Economía

Las empresas piden otra Gran Dimisión: retener el talento ya no es rentable

  • Las mejoras salariales pasan factura a las compañías por la subida de tipos
  • España se expone a un escenario similar al que golpea a Estados Unidos
  • La Gran Retención descoloca a la Fed
Foto: iStock

El mundo al revés. Después de dos años denunciando la falta de mano de obra provocada por un 'éxodo masivo' de trabajadores que llevó a una despiadada 'guerra por el talento' entre las empresas a golpe de talonario, el problema que afrontan ahora muchos directivos es que sus empleados ya no quieren irse. Lo que obliga a seguir pagándoles los mismos elevados sueldos que les sirvieron para ficharles o retenerles, lo que en el actual panorama económico, marcado por la incertidumbre y la subida de tipos, pasa una factura cada vez mayor en sus balances. Grandes compañías de todo el mundo piden ya una nueva oleada de renuncias que evite tomar la alternativa de los despidos. Una situación que amenaza con alcanzar también a nuestro país.

La Gran Dimisión, o el sobrecalentamiento del mercado laboral como lo denominan los economistas, se empieza a registrar a partir de 2021 en Estados Unidos, aunque sus efectos reales en el mercado laboral se han ido extendiendo al resto del mundo (incluso a España, donde el Banco de España ha lanzado varias advertencias al respecto) y han acabado por definir la hoja de ruta de la política monetaria de la Fed y el BCE. El endurecimiento de la financiación parece haber reducido las renuncias al otro lado del charco, aunque la situación ha tomado un cariz inesperado.

Hace unas semanas, un artículo del Wall Street Journal hablaba del "dolor de cabeza" que supone para los jefes de grandes empresas la falta de dimisiones. Aunque la caída de estas no es el problema. Pese al frenazo en el último año, se mantiene en niveles históricamente elevados, si bien comparables a los de 2019. Lo que ocurre es que se ven acompañadas por un descenso proporcional de las vacantes y las contrataciones, lo que implica que la demanda de mano de obra se ha normalizado.

Este enfriamiento responde a la situación económica y, sobre todo, al endurecimiento de la financiación provocada por la subida de tipos emprendida por la Fed para, entre otras cosas, frenar esa guerra por el talento. Pero ahora ha surgido otro problema: los empleadores se han dado cuenta de que, aunque ya no tiene que disparar sus ofertas salariales para fichar y conservar trabajadores, ahora tienen que pagar lo comprometido con los trabajadores que se beneficiaron de ellas, que no tienen ninguna intención de irse.

Más allá de la alerta en los consejos de administración de las grandes compañías desvelada por el rotativo estadounidense, la cuestión también ha despertado la preocupación de la Fed. Su presidente, Jerome Powell, confiaba en que el giro en la política monetaria frenaría la rotación de talento sin perjudicar al empleo ni elevar el desempleo, como así está ocurriendo. Pero esto solo era un medio para un fin: que los sueldos se moderaran y restaran presión a los precios.

Ahora se encuentran con que, pese a que las contrataciones caen y con ello ha mermado, supuestamente, la capacidad de los trabajadores de pedir mejoras en sus nóminas, los sueldos no echan el freno. La previsión de la Fed era que a esta alturas las subidas estuvieran en el entorno del 3,9%frenar los incrementos por debajo del 4% cuando aún se mantiene por encima del 5%. Más de un punto de diferencia que hace que el mercado tema nuevas subidas de tipos que acaben forzando al Plan B del banco central estadounidense: frenar los sueldos, aunque sea a costa de provocar despidos.

Adiós Gran Renuncia, hola Gran Retención

Igual que Estados Unidos anticipó la Gran Dimisión, ¿puede llegar una Gran Retención similar en Europa y España? La respuesta rápida es sí, pero con muchos matices. Nuestro país tiene una tasa de paro que más que triplica la de Estados Unidos y en la rotación de sus empleos pesa mucho más la estacionalidad de ciertas ramas del sector servicios, ya que nuestro modelo productivo está más desequilibrado hacia actividades de baja productividad que el estadounidense y otros países europeos.

Pero al igual que ha ocurrido con el repunte de los sueldos forzados por las dimisiones, el problema nos afectará. Y su impacto no repercutirá en unas pocas empresas que han subido 'demasaido' los sueldos, porque repercutirá en la política monetaria. Al contrario que en Estados Unidos, en la zona euro las medidas anticrisis tuvieron como objeto proteger a los empleados más que a los desempleados (no porque a esto se les abandonara, sino porque los sistemas sociales están más desarrollados en Europa).

