Economía

Un año de la victoria electoral de Donald Trump: el repunte económico templa sus amenazas

  • La reforma fiscal y el pacto con Canadá y México encaran arduos caminos
  • Trump recurre a tuits incendiarios y hace gala de su falta de tacto

Hoy se cumple el primer aniversario desde que los estadounidenses conocieran la rocambolesca victoria del actual presidente Donald Trump. Un resultado que 365 días después sitúa al país en un próspero momento económico pero una profunda división social. "La economía crece ligeramente por encima de su potencial", señala Jay Hatzius, economista jefe de Goldman Sachs.

El PIB de la primera potencia encadena ya dos trimestres en el 3%, algo que no ocurría desde 2014, y la Fed de Atlanta estima que EEUU podría despedir el año con un avance del 3,3%. Una realidad avalada por la confianza de los ciudadanos, que se situó cerca de máximos de los últimos 17 años. También ayuda el hecho de que el S&P 500 acumule una rentabilidad de más del 20% o que el Dow Jones cruce ya los 23.500 puntos. Mientras tanto, la tasa de paro se sitúa en mínimos no vistos desde el año 2000.

"El S&P 500 acumula una rentabilidad del 21% en el primer año de Trump, la tercera mayor subida de la historia desde la II Guerra Mundial; sólo el presidente John Fitzgerald Kennedy y George H.W. Bush superan este hito con el 27 y el 22,2% respectivamente", resalta Sam Stovall, estratega jefe de CFRA Research.

Parte de esta euforia es respaldada por la promesa de una reforma tributaria, con recortes de impuestos de alrededor de 1,5 billones de dólares donde se incluye una rebaja del Impuesto de Sociedades de 15 puntos que en estos momentos se debate en el Capitolio. Pero la propuesta todavía enfrenta un arduo camino.

Los republicanos en el Senado tienen previsto presentar su proyecto mañana jueves y algunos consideran que las rencillas internas a la hora de aunar iniciativas pueden provocar un descarrilamiento del plan como el ocurrido con la intención por derogar y reemplazar el Obamacare. Desde Goldman Sachs sólo ven un 65% de probabilidades de que el proyecto de ley sea aprobado en el primer trimestre de 2018 y su estratega jefe, David Kostin, avisa que "es probable que Sociedades acabe por reducirse al 25 y no al 20%".

Protagonistas de varias salidas de tono

En este contexto, donde el efecto Trump ha formado parte de una serie de factores más amplios, como el repunte coordinado de la economía global, el inquilino de la Casa Blanca ha brindado una retahíla de declaraciones polémicas, salidas de tono y tuits incendiarios que han hundido su aprobación hasta el 34%, según el sondeo más reciente del Pew Research Center.

Aún así, algunos de los que votaron por el controvertido candidato no se arrepienten de su decisión. "Está intentando bajar el Impuesto de Sociedades", defiende James S., emprendedor de 33 años de Brooklyn. "Lleva en la Casa Blanca menos de un año y el mundo no se ha acabado mientras los demócratas no cuentan con un candidato capaz de plantarle cara", añade. Por su parte, Joe R., consultor de 43 años residente en Nueva York, coincide en resaltar "que nadie puede decir que se ha destruido América".

"Ha hecho mejor trabajo de lo que anticipaba; por fin tenemos un presidente por y para América", añade. Pero no todos los votantes neoyorquinos de Trump lo tienen tan claro como hace un año. Kimberly D., relaciones públicas de 29 años, asegura que "definitivamente, no le reelegiría; aunque es pronto para evaluar su mandato".

Es cierto, como apuntan algunos de sus votantes, que la Administración del republicano, cuyo caos interno sólo comenzó a minimizarse tras el nombramiento del general John Kelly como jefe de Gabinete y la salida de figuras polémicas como su predecesor Reince Priebus o quien fuera estratega jefe, Steve Bannon, no ha materializado algunas de sus más fervientes propuestas electorales.

