Economía

Europa lamenta la falta de propuestas británicas ante los días clave del Brexit

  • El proceso está en manos del asesor legal del Gobierno
El negociador jefe de la Unión Europea, Michel Barnier. Foto: Efe.
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La cuenta atrás para desbloquear el Brexit afronta su semana más crucial sin que Reino Unido haya presentado una propuesta realista para romper la parálisis impuesta por la oposición a la salvaguarda irlandesa que domina al norte del Canal de la Mancha. El negociador jefe de la Unión Europea, Michel Barnier, informó el viernes a los embajadores de los Veintisiete de que la delegación británica sigue insistiendo en las dos propuestas reiteradamente descartadas en Bruselas, en lugar de plantear una solución aceptable en el continente y capaz de superar el corte de Westminster.

La gravitación de Londres en torno a la introducción de un límite temporal, o de un mecanismo unilateral de salida, no hace más que aumentar el riesgo de un divorcio no pactado, incluso si el Parlamento británico autoriza una prórroga de la ruptura. Theresa May ha prometido consultar a la Cámara de los Comunes al respecto, si su acuerdo es rechazado el 12 de marzo, cuando está prevista la segunda y supuestamente definitiva votación, tras la sonora derrota de su plan en enero.

Como consecuencia, la concesión de la primera ministra a los moderados, la primera hasta ahora, no limita la amenaza de un Brexit caótico, tan solo la demora, especialmente ante la falta de ideas evidenciada en los encuentros de los últimos días en Bruselas, saldados, según Barnier, "sin progresos sustanciales". De ahí que la semana entrante constituya ineludiblemente el todo o nada para un proceso que, tras casi dos años de negociación, tiene todas sus esperanzas depositadas en el Fiscal General del Estado británico.

Como asesor legal del Gobierno, Geoffrey Cox está obligado a encontrar una garantía legal que certifique que la controvertida salvaguarda no sería permanente. En el Número 10 preferirían que la solución llegase más pronto que tarde, para ahorrarse agotar los plazos y colar la votación la próxima semana. May habría asumido ya la inevitabilidad de extender el artículo 50, incluso si su acuerdo resultase aprobado, dada la sobrecarga legislativa pendiente, y así se lo habría transmitido ya al presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk.

Las probabilidades de que el plan reciba luz verde en Westminster son reducidas, pero no imposibles. Algunos de los eurófobos más recalcitrantes han evidenciado una cierta flexibilidad, como también los unionistas norirlandeses, de quienes la premier depende para gobernar. Ya sea por la claudicación de May ante el bastión pro-UE, o por el riesgo de un segundo referéndum, mayor desde que cuenta con el apoyo laborista, tanto el núcleo duro conservador, como el DUP, han comenzado a facilitar el trabajo del Fiscal General. La próxima semana, Cox regresa a Bruselas con el ministro del Brexit con la tranquilidad de que muchos euroescépticos ya no exigirían la eliminación de la salvaguarda y se conformarían con el "códice" en revisión.

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