Economía

Japón entra en una nueva era económica: la revolución de los salarios, la Fed y el yen rompen las tres décadas malditas

  • Los salarios viven el mayor repunte desde 1993 tras tres décadas estancados
  • La era de la baja inflación y de los tipos de interés negativos se ha evaporado
  • Pero otros grandes desafíos siguen latentes en especial la deuda y la demografía
Templo en Tokio. Foto: Dreamstime
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La realidad de Japón ha dado un giro radical. Tras tres años de estancamiento y una clara contracción económica desde finales de 2023, los expertos ven una esperanza de una verdadera reactivación. Los analistas miran de este modo a su selectivo, el Nikkei, como una primera alerta de que el país se acerca a una nueva era. El principal índice del país ha llegado a máximos históricos repetidamente en las últimas dos semanas, a medida que las acciones de todo tipo, aunque particularmente las tecnológicas, han logrado algo más allá de lograr que supere sus mejores cifras. En lo que va de año el Nikkei se ha revalorizado un 24,5%, solo le han superado las bolsas de Argentina y Turquía, fuertemente afectadas por la inflación de sus mercados y la de Taiwan, totalmente 'on fire' por la demanda de chips disparada, su principal sector. Aunque las subidas de la bolsa Tokio han sido también apoyadas por una inflación al alza y un yen desmoronándose un 12% frente al dólar, quitando el efecto del tipo de cambio sigue superando a los índices del Viejo Continente y de EEUU.

Para los expertos de Morgan Stanley, estas cifras no se deben a una coyuntura de mercado concreta, sino que hablan de un cambio radical en Japón. "Las acciones niponas se benefician de un círculo virtuoso (en la economía) que se traslada en una creciente rentabilidad del capital, fuerte crecimiento de las ganancias y valoraciones más altas en relación con esos beneficios". Además, la firma defiende que "el rendimiento del capital para las acciones japonesas alcanzará el 12% para finales de 2025, frente al 10% actual". En resumen, esperan que un cambio de ciclo abra las puertas a un periodo de mayor rentabilidad, convirtiendo su renta variable en una de las que ofrezcan un potencial más sólido.

Pero, ¿qué ha cambiado en Japón para que esto sea posible? Hasta ahora, el país ha estado atrapado en una espiral de estancamiento económico desde los años noventa, cuando explotó la burbuja inmobiliaria y financiera que precedió a una enorme crisis que ha afectado a la nación hasta el día de hoy. Desde entonces ha ido enlazando bajo crecimiento con una inflación casi nula o incluso deflación, con un bajo consumo y un declive demográfico cada vez más acentuado que asediado cada vez más a la economía asiática. Lo que ahora celebra la bolsa es un regreso de la inflación, gracias al repunte de los precios que se ha producido en todo el mundo en los últimos años, que ha venido acompañado de incrementos en los salarios de los trabajadores.

"La inflación moderada y el mejor período de crecimiento económico nominal desde el colapso de su burbuja de activos a principios de los años 1990 están ayudando a marcar el comienzo de un cambio generacional en la economía y los mercados de Japón", afirma el economista jefe de Morgan Stanley para Japón, Takeshi Yamaguchi. "Los grandes empleadores han dejado de lado lo que solía ser una práctica bien establecida de no aumentar los salarios ni los precios, iniciando un ciclo positivo de aumentos en ambos".

Desde Geopolitical Intelligence Services (GIS) defienden que la bonanza del mercado habla precisamente de que esa era parece haber terminado. "Después de 30 años de estancamiento, el alza del mercado bursátil de Japón apunta a una posible reactivación económica".

En cualquier caso, los expertos no apuntan a un despegue acelerado de la economía japonesa. De hecho, el Banco Mundial espera que Japón reduzca su crecimiento al 0,7% desde el 0,9% de 2023, para rebotar un 1% en 2025. En cualquier caso, esto supone una importante remontada tras caer medio punto en el primer trimestre de este año. Algo similar ven en las previsiones de OCDE, que solo ofrecen un crecimiento anual del 0,5%, mientras que el FMI apuesta por un 0,9%. Sin embargo, el crecimiento económico nominal, el dato que ha sorprendido a los mercados (que refleja los incrementos de precios), refleja cómo por primera vez en 46 años el PIB nominal de Japón ha superado al de China, situándose en el 5,7%.

En ese sentido, los analistas están advirtiendo de que, desde Tokio, están abriendo las puertas a deshacerse de sus grandes lastres económicos para liberarse y poder avanzar durante las próximas décadas de forma totalmente distinta a lo que hemos visto ahora. Además, el contexto de los bancos centrales a nivel mundial con su histórico giro tras años de políticas ultralaxas también apunta en esa dirección. Aunque el principal asunto que parece despejarse es la maldición de los salarios.