El Departamento del Tesoro, liderado por Steven Mnuchin, no ha tildado a China ni a ningún otro país como un manipulador de su divisa, Trump ha subrayado el compromiso de su país con el artículo 5 de la carta de la Alianza Atlántica, aunque incide en la necesidad de que sus miembros gasten en Defensa el 2% de su PIB, y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) todavía no se ha desintegrado, aunque las negociaciones se muestran complicadas. Al mismo tiempo, el Congreso aún no ha financiado el controvertido muro con México.

Falto de desatinos y profundas controversias

El primer año de la era Trump no ha estado falto de desatinos y profundas controversias -demasiadas, para algunos- a golpe de decretos. Con aquel lúgubre y arisco discurso de inauguración el pasado 20 de enero, donde habló de la necesidad de acabar con la "carnicería americana", el mandatario sentó el tono de su joven Gobierno.

Una de las primeras decisiones de Trump como presidente fue la de retirar al país del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, lo que anticipó las arduas negociaciones que caracterizan la revisión del TLCAN con México y Canadá. También dejó boquiabierta a la comunidad internacional con su anuncio del pasado 1 de junio, cuando decidió retirar a EEUU del Acuerdo Climático de París, haciendo oídos sordos a los argumentos de grupos ecologistas y otros líderes extranjeros.

Por sorpresa, el pasado 27 de enero, Trump volvió a hacer gala de su impredecibilidad al firmar una orden ejecutiva que imponía un veto de 90 días a inmigrantes procedentes de siete países de mayoría musulmana y una prohibición de 120 días para la entrada de refugiados. El decreto fue rápidamente bloqueado en un tribunal, al igual que una versión modificada emitida en marzo que eliminó a Iraq de la lista de países seleccionados.

La tercera versión de esta prohibición, que incluyó a los ciudadanos procedentes de Corea del Norte y algunos funcionarios del Gobierno venezolano, debería haber entrado en vigor a mediados de octubre, pero, una vez más, los jueces intervinieron para bloquearlo. El hecho de que el sistema judicial haya frenado algunos de estos planes ha enervado al presidente, quien ha criticado abiertamente a los jueces, como quedó patente la semana pasada tras el atentado terrorista en Manhattan que se cobró la vida de ocho personas.

"Necesitamos una justicia rápida y necesitamos una justicia fuerte, mucho más rápida y mucho más fuerte que la que tenemos ahora porque lo que tenemos ahora es una broma y es un hazmerreír", sentenció Trump en un tuit. Este pulso no evitó que el nominado por el republicano al Tribunal Supremo, Neil Gorsuch, fuera confirmado por el Senado el pasado mes de abril.

Falta de tacto diplomático

En el escenario geopolítico, el presidente ha demostrado su falta de tacto diplomático, especialmente con su enfrentamiento de palabras con Kim Jong-un, al que calificó como "el pequeño hombre cohete". Trump no ha descartado hacer uso de la fuerza militar ante las amenazas y pruebas de Pyongyang, presionando a China para frenar sus relaciones con el régimen norcoreano. Aún así, ayer desde Seúl, Trump afirmó que ve "ciertos movimientos" hacia un posible diálogo con Corea del Norte.

En casa, eventos como el enfrentamiento en Charlottesville entre supremacistas y contramanifestantes provocaron que Trump se viera obligado a disolver dos importantes consejos de empresarios asesores de la Casa Blanca en medio de las críticas de los directivos a sus declaraciones sobre lo ocurrido.

Pero quizás una de las decisiones más trascendentales de su presidencia fue el abrupto despido del director del FBI, James Comey, el pasado 9 de mayo, quien investigaba si la campaña de Trump mantuvo relaciones con Rusia en un esfuerzo por derrotar a Hillary Clinton. La estrategia del mandatario fracasó ya que la salida de Comey hizo que el Departamento de Justicia nombrase a un fiscal independiente, Robert Mueller, para liderar la investigación.

La semana pasada, Mueller dio a conocer sus primeros imputados entre los que destacaron el exjefe de campaña de Trump, Paul Manafort, y uno de sus socios, Rick Gates. Ahora las miras apuntan a que Michael Flynn, el malogrado exdirector del Consejo de Seguridad Nacional del presidente, será el próximo objetivo del fiscal.

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