Empresas y finanzas

¡Maldita rutina! Las actividades repetitivas afectan a la motivación de los profesionales

  • Los automatismos son atajos que ayudan al cerebro a responder a los desafíos

"¿Qué harías si estuvieses anclado en un lugar y todos los días fueran iguales sin importar lo que hicieras?" Esta línea de diálogo de Atrapado en el tiempo, la genial comedia en la que Bill Murray revive una y otra vez el mismo día ("el Día de la Marmota") en el calendario, resume a la perfección la sensación que experimentan muchos profesionales cada mañana cuando se levantan para ir a trabajar. Atenazados por una dinámica repetitiva y sin aparentes alicientes que les hace caer en el hastío y el desánimo. ¿Cómo luchar contra el aplastante peso de la rutina?

Pero antes de juzgar y condenar sin miramientos a la rutina, conviene escuchar los alegatos en su defensa. Antonio Pamos, CEO de Facthum Spain, recuerda que, a pesar de su mala fama, la rutina es un mecanismo de adaptación natural que facilita que el ser humano dé respuesta a todas las demandas del entorno.

"Nuestro cerebro busca permanentemente automatismos porque son estos atajos los que le permiten dedicar energía a otros estímulos nuevos o más inestables". En otras palabras, "la rutina es nuestra aliada", concluye. Carlos Herreros, especialista en neurociencia aplicada a las organizaciones, coincide en la reivindicación de la denostada fuerza de la costumbre. "Imaginemos, por ejemplo, lo que supondría que cada mañana tuviéramos que aprender a vestirnos o a descubrir dónde está nuestro lugar de trabajo".

De acuerdo. Hacer las mismas cosas, día tras día y durante mucho tiempo, tal vez resulte cómodo para el cerebro humano, pero también puede ser una fuente de insatisfacción para su propietario. "Estrés, abulia, desinterés, sentimiento de indefensión o pérdida de motivación son algunos de los síntomas asociados al aburrimiento laboral", enumera Herreros. Y es que, concede Antonio Pamos, "lidiar con contenidos repetitivos, tediosos y sin estímulo genera un estado de habituación que no todos llevamos igual".

Novelista, actor, astronauta, trapecista, espía, corresponsal de guerra… Todas las profesiones acaban cargando, en mayor o menor medida, con su dosis de 'más de lo mismo'. "Hay rutinas que resultan tediosas a la fuerza porque consisten en repeticiones de procesos", explica Guillem Recolons, socio director de Soymimarca. Y aunque la tecnología puede hacer más llevaderas muchas de ellas (trabajo administrativo, 'picar' datos, etc.), un cierto grado de aburrimiento en el trabajo es prácticamente inevitable.

"Actividad estimulante y con propósito. Por desgracia, aun no hemos alcanzado el punto en el que las empresas empiecen a considerar esos dos factores para aumentar la motivación de sus trabajadores"

Y, además, apunta Recolons, tampoco es el fin del mundo. "Lo que sería trágico es aburrirse siempre en el trabajo. De todas formas, yo no pienso que el trabajo esté concebido para divertirse, sino para ser una actividad estimulante y con propósito. Por desgracia, aun no hemos alcanzado el punto en el que las empresas empiecen a considerar esos dos factores para aumentar la motivación de sus trabajadores", lamenta.

En realidad, todo es cuestión de percepción. Sí, de acuerdo, hay trabajos (quién no recuerda la desquiciante cadena de montaje de Chaplin en Tiempos Modernos) que por su naturaleza se apoyan mucho en la repetición. Pero ¿quién no las tiene? "Lo de 'aburrido' o no 'aburrido' es una apreciación subjetiva que depende más de la persona que lo juzga que de la actividad en sí", opina Antonio Pamos. Y a veces, tercia Carlos Herreros, esa apreciación es engañosa. Porque "aunque la apariencia pueda hacer pensar que hacemos las mismas cosas, en realidad siempre son diferentes, ya que trabajamos o servimos a personas distintas que van cambiando a lo largo del tiempo", argumenta.

