Empleo

España lidera la Gran Rotación del empleo en Europa, pese a la reforma laboral

  • Los recién ocupados suponen el 6,6% pero los que pierden su empleo llegan 5,1%
  • Nuestro país suma trabajadores como los países nórdicos y los expulsa como los de Europa del Este
  • Cada trabajador firma 1,26 contratos al mes
Joven sale de una oficina del SEPE. EP

Mientras buena parte de los expertos en empleo siguen siguen discutiendo si ha llegado a España el fenómeno de la Gran Dimisión, el verdadero problema del mercado laboral sigue estando en la entrada y salida de trabajadores de la ocupación a un ritmo masivo que lastra la creación real de empleo. Una Gran Rotación sin comparación con la del resto de países de la Unión Europea.

La estabilidad real del empleo es, seguramente, la más importante de las muchas asignaturas pendientes de España. Y condiciona la capacidad de nuestro mercado de trabajo para adaptarse a los vaivenes del ciclo económico. Por ello los análisis deben mirar más allá de la proporción entre contratos temporales e indefinidos firmados cada mes.

En este sentido, una estadística que ha cobrado especial relevancia para la Oficina Europea de Estadísticas (Eurostat) es la que estima la rotación de trabajadores que acaban de encontrar un empleo y de perderlo.

Y España se sitúa a la cabeza de la Unión Europea en ambas categorías.

Según sus estimaciones, los recién incorporados a un nuevo trabajo equivalen al 6,7% del total de los ocupados en nuestro país a cierre de 2021. Una cifra similar a la de Dinamarca y solo superada por Finlandia, donde se llegó al 7,7%.

Pero a la vez, el número de personas que acaban de perder su empleo llegó al 5,6%, una cifra muy superior a la del resto de países europeos. El único que se acerca es Letonia, donde se quedó en el 4,1%.

En el arranque de 2022, pese a las crecientes incertidumbres sobre la evolución de la economía, el empleo en Europa ha mantenido un cierto dinamismo, incluso con tensiones crecientes motivadas por la falta de mano de obra en varios países.

Esto hace intuir que los datos del primer trimestre mantendrán la tendencia de rotación apuntada en el pasado año, tal y como apuntan los datos anticipados por Eurostat para algunos países, entre ellos España.

En lo que se refiere a nuestro país, el factor diferencial ha sido la entrada en vigor de la reforma laboral, que restringe la firma de contratos temporales y penaliza especialmente los de muy corta duración.

Sin embargo, su impacto no parece haberse traducido aún en una mejora sustancial en la rotación. El 6,7% de los trabajadores se habían incorporado en un tiempo tres meses pero un 5,1% acaban de perderlo. 

Lo que el análisis de la evolución en estos años nos revela es que hasta 2014 la tasa de nuevas entradas a la ocupación fue superior a la de las salidas. A partir de ahí, con la excepción del segundo trimestre de 2020, es cuando las personas que acababan de dejar su empleo se dispararon al 9% y los recién ocupados cayeron al 3,8%

Los límites de las estadísticas

Precisamente la volatilidad registrada en la primera ola de la Covid 19 fue la que hizo que este tipo de estadísticas cobraran un gran interés, ante la dificultad para las métricas convencionales (como las de la Encuesta de Población Activa) de reflejar el impacto de los confinamientos, restricciones y medidas extraordinarias como los Ertes. 

Aunque su metodología es diferente a la que sigue el Instituto Nacional de Estadística, sigue siendo de interés para analizar estas fluctuaciones en el entorno europeo. Sobre todo porque los análisis sobre la eficacia de la reforma laboral son poco concluyentes.  

Análisis como la comparación entre los contratos firmados y los afiliados dados de alta son arriesgados e introducen un alto grado de distorsión al comparar estadísticas elaboradas de manera muy diferente.  

La incógnita de la contratación

La duración media de los contratos firmada hasta abril en todo el año se situaba en 54,68 días, una mejoría de 2,7 días frente a los 51,95 registrados en el mismo periodo de 2019. Pero la explicación está en la fuerte penalización introducida a los contratos de muy corta duración (menos de 7 días), que pasaron de 1,8 millones en el primer cuatrimestre de 2019 a solo 1,1 en este año.    

Sin embargo, este indicador solo cuenta la duración de los  temporales, no la de los indefinidos –que por su propia definición no tienen una duración determinada–. Eso deja sin capacidad de analizar la rotación real de los contratos, especialmente tras el impulso de los fijos discontinuos.     

Lo que sabemos a ciencia cierta, con los datos comparables del Servicio Público de Empleo Estatal, es que el número de contratos que firma cada trabajador se ha estabilizado en torno a los 1,26 contratos, un porcentaje dos décimas inferior al registrado antes de la reforma laboral.

Este comportamiento está en línea con las previsiones del Gobierno. Se percibe un leve pero sorprendente incremento en caso de los indefinidos, que pasan de tener que firmar 1,01 a 1,05 contratos de media, mientras los temporales pasaron de 1,4 a 1,3 contratos por persona. 

Una mejora aún insuficiente para rebajar los abultados niveles de rotación del empleo que recoge Eurostat.

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