Economía

¿Qué países están llamando a las puertas del euro? Bulgaria quiere entrar en 2026 y Rumanía sería el siguiente

  • Aunque su uso es obligatorio, algunos países no tienen prisa por abrazar el euro
  • La divisa común genera debate en Polonia y República Checa
  • La línea euroescéptica de Orbán aleja la adopción del euro por parte de Hungría
Bulgaria encabeza la lista de países para entrar en el euro. iStock.

Cada dos años, el BCE publica un informe en el que recoge los avances realizados por los países que están en la lista para entrar en el euro. Después del ingreso de Croacia, actualmente restan seis países que todavía deben cumplir con los requisitos del organismo encabezado por Christine Lagarde para iniciar el procedimiento de adopción de la divisa comunitaria: Bulgaria, Rumanía, Hungría, República Checa, Polonia y Suecia. Los dos primeros, a orillas del Mar Negro, muestran mucho interés en entrar en el euro, mientras que los centroeuropeos y Suecia no muestran un gran interés por acelerar el proceso de entrada en el euro.

Hubo un tiempo en el que nadie hacía cola para entrar en el club del euro. Más bien algunos miembros pensaban en salir. Grecia, en 2015, rompió con el tabú y planteó seriamente abandonar la divisa comunitaria. La promesa helena de doblegar a las instituciones europeas, con Alexis Tsipras y Yanis Varoufakis como héroes de una odisea bajo los cielos plomizos de Bruselas, acercó al euro a sufrir su primera baja, pero algo pasó. En la película Comportarse como adultos de Costa-Gavras, basado en las experiencias del ministro más famoso de todos los tiempos, hay una escena que refleja bien la incertidumbre que pueden vivir los países que no pertenecen a la unión monetaria. En medio de la danza a la que Alexis Tsipras se ve empujado a bailar, alegoría de la imposición del rescate de la Troika en 2015 que fue rechazado por el pueblo griego en referéndum, el primer ministro abre una puerta de salida. Y no hay nada, salvo la fría oscuridad, por lo que decide cerrar y unirse al baile. Es esa oscuridad la que mueve a los países europeos a unirse al euro, Actualmente, solo 20 de los 27 países miembros de la Unión utilizan el euro. Y en fila hay, concretamente, seis, la mayoría de ellos en el este de Europa.

Las normas de la Unión Europea son claras. Salvo Dinamarca, que supo jugar sus cartas en las negociaciones para el Tratado de Maastrich, todos los países miembros de la UE están obligados a utilizar el euro. El último país en obtener este sello definitivo como integrante de la Unión fue Croacia, país que empezó a usar la divisa comunitaria el 1 de enero de 2023. Más al norte, Bulgaria, Rumanía, Hungría, República Checa, Polonia y Suecia se encuentran en la lista de Bruselas para entrar en el euro. Estos países deben cumplir una serie de condiciones para iniciar el proceso que les lleve a usar la divisa comunitaria, sin embargo, las cosas no son tan sencillas, pues muchos de estos estados quieren mantener sus divisas para no recibir órdenes del BCE y controlar su política monetaria. La cosa es muy diferente en el resto de países que otrora formaron parte del bloque del este: allí, Bulgaria tiene todas las papeletas para poder entrar en el euro hacia 2026.

La ventaja búlgara

Concretamente, los países deben cumplir con los criterios de convergencia económica. Estos son la estabilidad de los precios (inflación controlada), finanzas públicas saneadas (sin déficit excesivo), tipos de interés a largo plazo y estabilidad del tipo de cambio, para lo cual es necesario participar en el mecanismo de tipos de cambio, cuyo objetivo es asegurar que las fluctuaciones entre el euro y otras divisas no alteran la estabilidad económica dentro del mercado único europeo, siendo imperativo no devaluar la moneda nacional respecto al euro durante dos años. Así las cosas, el BCE realiza un seguimiento de los países candidatos a entrar en el euro y, cada dos años, emite un informe con sus conclusiones. En el último, publicado el pasado 26 de junio, el organismo encabezado por Christine Lagarde, dio al traste con las aspiraciones de Bulgaria, país que encabeza la lista de espera para entrar en el euro.

El gobernador del Banco Nacional, Dimitar Radev, ya había adelantado que todo el sector bancario estará completamente preparado a finales de este año, pero advirtió que hay otros aspectos técnicos y logísticos dependientes del Gobierno que deben adaptarse para funcionar en las condiciones de la eurozona.

El banco central teme que la inestabilidad política, factor muy común en la vida política búlgara, se agrave. Así, el país ha celebrado seis elecciones generales en tres años y probablemente tendrá que celebrar pronto las séptimas. Todo ello llevó al Gobierno a asumir, a principios de año, que en junio no estaría preparado para la zona del euro. Como consecuencia, Budapest solicitará un informe adicional en otoño.