De 'más de lo mismo' a 'más y mejor'

"Cambiar de perspectiva o de actividades dentro tu puesto de trabajo es una forma fantástica de rebelarse contra la rutina", asegura Carmen López, CEO de Business Psychology. Y en ese tránsito continúa esta psicóloga, "cada profesional es responsable de buscar y encontrar sus propios desafíos". Y ya que nos vemos obligados a hacer lo mismo todos los días, ¿por qué no tratar de encontrar nuevas formas de hacerlo o intentar hacerlo mejor que nadie? "Tu trabajo se compone de diferentes tareas; puedes intentar añadirles elementos que supongan un estímulo y un aprendizaje para ti!, aconseja López.

Solo hay una condición: que esa milla extra suponga un valor añadido para la empresa. "Por ejemplo, si eres delineante de un despacho de arquitectura y estás cansado de hacer líneas, puedes aprender a crear imágenes realistas tridimensionales. Es algo nuevo y emocionante, y probablemente tu jefe estará encantado de contar con ese nuevo talento tuyo en la empresa. Es posible que incluso acabes dejando de trazar líneas y hagas imágenes realistas de edificios la mayoría del tiempo", ilustra Carmen López.

La empresa puede ayudar. Guillem Recolons señala que, paradójicamente, una forma de vencer a la rutina es "incorporando nuevas rutinas". Entre las medidas corporativas que propone este especialista, figuran las rotaciones por distintos puestos o departamentos, huir de la hiper-especialización o establecer "un sistema de innovación abierta que permita a los colaboradores importar y exportar métodos de empresas externas para mejorar e innovar constantemente".

La importancia del propósito

Otra vía para cambiar esa perspectiva consiste en dejar de mirarse permanentemente hacia el ombligo y empezar contemplar el trabajo propio a través de los ojos de los demás. "Piensa en lo importante que tu labor es para otras personas: tus compañeros, tus clientes, tu comunidad o el mundo", recomienda Carmen López. Una visión que entronca con un concepto muy de moda en los últimos tiempos en el discurso empresarial: la búsqueda del propósito. "Es un gran momento para que las organizaciones se hagan preguntas como ¿por qué existimos?, ¿por qué estamos aquí? o ¿qué necesidades tenemos que satisfacer?", propone Carlos Herreros.

La idea que subyace es que el hecho de trabajar para una compañía que tiene un propósito claro, noble, social y que, además, se alinea con los intereses y la visión del mundo de sus empleados, es ya por si solo un poderoso antídoto contra el descontento. La embriagante sensación de que, resume Carmen López, "tú ya no trabajas para ti, sino que eres parte de algo más grande y que lo que haces impacta y mejora la vida de otras personas".

¿Y si eso no funciona? Al fin y al cabo, no todas las empresas han nacido para salvar al mundo. Si ese es el caso, no hay que desesperar. Hay otras formas de derrotar a la rutina. Una, claro, sería marcharse, buscar otro trabajo. Aunque, insiste Guillem Recolons, hay otras alternativas menos drásticas e igual de efectivas. "Siempre cabe la posibilidad de incorporar nuevos elementos de método, alternar trabajo presencial con tele-trabajo, cambiar de equipo, pedir traslados a otros departamentos u otras sucursales… Creatividad al poder".

Para creatividad la de los protagonistas de esta anécdota que relata Antonio Pamos: "Una parte del trabajo de los trabajadores del departamento de calidad de una empresa de patatas fritas consistía en revisar visualmente cada una de las patatas para asegurarse de que no estuvieran rotas o mal encajadas. Cada día y durante horas cientos y cientos de ellas pasaban por delante de sus ojos para ese examen. Un día se les ocurrió la idea de jugar a buscar formas caprichosas en estas patatas, como se hace con las nubes en el cielo. Así consiguieron aportar un cierto elemento de evasión a su aburrida tarea".

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