Economía

Fijos y temporales, más inestables que nunca: el contradictorio legado de dos años de reforma laboral

Vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. Foto: EP

La reforma laboral cumple sus dos primeros años en vigor con resultados que puede parecer profundamente paradójicos. Por un lado, hay más asalariados con contrato indefinido y menos con un empleo temporal que nunca. Sin embargo, la inestabilidad de ambos tipos de empleo ha alcanzado un máximo de la serie histórica, superando las cotas de la Gran Recesión, como revelan los datos de Seguridad Social.

La norma pactada por el Gobierno, patronal y sindicatos ha cumplido su objetivo de reducir la temporalidad del empleo. Entre noviembre de 2021 y el mismo mes de 2023, los afiliados al régimen general con contrato eventual han pasado del 28% al 13,4%, un resultado que confirman otras estadísticas como la Encuesta de Población Activa y se convierte en la mejor tarjeta de presentación del considerado como el mayor triunfo en materia de empleo del Ejecutivo de coalición y, en particular, de su vicepresidenta segunda y líder de Sumar, Yolanda Díaz, también ministra de Trabajo.

Lo ha logrado además en un escenario de intensa creación de empleo, rebatiendo las advertencias de que la desaparición del contrato por obra y servicio, el temporal más utilizado, iba a acarrear destrucción de empleo en una economía tan expuesta a la estacionalidad como la española. Pero el éxito presenta bastantes puntos oscuros, como el controvertido papel de los contratos indefinidos fijos discontinuos o el auge de dimisiones, despidos y bajas en periodo de prueba registrados desde que la norma empezó a aplicarse.

El segundo año de vida de la reforma se ha caracterizado por estos análisis más en profundidad, pero el Ministerio de Trabajo se ha mostrado férreo a la hora de defender su legislación y minimizar los datos que avalaban las dudas, incluso cuando venían señaladas por instituciones como el Banco de España. Pero también sindicatos como UGT, que pide encarecer el despido para frenar la volatilidad persistente del mercado laboral.

Las estadísticas de temporalidad jugaban a su favor, a pesar de que la mayoría de los contratos, seis de cada diez, siguen siendo temporales. Antes eran nueve, con lo cual la mejora es innegable, pero hace bastante que se estancó en ese techo. Eso sí, esta reducción ha bastado para poder 'vender' una mejora de la estabilidad. Ahora bien, ¿cómo se determina esto?

Una forma de analizar esta variable es comparar la duración real de los empleos, algo imposible porque, aunque la Seguridad Social tiene esos datos, no los publica (aunque los esgrime de vez en cuando en discursos y notas de prensa del ex ministro del ramo José Luis Escrivá). Otra es analizar la tasa de bajas medias diarias de afiliación sobre el total de asalariados. Esta es la fórmula que utiliza el Banco de España para llamar la atención sobre la peor situación de los indefinidos. Pero esto también se aplica a los temporales.

La paradoja estadística

Aparentemente, la estabilidad de los empleos no solo no ha empeorado, sino que ha mejorado respecto a los niveles previos a la pandemia. La tasa de bajas se ha reducido del 0,72% en noviembre de 2019 al 0,59% en el mismo mes de 2023, lo que equivale a una media de 83.000 baja diarias sobre un saldo de más de 16 millones de afiliados medios al Régimen General. Pero esta mejoría tiene un abultado efecto composición. Y es que se explica porque hay menos contratos temporales, (que siguen siendo los más volátiles) y más indefinidos. Pero la estabilidad de ambos tipos de contratos ha empeorado hasta situarse en máximos de la serie histórica que se inicia en 2009, en el epicentro de la Gran Recesión.

¿A qué se debe esta evolución? A dos motivos. El primero es que la reducción de los empleos temporales se debe a la desaparición de los de obra y servicio, cuya duración está en función de las necesidades de la empresa, con lo cual podrían hacerse empleos muy cortos y 'precarios' pero también de elevada duración. Tras la reforma, la mayoría de los contratos son temporales de duración determinada (explicitada en el contrato) cuya duración se ha reducido, mientras que otros se han derivado a los indefinidos. Esto lleva a que su tasa de volatilidad se haya elevado del 2,03% al 2,22%, el máximo de la serie.

La situación de los indefinidos es más compleja. Su estabilidad siempre ha sido mucho más elevada que la de los indefinidos, como revela una tasa de bajas del 0,15% en noviembre del 2019. Pero en 2023 se había duplicado, hasta el 0,32%. Es un porcentaje reducido pero chocante, ya que los indefinidos, por definición, no deberían haber empeorado su comportamiento tras la reforma laboral.

Tampoco conviene minimizar el impacto de este incrementoe: hablamos de una modalidad que supone el 87% de los asalariados, con los cual el peso de este porcentaje en términos absolutos es mucho mayor de lo que parece: hablamos de 40.480 bajas diarias frente a 41.400 de los temporales. En 2019 eran apenas 16.000, un 60,5% menos.

¿A qué se debe esta evolución? A los indefinidos fijos discontinuos. No solo han aumentado su número en términos absolutos, sino que la tasa de baja se ha disparado, del 1,08 al 2,63% (mientras los indefinidos solo han retrocedido unas centésimas). De hecho, es el tipo de empleo que mayor estabilidad ha perdido.

Algo que no solo se explica porque haya más trabajadores bajo esta modalidad, sino porque sus empleos son más inestables. Hay que tener en cuenta que antes de la reforma se utilizaban ante todo en el turismo y la hostelería, pactando empleos de temporada que se reflejaban en los vacantes de las bajas, como se aprecia en el gráfico. Tras la reforma su uso se ha ampliado a otros sectores, done su encaje está siendo más accidentado. De hecho, suponen el 56% de las bajas diarias de indefinidos, cuando en 2019 eran el 40%.

En cualquier caso, los datos muestran que hay una inestabilidad inherente al mercado laboral que un cambio legislativo centrado en las figuras de la contratación no ha resuelto. Algo que explica que España siga siendo el país con la mayor rotación laboral de la zona euro. La duda es si basta volver a tocar la legislación laboral o resultan necesarias reformas de mucho mayor calado para incentivar la calidad del empleo.

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