Economía

La reforma laboral ya no da para más y los contratos indefinidos de calidad se quedan en el 18,8%

Foto: EP

Dos años y medio después de la entrada en vigor de la reforma laboral, se confirma que sus efectos han tocado techo. Al menos en lo que se refiere a la creación de empleos de mayor calidad. Solo el 18,8% de los contratos firmados en la primera mitad de año fueron indefinidos a jornada completa, porcentaje que queda por debajo de 24,7% de contratos también indefinidos, pero a tiempo parcial o, sobre todo, fijos discontinuos.

El cambio de reglas en la contratación pactado por el Gobierno, patronal y sindicatos a finales de 2021 ha tenido un impacto inmediato en la estructura de la contratación en España. Los fijos han pasado de suponer el 10,9% de los puestos en el primer semestre de 2021 al 43,4%. Pero este dato engloba puestos de muy diferente 'calidad' que no han crecido al mismo ritmo con la reforma. Así, mientras los indefinidos ordinarios a jornada completa han multiplicado su peso por 2,7 desde un modesto 6,9%, el resto lo han hecho 5,9 veces, desde el 4,2%.

Por su parte, los temporales han pasado de suponer el 88,9% de los contratos en el primer semestre de 2021 al 56,4%. La mejora es innegable, aunque los datos del último año confirman un estancamiento en las tasas de contratación indefinida, que según los datos recopilados hasta junio se mantienen en niveles muy similares a los del año pasado, con independencia del tipo de jornada.

La mejora de la calidad de la contratación se ha trasladado también a la afiliación y a los datos de la Encuesta de Población Activa, que confirman una caída de la tasa de temporalidad (que en su caso se calcula como el porcentaje de ocupados con un contrato eventual) de casi veinte puntos en el sector privado (en el público no se aplica la norma). Pero esta revolución tiene un punto oscuro: la calidad de los contratos indefinidos.

Los indefinidos a jornada completa suponen un 18,8% del total de contratos. Si nos ceñimos a los contratos no eventuales el porcentaje sube, pero, siguen siendo menos de la mitad, un 43,2%, de los firmados en lo que va de año. Los discontinuos se sitúan en el 33,2% y los que se realizan a tiempo parcial un 23,7%.

Aunque estos porcentajes fluctúan enormemente según el mes del año, lo que se aprecia es un estancamiento del peso de los contratos. Así, los datos registrados a lo largo de 2024 son idénticos a los anotados en los seis primeros meses del pasado año. Lo que explica que la suma de contratos indefinidos siga suponiendo cuatro de cada diez de los que se firman. Aunque cada vez se firmen menos.

El retroceso de la contratación es coherente con un escenario en el que hay muchos más empleos indefinidos. Lo extraño es que ese retroceso del número de contratos no vaya acompañado de un repunte mayor del peso de los indefinidos, lo que apunta claramente a que los efectos de la reforma han tocado techo.

¿Se ha vencido la dualidad del empleo?

Uno de los temores de los analistas es que la dualidad del mercado laboral entre empleos estables y bien remunerados y precarios y peor pagados no se haya reducido tanto como apuntan las grandes cifras de contratación, sino que buena parte de ella siga 'maquillada' bajos contratos supuestamente indefinidos. Su mirada se dirige a los que no son a jornada completa.

Los sospechosos principales son los contratos fijos discontinuos. Una categoría que las estadísticas del SEPE siempre han separado de los indefinidos a jornada completa (aunque uno de estos trabajadores pueda, por ejemplo, hacer 8 horas de trabajo diarias) por su inestabilidad.

Se trata de empleos ligados a actividades eventuales pero cuando estas concluyen el contrato no se extingue, sino que "pasa a la inactividad". Eso sí, se le da de baja en la Seguridad Social, y no cobra salario ni indemnización (como sí ocurre con un temporal cuando caduca su empleo de duración determinada), pero cuna con una garantía de "llamamiento", por lo cual el contrato sigue vigente y la persona no se considera 'parado'. Estas características no son nuevas (la modalidad contractual existe desde hace décadas), lo que sí lo es el impulso dado por la reforma a su uso: han pasado de suponer el 1,5% de la contratación total al 14,5%.

Lo que no se sabe es cuántas veces son mandados a la inactividad y vueltos a llamados múltiples veces, ya que solo cuenta el contrato inicial. Ello sin contar que tras la reforma las ETTs tienen permiso para contratar a trabajadores bajo esta fórmula y ponerlos a disposición de sus clientes, lo que contribuye a esta rotación.

También están los contratos indefinidos a tiempo parcial, que suponen el 10,3% frente al 2,9% de antes de la reforma. Aunque su número es menor que el de los fijos discontinuos, muchos expertos, entre ellos los sindicatos, temen que encierren abusos a través del tiempo de trabajo y, por ello, han adquirido un especial protagonismo en el debate sobre las horas extra no pagadas.

El Gobierno considera que este 'estancamiento' no es una mala señal. En sus análisis destaca que la caída del número de contratos (tanto indefinidos como temporales) registrados desde la entrada en vigor de la reforma laboral se debe a que el empleo estable reduce la rotación. Este hecho explica además que se siga creando empleo neto en términos de afiliación, aunque se firmen menos contratos.

Se debe a que al firmarse un mayor porcentaje de contratos indefinidos el 'stock' de asalariados estable fluctúa mucho menos que si se firmaran los mismos temporales que antes de la reforma. El problema es que ese efecto positivo de la reforma se estaría viendo lastrado por el repunte de contratos fijos, que son indefinidos pero de peor calidad.

Hay que recordar que los fijos discontinuos que pasan a la inactividad se dan de baja de afiliación hasta que vuelven a ser llamados, lo que genera una enorme volatilidad en sus datos de empleos neto, mucho más cercana a la de los asalariados temporales que a la categoría de indefinidos a la que, en teoría pertenecen.

WhatsAppTwitterTwitterLinkedinBeloudBeloud