Empleo

La reforma laboral recorta en 9 días la duración media de los contratos temporales

  • Suben los contratos de entre una y dos semanas de duración, pese al castigo en sus cotizaciones
  • Los cambios para limitar la rotación de los contratos temporales han tenido un efecto desigual
  • En mayo se firmaron un 21% menos de contratos que antes de la pandemia

La duración de los contratos temporales firmados en mayo se situó en los 43,3 días de media, frente a los 52,71 días registrados en el mismo mes de hace un año. Un 'retroceso' de 9,4 días que se explica por dos factores: el primero es el auge de la contratación indefinida tras la reforma laboral. El segundo, el desigual impacto de los cambios que esta norma introdujo para penalizar el uso de los contratos de más corta duración.

Las estadísticas del Servicio Público de Empleo Estatal no reflejan la duración de los contratos indefinidos, al no ser no ser, técnicamente, 'de duración determinada'. Pero su impacto se presupone positivo al absorber muchos empleos procedentes de la contratación indefinida.

La reactivación de la economía tras dos años marcados por la pandemia permitió firmar 1,6 millones de contratos en el pasado mes, un 6,17% más que hace un año. El 44% fueron contratos indefinidos, que registraron 730.420 nuevas firmas, un 367% más que en mayo de 2021.

Sin embargo, su aumento se ha visto contrarrestado por el descenso de los temporales, especialmente los de duración indeterminada, que solo registraron 122.122 nuevos contratos, un 78% menos que hace un año.

Este descenso se explica porque en esta categoría entran la mayoría de los contratos por obra y servicio, suprimidos con la reforma laboral (aunque aún sigue vigente un buen número por el periodo de gracia que se concedió entre enero y marzo).

En el resto de modalidades el comportamiento fue desigual. Aunque las modalidades de menor duración también se registraron descensos, estos fueron de menor intensidad. Y algunos, como los que duran entre una y dos semanas, llegaron a crecer un 20,92%.

Lo cual no deja de ser llamativo porque la reforma laboral incluyó una penalización a los contratos de menos de 30 días, triplicando su cotización. Una penalización que podría alcanzar los 26 euros en los contratos inferiores a 10 días. 

Así las cosas, el trasvase de la contratación temporal a la indefinida parece haberse limitado ante todo a los contratos por obra y servicio, muchos de ellos convertidos en fijos discontinuos. De estos últimos, por cierto, tampoco se señala la duración de los periodos de actividad.

Un millón de contratos menos que antes de la pandemia

En el análisis hay que tener en cuenta el contexto económico en el que entra en vigor la reforma laboral. Y es que el comportamiento de la contratación adquiere un cariz muy diferente si lo comparamos con 2019, el año anterior a la pandemia.

La cifra de contratos firmados en mayo sigue en 435.146, (un 20,9%)  por debajo de los firmados en el mismo mes de 2019.

Por el contrario, aquí sí se registra un descenso generalizado en todas las duraciones de contratos salvo en la indefinida, que sumó 546.266 sobre los firmados hace tres años, un 296% más. Y, de nuevo, en los contratos de entre 7 y 14 días, que aumentaron un 3%. 

Esto no implica necesariamente un enfriamiento de la contratación, ya que al haber más contratos fijos la rotación, supuestamente, se reduce. Es decir, se firman menos temporales. De hecho, el número de contratos firmados por cada trabajador se situó en 1,26, frente a los 1,33 de hace un año y a los 1,44 de mayo de 2019.    

Sin embargo, la duración de los contratos temporales que se firman es también menor que hace tres años, cuando se situaba en 47,35 días.  

Penalización insuficiente a los contratos

¿A qué se debe esto? Una explicación está en los cambios en la contratación, más allá del fomento de los indefinidos. Porque el objetivo de la reforma  no era solo firmar menos contratos temporales, sino que los que se firman (que aún suponen el 56% del total) fueran también de mejor calidad.  

Por ello, aparte de la supresión de los temporales por obra y servicio, se modifican las condiciones de la mayoría de las modalidades de duración determinada, penalizando aquellas de menor duración e introduciendo algunas nuevas, como las vinculadas a los fondos europeos. 

Sin embargo, su efecto ha sido desigual a la hora de modificar la duración media de los contratos, que oscila entre los casi 1.000 días de las sustituciones por jubilación y los 34,9 de los de circunstancias de la producción. 

Esta evolución suscita dudas sobre la eficacia de la reforma laboral a la hora de frenar la rotación laboral. Aunque los resultados parecen son positivos en términos de firmas de contratos indefinidos, el consenso de los analistas señala que los datos son aún insuficientes para emitir un diagnóstico. 

En una economía tan marcada por la estacionalidad como la española, y en el arranque de la temporada veraniega, la pregunta es si su impacto ha tocado techo.

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