Economía

El Banco de España retrasa la caída de los precios: la inflación seguirá en el 3% en 2024 por los servicios y la energía

  • La restauración y el turismo explican la "resistencia" en el proceso de desinflación
  • El PIB crecerá un 2,3% este año gracias a la llegada de turistas y al consumo
  • España incumplirá los objetivos de déficit y deuda pública en el medio plazo
Sede del Banco de España en Madrid. Dreamstime
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El Banco de España actualizó ayer sus proyecciones macroeconómicas, las últimas firmadas por el ya antiguo gobernador Pablo Hernández de Cos. Reflejan un tono positivo para el futuro próximo de la economía española, con un PIB anual que crecerá un 2,3% –cuatro décimas más de lo esperado en marzo– gracias a la sorpresa del primer trimestre, el consumo y una mejora de la inversión. No obstante, el supervisor retrasa la llegada a meta en la carrera de la desinflación. La resistencia de la inflación de los servicios a moderar sus tasas, junto con la retirada de las ayudas anticrisis y los "inesperados" precios más elevados del petróleo, que afectan a los combustibles y carburantes.

La "resistencia" de los precios de los servicios, avivados por el dinamismo de la actividad y la demanda, es uno de los puntos más notables que ha destacado el director general de Economía y Estadística del Banco. Está ocurriendo en España, pero también a nivel global: los precios de los servicios se resisten a bajar. La inflación de los servicios apenas ha bajado 0,2 puntos en lo que va de año.

Esta "persistencia superior a la esperada" se asienta sobre la restauración y el turismo, los dos componentes que explican casi la mitad del crecimiento de la inflación subyacente. Precisamente, aquellos servicios en los que hay una elevada presencia del factor trabajo. Como los salarios crecen más que la productividad, aumentan los costes laborales por unidad producida y supone una presión inflacionaria.

La travesía en el proceso de desinflación está llegando al tramo final... aunque el camino está siendo más largo de lo esperado por el Banco de España. La inflación aumentó nueve décimas entre febrero y mayo, hasta una tasa interanual del IPC armonizado del 3,8%. El precio del petróleo ha provocado que el combustible encadene una espiral alcista durante los cuatro primeros meses del año. La retirada de las ayudas anticrisis, que afectan directamente al precio de la luz o el gas, era ya una medida anticipada y esperada que ha afectado en menor medida.

No será tan mala noticia si las previsiones del Banco de España terminan por consolidarse. Los precios de los alimentos se desacelerarán (a expensas de lo que ocurra con el IVA de los alimentos, que podría sumar entre 0,2 y 0,3 puntos a la tasa mensual de julio o 0,1 puntos a la tasa anual). También compensa la balanza los bienes no energéticos. El próximo año, la inflación ya estaría dentro de los objetivos del Banco Central Europeo (BCE), con una tasa de variación anual del 2%. En 2026, el IPC quedaría completamente controlado en el 1,8%.

¿Cómo explican las mejoras en el crecimiento?

La economía española, a la vista del servicio de estudios de la institución, refleja más luces que sombras. El PIB suma casi un año y medio acumulando tasas de crecimiento cada vez más altas. En este tiempo, el dinamismo de la actividad ha superado las previsiones del regulador: la economía ha ido mejor de lo previsto, incluso con un consumo per cápita más bajo que el registrado históricamente.

En esta actualización, el supervisor ha revisado PIB cuatro décimas al alza, hasta el 2,3% en 2024. Tanto el final del pasado curso como el comienzo del presente 2024 han puesto buenos cimientos para que este año haya más crecimiento: las exportaciones de servicios turísticos crecieron un 20% en el primer trimestre, y el gasto de los turistas extranjeros hasta abril es un 36% mayor que el promedio de 2016-2019. La demanda interna volverá a ser el 'motor' de la economía, con una mejora prevista del consumo (especialmente el privado, que se acelerará hasta el 2,4%) y la recuperación de la inversión productiva. A cambio, no está previsto que las exportaciones tengan tanto peso sobre el crecimiento.

A medio plazo, el crecimiento de España tenderá hacia su potencial: un 1,9% y un 1,7% los próximos años, por lo que serán necesarias reformas estructurales que mejoren la capacidad productiva de la economía. Otro aspecto a considerar, destacado por Gavilán, es que el crecimiento se está repartiendo entre más personas. Aun sobrepasando en nivel de PIB a la Eurozona desde la pandemia, el crecimiento de la la renta per cápita (por habitante) es menor que el de los países del euro por la incorporación de población.

Reglas fiscales y empleo

La reactivación de las reglas fiscales supone un reto inminente para las cuentas públicas. De Cos se ha despedido de la institución que lideraba hasta ayer pidiendo "grandes acuerdos políticos", un deseo que bien se podría aplicar sobre la necesidad de la consolidación de las cuentas públicas que tanto ha defendido el madrileño. Básicamente, porque España incumplirá los objetivos de déficit y deuda pública durante los próximos tres años, periodo que abarcan las proyecciones.

El déficit público quedará por encima del 3% del PIB a medio plazo: bajará desde el 3,6% de 2023, al 3,3% en 2024 y al 3,1% en 2025 antes de volver a repuntar al 3,2%. La deuda tampoco conseguirá bajar del 105% del PIB en ausencia de medidas adicionales.

"Es importante tener presente que la aplicación de las nuevas reglas fiscales europeas —en vigor desde el pasado 30 de abril— implicará la necesidad de un tono contractivo de la política fiscal española a partir de 2025, que no está incorporado en este ejercicio de proyecciones", explica el documento. En este punto cita la sentencia del impuesto sobre hidrocarburos, que añade otros 5.800 millones de euros (el 0,4% del PIB) que tendrán que devolver las Administraciones Públicas y no están contemplados en las previsiones.

El empleo, medido en horas equivalentes a tiempo completo, aumentará un 1,1% en 2024, un 1,7% en 2025 y un 1,2% en 2026. Este empleo se está creando cada vez más en las empresas de mayor tamaño, quedando rezagadas las medianas y, especialmente, las micro empresas. Pese a la buena salud del mercado laboral, la tasa de paro todavía quedará enquistada por encima del 11%: España está incorporando a tanta población activa que ni con récords de afiliados es capaz de 'absorber' a tantos trabajadores, generando una especie de embudo en el paro.

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