Pero el documento del BCE indicó que Bulgaria había cumplido con tres de los criterios de convergencia, no había hecho lo mismo con el control de la inflación. Por lo tanto, el país que una vez fue considerado Silicon Valley del este europeo, debido a la gran producción y exportación de productos tecnológicos, debe posponer su ingreso en el euro, previsto para 2025 y que ahora debe esperar hasta, por lo menos, 2026. Todo un jarro de agua fría para Sofía, que esperaba el visto bueno de Bruselas dos años después de que el BCE aplicara una metodología para analizar la estabilidad de precios que fue considerada como arbitraria por algunos expertos.

Grises en la evaluación de Croacia y Bulgaria

La clave está en que, para analizar dicho equilibrio, la UE indica que es necesario comparar la inflación del país analizado con la media de los tres mejores países en esa cuestión. Sin embargo, la Unión no define exactamente esta metodología, por lo que los estados que posean un IPC cercano al 2% -objetivo del BCE- puede ser considerado como demasiado bajo. Así, en 2022, los tres países con menor inflación fueron Malta (2,1%), Portugal (2,6%) y Francia (3,3%), cuya media impedía a Croacia y Bulgaria unirse al euro en 2023. Sin embargo, la Comisión Europea y el BCE descartaron a Malta y Portugal porque su reducida inflación era demasiado baja respecto a la media de la UE y porque se debía a factores nacionales específicos que no eran representativos de la zona euro.

Ambos países fueron sustituidos por Finlandia (3,3%) y Grecia (3,6%), lo que permitió a Croacia entrar en el euro en 2023. Según Zsolt Darvas, analista de Bruegel, estos países también podían haber sido descartados ya que contaban con indicadores "demasiado bajos" respecto a la media de la zona euro, como el precio de la comida. Paralelamente, el experto indicó que, de haber tomado como referencia la inflación subyacente, los cálculos se hubieran hecho con Grecia, Italia y Portugal, lo cual hubiera permitido a Croacia y Bulgaria entrar en el euro en 2023.

Pese a al cumplimiento de la mayoría de requisitos del BCE, Bulgaria todavía tiene que fortalecer la calidad de sus instituciones. Se trata de un problema que también afecta a Rumanía y Hungría, lo cual puede "poner en riesgo la resilencia de la economía". Entre algunas de las flaquezas analizadas, el organismo destacó la debilidad empresarial, la evasión de impuestos, la falta de inclusión social y la corrupción. El propio Nikolai Denkov, primer ministro búlgaro, aseguró en declaraciones al Financial Times que gran parte de la influencia que Rusia ejerció sobre el país, especialmente en el sector energético, llegó a través de la corrupción.

Rumanía tiene trabajo por delante

Bruselas quiere velar por la estabilidad de la divisa comunitaria, y el hecho de que Rumanía, Bulgaria y Hungría ocuparan los tres últimos puestos del indicador sobre la corrupción de Transparency International publicado en 2023 genera desconfianza en el BCE. Todo un problema para Bucarest, que además falló en los cuatro requisitos de convergencia. Entre los factores analizados por el BCE están los problemas demográficos -en una década perdió un 5,5% de población-, los cuales pueden poner en riesgo "la estrategia rumana de crecimiento, basada en la utilización de mano de obra extensiva", la cual debería ser complementada por una inversión en "industrias de valor añadido".

Sin embargo, el BCE también reconoció el esfuerzo de Bucarest por reducir la inflación armonizada, la cual bajó del 12% en 2022 al 9,7% en 2023. Según el banco central, esta disminución se debió, entre otras cosas, "a la restricción de la política monetaria y a las medidas para mitigar el impacto del aumento de los precios energéticos, traspasados principalmente a los hogares y las empresas". En este contexto, las autoridades rumanas señalaron que el país estaría listo para entrar en el euro de cara a 2029, aunque el ministro de finanzas rumano Adrian Caciu comunicó el año pasado su intención de entrar en 2026, una meta que parece excesivamente ambiciosa en estos momentos.

Budapest, capital del euroescepticismo

Caso distinto es el de Hungría, referencia de las posiciones euroescépticas más reaccionarias en el Viejo Continente. El gobierno del primer ministro Orbán, en el cargo desde 2010, no tiene prisa por entrar en el euro: el año pasado, Mihály Varga, ministro de finanzas húngaro, apuntó a 2030 como posible momento para la entrada de Hungría en el euro. Tal fue la fecha indicada por Gyorgy Matolcsy, gobernador del banco central magiar, quien señaló que una entrada antes del 2030 sería irresponsable. Como ejemplo puso a Eslovaquia, país que entró "poco preparado en la eurozona, pero con gran determinación, y vio caer su economía enormemente".

