Economía

La volatilidad de los contratos indefinidos se multiplica por 4 tras la reforma laboral

El pasado mes de septiembre, 587.309 personas firmaron un contrato indefinido. Pero de ellas, 36.130, el 6,15% del total, tuvo que hacerlo más de una vez. Una tasa de volatilidad que multiplica por 4,4 la tasa registrada en el mismo mes de 2019, cuando apenas llegaban al 1,4%. Un fenómeno que contrasta con la afirmación recurrente del Ejecutivo en funciones de que los contratos indefinidos no han perdido estabilidad tras la reforma laboral.

En estadística económica existe un concepto denominado "efecto composición", que se refiere a la distorsión que sucede al no tener en cuenta las diferencias entre los componentes de un agregado. Se cita con frecuencia al hablar de cómo pueden 'maquillar' desigualdades como la brecha salarial de género, pero también puede aplicarse a la 'calidad' del empleo.

Los datos que cada mes publica el Servicio Público de Empleo Estatal nos muestran varios ejemplos. Así, la restricción a los empleos temporales ha provocado una importante caída del número de contratos (el pasado mes se firmaron 1.392.205, un 33,5% menos que en el mismo mes de 2019). Pero esto no se ha traducido en una destrucción de empleo porque la composición de esa contratación ha cambiado: ahora el 41% son indefinidos, cuando en el mismo mes de hace cuatro años quedaban en el 11,3%.

Esto es una prueba innegable de que la calidad de los nuevos empleos en España ha mejorado, lo que ha reducido la tasa de temporalidad en casi diez puntos desde 2019, del 26,4% en el segundo trimestre de 2019 al 17,9%, según recoge la Encuesta de Población Activa (EPA). Pero este dato agregado no responde a una pregunta que cobra cada vez más relevancia: más allá de que hay más empleos indefinidos y menos temporales, ¿ha mejorado la calidad específica de cada uno de ellos?

Y es una cuestión relevante no solo porque permite profundizar en los efectos de la reforma laboral 21 meses después de su entrada en vigor, sino porque da cuenta de su alcance. Dicho de otra forma: ¿ha tocado techo su impacto en el mercado de trabajo?

Una evolución desigual

Los datos del SEPE arrojan que los contratos temporales mantienen una estructura similar a la que existía antes de la reforma laboral, con un 33% con una duración inferior a un mes. Sin embargo, en su caso la volatilidad sí se ha reducido, pasando del 38% de personas que tenían que firmar más de uno al mes al 27%. Es decir, los trabajadores que siguen firmando contratos temporales (que suponen el 59% del total) lo hacen con una estabilidad algo mayor.

Una de las claves es que la reforma laboral eliminó los contratos por obra y servicio, que contaban con una discrecionalidad mucho mayor a la hora de finalizar (hasta el punto de que no necesitaban establecer una duración9. En 2019, antes del cambio legal suponían el 43% de os contratos temporales. Y el 27% de los que accedían a estos empleos firmaban más de uno al mes. Sin embargo, tras la reforma el resto de las modalidades eventuales también ha reducido su tasa de volatilidad. Una evolución que apunta a que las empresas han adaptado sus decisiones de contratación temporal para sus necesidades específicas.

Solo hay dos señaladas excepciones a esta tendencia: la primera está en el único tipo de contrato temporal creado de nuevas por el Gobierno, el diseñado específicamente para artistas, técnicos y auxiliares de espectáculos. El 74% de estos profesionales tiene que firmar más de uno al mes. La segunda, más relevante, está en los propios trabajadores indefinidos.

La proporción de personas con un contrato estable que tiene que firmar más de uno al mes estaba en el 1,39% en septiembre de 2019. Cuatro años después, la tasa se ha multiplicado por 4,4, hasta un 6%. Su número ha pasado de los 3.275 a los 36.130, más de diez veces más (1.003%). En comparación, el ritmo de incremento del número total de personas que suscriben este tipo de contratos aumentó un 149%.

Esto significa que, al contrario que ha ocurrido con los contratos temporales, los indefinidos han perdidos estabilidad. Los datos del SEPE no permiten discernir cuáles son indefinidos ordinarios (a jornada completa o parcial) y cuáles fijos discontinuos. Pero muestran que los contratos considerados más estables ya no son los menos volátiles. De hecho quedan por detrás de 10 de las 14 modalidades de contratación temporal que existen hoy. Solo mejoran a los de artistas, eventuales por obra y servicio, los de sustitución y los integrados en la categoría 'otros'.

Advertencias del Banco de España

Este dato es coherente con los análisis de expertos como los de Fedea o el Banco de España, que advierten de un "aumento significativo de las salidas al desempleo desde empleos indefinidos". Tras la entrada en vigor de la reforma, las bajas de afiliación, tomando como referencia el nivel de 2019 se disparan con una intensidad inusitada, mayor entre los indefinidos ordinarios que entre los fijos discontinuos. Mientras que entre los temporales se mantienen por debajo de los niveles previos a la pandemia.

El Gobierno se aferra al aumento del número de afiliados con contrato indefinido, casi tres millones más desde la reforma según los datos de Seguridad Social. Pero esto solo dice que hay muchos más, no que los que hay sean más estables que antes del cambio legal. Para contestar a estas críticas, el Ministerio de Inclusión esgrime un indicador de estabilidad de cosecha propia: la duración de los contratos que han causado baja.

Según sus datos, entre enero y septiembre de este año, ha crecido un 29% (hasta 256 días) en comparación con las cifras del mismo periodo de 2019 "último año homologable anterior al impacto de la pandemia".

El problema es que estos datos solo aparecen en la nota de prensa de presentación de los datos de afiliación 8o los tweets del ministro). No están recogidos en las estadísticas públicas. En cualquier caso, al referirse al total de trabajadores, serían coherentes con la reducción de la volatilidad de la contratación temporal y un empeoramiento de la estabilidad de los indefinidos.

Y esto tiene un coste en los que se refiere a la eficacia de la propia norma. No en balde, incluso la versión de la tasa de temporalidad que calcula el departamento que dirige José Luis Escrivá, y que solo tiene en cuenta los asalariados del Régimen General (excluyendo a los del sector agrario y empleadas del hogar, pero también a los funcionarios de carrera y personal político), lleva desde enero enquistada en el entorno del 14%, umbral que queda por encima de la media europea para el sector privado.

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