas como la visión, métricas y capacidad de hacer crecer el negocio de los emprendedores", añade.

La historia empresarial está repleta de compañías que nacieron en un humilde garaje. El bootstraping recupera la tradición de arrancar con lo justo e indispensable. Pero, ojo, avisa Megias, modesto no quiere decir cutre. "Existe la falsa concepción de que el bootstrapping es hacer algo barato y mal, pero nada más lejos de la realidad. Se trata de entender que hay más de una forma de construir un proyecto de emprendimiento, y que no todos pasan por contar con inversores externos. Una startup con un producto mediocre y sin apenas clientes pero que ha levantado dinero es una startup que va a tener un certificado de defunción muy caro".

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