Por otro lado, el BCE indicó que Hungría no había cumplido los requisitos, y además, indicó algunas recomendaciones. Según el organismo, "la mejora de la calidad de las instituciones públicas, garantizando que están libres de intervención política injustificada, implementando políticas mercantiles y salvaguardando la ley son condiciones necesarias para el crecimiento del sector privado".

El euro genera discordia en la República Checa

Por otro lado, la escasa voluntad húngara para entrar en el euro es perceptible a través de la participación de Fidesz, el partido político de Orbán, en la coalición Patriotas por Europa, agrupación que aspira a aglutinar a la ultraderecha europea en el Parlamento Europeo. En esa misma organización milita el partido checo ANO (Alianza de Ciudadanos Descontentos, en checo), principal opositor del gobierno de coalición conservador de la República Checa, donde conviven cinco partidos políticos con posiciones contrarias entre sí respecto a la Unión Europea. En este sentido, dicha disensión es fiel reflejo de la división en la opinión pública checa en relación con la adopción del euro.

Varsovia prefiere el zloty al euro

Además del no cumplir con los criterios del BCE, algunos de los principales argumentos para mantener la corona checa son, por un lado, que es una divisa sólida y, por otro, que la política monetaria actual funciona. Esto último es muy importante para Praga, pues, tal y como indica el BCE, "al igual que otros países del este y del centro de Europa, la República Checa ha sido muy vulnerable a los recientes shocks globales, debido principalmente a cuestiones estructurales de su economía y a su exposición a Rusia".

Por otro lado, se trata de un planteamiento similar fue defendido la pasada primavera por Andrez Domanski, ministro de finanzas polaco, quien aseguró, por un lado, que el país no estaba listo para entrar en el euro y, por otro, que el zloty (divisa polaca) había ayudado a Polonia a esquivar la recesión en la crisis económica de 2008.

La llegada del pro-europeo Donald Tusk al Ejecutivo polaco en 2023, finalizando con seis años de mandato del euroescéptico y ultraconservador partido Ley y Orden, ha contribuido a mejorar las relaciones con Bruselas. Sin embargo, no ha sido suficiente para que Varsovia adopte un plan claro para adoptar la moneda comunitaria. Por otro lado, el BCE ha destacado algunas de las debilidades de Polonia, como en el caso del mercado laboral, donde "en vista del envejecimiento poblacional, es fundamental levantar los desincentivos para trabajar, así como mejorar las políticas de apoyo a una mejor integración de los refugiados".

Por otro lado, la ausencia de un plan concreto para entrar en el euro también existe en Suecia, país cuya economía ha tenido un desempeño positivo en los últimos años. "Tras agudas subidas durante la pandemia, el déficit presupuestario menguó, aunque se mantuvo elevado en todos los países menos en Suecia en el año 2023", señaló en su informe el BCE. En cualquier caso, Estocolmo no tiene previsto entrar en el euro, por el momento.

El método sueco

Suecia, pese a que está obligada a unirse al euro como el resto de países (salvo Dinamarca), no tiene ninguna intención de hacerlo. En 2003, un referéndum reveló que el 55,9% de los ciudadanos del país estaban en contra de abandonar la corona, y aquel resultado supuso el fin del debate a medio plazo. Para evitar la entrada, el país ha decidido negarse a cumplir dos de los requisitos que exige el BCE a los potenciales miembros, a propósito.

Por un lado, la corona no está dentro del Mecanismo de Cambio Europeo, un sistema que estabiliza y limita los movimientos en el tipo de cambio de las monedas miembro. Todo país que quiera unirse al euro tiene que haber mantenido su moneda dentro de este mecanismo durante al menos dos años, así que Suecia seguirá fuera de la moneda única mientras no dé ese paso. Además, la ley europea exige que el Gobierno de cada país dé plena independencia al Banco Central. Pero Suecia mantiene varias cláusulas que, sobre el papel, permiten al Gobierno interferir con la institución. Mientras no se reforme esa ley, por tanto, Suecia no podrá entrar en el euro, aunque cumpla el resto de requisitos y esté obligado a ello.

Según Annika Winsth, economista jefe de Nordea en Suecia, cualquier movimiento para adoptar el euro deberá ir precedido de un giro político relevante que anule cualquier debate sobre el asunto, "como la entrada en la OTAN" ante las amenazas bélicas de Rusia. En este sentido, un encuesta de Ipsos señaló en 2023 que el la corona sueca había perdido el apoyo de más de la mitad de la población. Ello se debe a los efectos de la inflación, la cual se debe, en gran medida, a la propia debilidad de la divisa sueca.

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