Economía

España sufre la mayor rotación laboral de la UE dos años después de la reforma laboral

Foto: iStock

El mercado laboral español ha vivido una transformación sin precedentes en los últimos dos años gracias a una reforma laboral que ha recortado la tasa de asalariados con contrato temporal en casi diez puntos, del 25,4% a finales de 2021 al 16,5% a cierre de 2023. Pero esto no se ha trasladado a una mejora equivalente de la estabilidad real de los empleos, como revelan los últimos datos de Eurostat, que muestran que nuestro país sigue registrando la mayor rotación laboral de toda la Unión Europea.

La Encuesta de Fuerza Laboral (LFS por sus siglas en inglés) es la 'versión' que publica la Oficina Europea de Estadísticas de la EPA española. Parten de los mismos datos que recopila el INE (al igual que de los de sus homólogos del resto de países de la Unión), pero con un tratamiento algo diferente que le permite, además, publicar variables que no desglosa el organismo español.

Una de ellas es la de los ocupados que en los últimos tres meses han empezado en un nuevo trabajo o lo han abandonado. A cierre del pasado año, los primeros sumaban 1,27 millones de personas, un 6% del empleo y los segundos un 5,5%, un total de 1,16 millones. ¿Pero qué suponen estas cifras y qué nos dicen del impacto de la reforma laboral?

El porcentaje de nuevos trabajadores es inferior en seis décimas al registrado a finales de 2021 cuando se aprobó la norma, mientras el de los que lo abandona (ya sea de manera voluntaria o involuntaria) sube una décima respecto al nivel anotado entonces. Si lo comparamos con lo ocurrido en este tiempo con la tasa de temporalidad, se puede decir que el cambio en la volatilidad de entradas y salidas del empleo es nulo.

¿Son negativos estos datos? El saldo sigue siendo positivo para el crecimiento neto del empleo como lo lleva siendo desde que la Gran Recesión tocó fondo, allá por 2013. Una tendencia positiva que solo se interrumpió con la pandemia. Por otro lado, el retroceso en los nuevos empleos no es necesariamente una mala noticia; todo lo contrario, sí puede explicarse por el menor número de contratos temporales y el aumento de los indefinidos.

Pero en este sentido el problema estaría, precisamente, en que el descenso es poco intenso (apenas seis décimas) mientras que las salidas se mantienen en los mismos niveles.

En cabeza de las salidas del empleo

Si comparamos la situación con la del resto de países europeos, los datos son aún más preocupantes. España no es el miembro del club de los Veintisiete que más ocupados incorpora cada trimestre, aunque se mantiene a corta distancia de países nórdicos como Finlandia (6,6%) y Dinamarca (6,5%).

En lo que sí es campeón es en el porcentaje de trabajadores que abandonan su empleo cada trimestre. No todos son abandonos involuntarios (aunque sí la mayoría, ya que España es el país que más trabajadores manda al paro cada trimestre). Que nuestro país combine la mayor tasa de salidas recientes a la ocupación con una de las mayores de nuevas ocupaciones es un síntoma claro de inestabilidad laboral.

Otro elemento sorprendente que arroja la estadística es que los datos de volatilidad de España son peores que los de los dos estados miembros que la superan en tasa de contratos temporales: Países Bajos y Portugal.

Estos datos apuntan a que el impacto de la reforma ha sido más limitado de lo esperado en lo que se refiere a la precariedad entendida como inestabilidad de los empleos más allá de la temporalidad. Los datos de Eurostat no indica qué tipo de contrato tiene estos trabajadores ni las razones por las que dejaron su empleo: un despido, el fin de un contrato temporal o el pase a la inactividad de un fijo discontinuo (una situación que tanto la EPA como la LFS puede considerar parado o inactivo, a diferencia de los registros del SEPE).

Pero cómo se traslada esta evolución a la ocupación sigue siendo materia de debate tanto entre los economistas como entre los políticos. Ante tal contexto, esta estadística, pensada para analizar la volatilidad del empleo, sigue resultando una herramienta muy a tener en cuenta que revela que los desequilibrios del empleo van más a allá de la contratación.

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