La maldición de los salarios se ha roto

"La inflación moderada y el mejor período de crecimiento económico nominal desde el colapso de su burbuja de activos a principios de los años 1990 están ayudando a marcar el comienzo de un cambio generacional en la economía y los mercados de Japón", afirma el economista jefe de Morgan Stanley para Japón, Takeshi Yamaguchi. "Los grandes empleadores han dejado de lado lo que solía ser una práctica bien establecida de no aumentar los salarios ni los precios, iniciando un ciclo positivo de aumentos en ambos".

El principal elemento que ha cambiado esta realidad es el enorme acuerdo que han logrado los sindicatos del país para 2024. Las empresas más grandes han acordado un alza salarial del 5,28% para este año, la mayor subida en 33 años. Los expertos esperan que el conjunto de la economía siga el mismo camino. "Estimamos que los aumentos salariales de este año podrían alcanzar el 5,3%. Si eso se hace realidad, los salarios reales pasarían a ser positivos en abril-junio de 2024", dijo Moe Nakahama, economista del Instituto de Investigación Económica Itochu.

Con los datos oficiales ya en la mano por parte del Banco de Japón, los trabajadores del país han visto su salario base aumentar un 2,5% en mayo, siendo la mayor subida mensual en más de 31 años. "Los datos ponen de relieve el creciente dinamismo de los salarios en Japón. Aunque los salarios reales siguen cayendo, es probable que empiecen a subir en julio", dijo Yoshimasa Maruyama, economista jefe de mercado de SMBC Nikko Securities.

Esto supone una ruptura total con cerca de tres décadas en las que el estancamiento de sectores productivos claves ha provocado que apenas crezcan las remuneraciones. De hecho, desde 1991 países como Corea del Sur o Singapur han superado a la nación del sol naciente en este apartado. Según datos de la OCDE, el salario medio de Japón estaba en los 43.060 dólares en el año 2000 y para 2023 apenas se había movido hasta los 42.000 dólares en Paridad del Poder Adquisitivo (PPP), es decir, el parámetro que mide la capacidad económica para comprar bienes y servicios en base a cada moneda. Esto contrasta marcadamente con casos como EEUU que ha pasado de 60.000 a 77.000 dólares en ese periodo de tiempo.

"En resumen, hay escasez de mano de obra en sectores en los que es difícil aumentar los salarios, y un número cada vez mayor de empleados trabaja sin aumentos salariales. En otras palabras, Japón tiene una estructura económica y demográfica que dificulta ejercer una presión efectiva para que se aumenten los salarios", explica el profesor Yugami Kazufumi, catedrático en economía y especializado en mercado laboral en la universidad de Kobe.

Desde Deloitte explican que las subidas salariales "han satisfecho los criterios que los investigadores del Centro Japonés de Investigación Económica establecieron para evaluar si surgiría un llamado "círculo virtuoso" de crecimiento salarial e inflación". En concreto, señalaron que "los aumentos del salario base deberían ser mayores que el año pasado, superar la tasa de inflación y superar la tasa de crecimiento del PIB nominal". A pesar del efecto sobre la inflación, los anuncios salariales de este año deberían generar un aumento salarial ajustado a la inflación, que a su vez respaldará el gasto de los consumidores.

Desde Deloitte defienden que, precisamente, fue una disminución del gasto en bienes lo que ha impulsado la contracción del año pasado por lo que el aumento salarial supone la clave. "La menor inflación y el aumento de los salarios deberían revertir la tendencia pronto. La confianza de los consumidores también ha repuntado notablemente".

El giro histórico del banco central y la inflación

La inflación de Japón ha confirmado un cambio de tendencia desde el año 2021. El aumento del coste de la vida ha traspasado fronteras en los últimos años, y ha terminado contagiándose al país asiático, que llevaba más de dos décadas tratando de luchar contra la deflación e intentando sostener el crecimiento de los precios por encima del 0%, un objetivo que no terminaba de alcanzar. El cambio de 2021, que tuvo su cénit en enero de 2023, cuando la inflación tocó en Japón máximos no vistos desde 1981 en el 4,3%, ha llevado al banco central a cambiar por completo su estrategia.

Hasta ahora, el Banco de Japón era el rey de los tipos de interés bajos. Fue el primer banco central del mundo que tuvo el atrevimiento de llevar los tipos de interés al terreno negativo, y también lanzó los primeros programas de compras de deuda para estimular la economía y la inflación. La llegada del incremento de los precios ha cambiado la estrategia del banco central, y en marzo de este año decidió por fin empezar un cambio de era, con la primera subida de tipos desde el año 2007 que supuso el adiós a los tipos de interés negativos, el último banco central del mundo que los tenía todavía implantados.

Respecto al giro del banco central, desde Fitch Ratings han explicado que unos tipos de interés más altos serán beneficiosos para su perfil crediticio y su economía a pesar de la presión que esto pueda suponer sobre su elevada deuda pública. "Las tasas de interés más altas y la inflación son más positivas de lo que la gente piensa", dijo Krisjanis Krustins, director de la agencia. "Una inflación más alta ayuda a reducir el valor de la deuda pendiente y a reducir la relación deuda-producto interno bruto (PIB)", señala.

Además, también podría alentar el cambio de empleo a medida que los trabajadores buscan salarios más altos y alentar a las empresas a pensar más en la eficiencia a largo plazo, dijo. "Libera capital y gente para hacer cosas más productivas", dijo Krustins. "No está claro hasta qué punto eso sucederá, pero es uno de esos efectos secundarios que podrían tener impactos positivos potencialmente bastante grandes en Japón".

En ese sentido desde GMO coinciden en que "la inflación en Japón debe ser un motivo de alegría". El motivo no es solo que el IPC pueda quemar la enorme carga del país más elevado del mundo (263% de su PIB), sino que "podría acabar con la mentalidad deflacionaria de Japón, estimulando el gasto de consumo y la inversión". En definitiva, que un contexto de inflación más alta genere un "círculo virtuoso de inversión corporativa, crecimiento de la productividad, salarios más altos y mayor gasto de consumo resultaría muy poderoso para la economía".

La Fed ayudando y los beneficios de un yen débil

Desde que el yen tocó máximos históricos en octubre de 2011, su cotización no ha parado de caer frente al dólar estadounidense. La divisa americana se ha revalorizado más de un 110% frente a la japonesa en estos últimos 13 años, una tendencia que se ha acelerado con especial fuerza desde el año 2021. El retraso de las bajadas de tipos por parte de la Reserva Federal estadounidense ha generado una presión bajista en el yen especialmente fuerte en los últimos meses, ya que este movimiento de tipos, cuando ocurra, ayudará a reducir las presiones alcistas del dólar.

La divisa japonesa ha llegado a tocar esta semana los 161,5 yenes por dólar, máximos de 1986 y, aunque la caída de la divisa tiene su parte positiva, ya que mejora los ingresos de quienes exportan desde Japón hacia el extranjero, las autoridades están tratando de frenar las caídas. No hay que olvidar que el descenso de la divisa tiene su parte negativa, como el aumento del coste de las importaciones, o la pérdida de poder adquisitivo para un ciudadano japonés que viaje fuera de sus fronteras.

De hecho, si se analizan las subidas de la bolsa japonesa y se comparan con las de otros mercados, como el estadounidense o el europeo, el buen comportamiento del Nikkei en 2024 queda algo empañado: sigue mejorando a sus comparables europeos, sí, pero no así a los estadounidenses, ya que la subida del índice japonés, en dólares, se limita al 9% en el año.

Desde GIS defienden que "la debilidad del yen, que este año alcanzó su nivel más bajo en 34 años, ha provocado que varias de las empresas que cotizan en bolsa en Japón estén infravaloradas. El gobierno japonés y las autoridades monetarias han aceptado una devaluación sustancial de la moneda nacional". Esta decisión se tomó porque un yen débil tiene varias ventajas: "Llena las arcas de las empresas japonesas que producen y venden en el extranjero, hay más dinero disponible para satisfacer a los accionistas y aumenta el atractivo de Japón para los turistas, lo que ayuda a un sector importante de la economía que se había visto gravemente afectado por la pandemia de Covid-19".

Por supuesto, un yen más débil también encarece los bienes importados y conduce a un elevado déficit de cuenta corriente. "Un yen más débil también provoca un repunte inflacionario, pero este se encuentra actualmente en línea con la meta de inflación del gobierno del 2%". En ese sentido, los expertos de la consultora señalan que una mayor inflación importada no es precisamente un gran lastre para una economía que históricamente se ha visto atrapada por la deflación.

Sin embargo, la mejor prueba de que la caída del yen ha llegado ya a niveles preocupantes es que las autoridades no quieren que el yen continúe debilitándose desde los precios actuales. En mayo, el gobierno japonés, a través del ministerio de finanzas, gastó más dinero que nunca en su historia para estabilizar la moneda y evitar un colapso: ese mes, el ministerio de finanzas usó más de 62.000 millones de dólares para sostener a la divisa y evitar que continuase cayendo frente a sus comparables.

En cualquier caso no son todo buenas noticias y de hecho, el cambio de era de Japón está cargado de grandes desafíos, tanto nuevos como heredados. Analistas como los de BNP Paribas hablan de una "recuperación modesta" en el corto plazo con una ralentización del crecimiento. Otro ejemplo es que la envejecida sociedad de Japón sigue enfrentando un serio problema de productividad, con la producción por empleado totalmente estancada en los últimos 5 años. Desde Capital Economics señalan que a pesar de que se está abriendo una nueva era de dinamismo, "hay poca evidencia de una recuperación estructural en la movilidad laboral". El país necesita empresas emergentes que impulsen la productividad pero "no están atrayendo muchos trabajadores" y sigue la vieja "maldición" japonesa, con "la media de trabajadores manteniéndose en su cargo de forma invariable durante 13 años". Queda por ver que deparará esta nueva etapa a la economía de la que fuera la gran potencia económica de Asia.

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