Esto llevó a que se destruyera relativamente poco empleo en la crisis sanitaria y que la Gran Renuncia no se produjera con la misma intensidad, la menos al principio. Pero acabó ocurriendo algo similar: el paro alcanzó mínimos y muchas empresas se encontraron con que no encontraban trabajadores disponibles. El BCE esperaba que el peso de la negociación colectiva centralizada en convenios sectoriales serviría de colchón frente a la volatilidad salarial estadounidense. Pero se equivocaron.

La combinación entre inflación y falta de mano de obra ha hecho que las empresas tengan que mejorar sus ofertas en acuerdos individuales mientras los colectivos registran subidas históricas. Cierto que no suben tantro como en Estados Unidos, pero la forma en la que lo hacen, con un elevado peso de acuerdos enre patronales y sindicatos, implica que moderarlos va a ser mucho más difícil.

Peligrosos precedentes

Por esta razón los salarios siguen siendo una fuente de 'quebraderos de cabeza' también para la institución que preside Christine Lagarde, y hace que se resista a levantar el pie del pedal de los tipos. Esto afecta al crédito a las empresas y puede repercutir con especial intensidad en el empleo de un país con un mercado laboral tan desequilibrado como España.

De hecho, ya hay análisis que señalan que las empresas empiezan a reducir sus contrataciones (en parte por la caída del empleo temporal tras la reforma, pero sobre todo porque el rebote de la actividad tras la pandemia se agota), sin destruir, eso sí, masivamente empleos. Pero esto no es un síntoma de normalización, porque los sueldos siguen subiendo, en parte por el impacto de la inflación y en parte por la falta de trabajadores en sectores que no la encuentran en el 'stock' de los casi tres millones de parados. Con lo cual se está avanzando hacia un claro escenario de 'Gran Retención'.

Ello explica que la subida media pacta en convenio esté en el 3,46%, el máximo desde 2008, mientras los datos de la Agencia Tributaria apuntan a una subida superior al 5% y las ofertas de empleo ofrecen retribuciones que superan en un 5,9% las de hace un año y se sitúan a la cabeza de la UE. E incluso baten las de Estados Unidos (del 5,2%). No beneficia a todos los rabajadores, pero si en sectores lo suficientemente representativos.

Esta situación no es sostenible a medio y largo plazo para esas empresas. Aunque no estamos en un escenario de crisis económica supone un serio revés a sus balances que explica el auge los despidos en el último año, que muchos expertos auguran que irá a más. A esto se suma la incertidumbre política a nivel nacional e internacional, cuyo impacto en la economía es imprevisible y puede impactar a enorme velocidad.

El punto de partida de la evolución de las nóminas recuerda cada vez más al de los años precedentes a la Gran Recesión. Para cuando los llamamientos a la moderación salarial empezaron a calar entre los sindicatos y la patronal, en 2009, ya se habían destruido más de un millón de empleos.

¿Una historia paralela?

La intensidad del impacto de la Gran Retención en España dependera, en todo caso, de la que tiene la Gran Renuncia. Los dos indicadores clave para analizar la evolución de este fenómeno en Estados Unidos fueron las vacantes y las dimisiones. Su estudio, sobre todo el de estas últimas, permite ver una evolución muy diferente en cada país. España registra un repunte histórico de las dimisiones y la tasa de puestos por cubrir que mantiene perplejos a los expertos. Aunque también se disparan los despidos, las suspensiones de fijos discontinuos, mientras el fin de un contrato temporal sigue siendo la mayor causa laboral de baja de afiliación y explcia una tasa de paro que se mantiene en el 11,8%.

Esto apunta, según muchos analistas, a que no puede hablarse en absoluto de Gran Dimisión a la americana y que las renuncias no son sino otro síntoma de la volatilidad endémica de nuestro mercado laboral, que se ha traspasado de los temporales a los puestos indefinidos creados tras la reforma laboral. Sin embargo, hay un dato que sí revela un sobrecalenamiento no demasiado lejano del estadounidense: la ratio de dimisiones sobre el total del empleo (calculado en términos de afiliación al régimen General de la Seguridad Social, único indicador disponible en España) lleva un año en en máximos históricos con un 1,7% y reduce la brecha con los niveles de Estados Unidos, que se sitúan en el 2,3% tras tocar un techo del 3%.

Los análisis de organismos como el Banco de España confirmam a que el auge de las dimisiones sí está tirando al alza de los salarios en nuestro país no solo en las ofertas para contratar trabajadores, sino también en los que ya están en plantilla. La razón es precisamente que dimiten más indefinidos que nunca, y tienen mayor capacidad para negociar mejores sueldos que la que tienen los temporales. Eso sí, este impacto no es general y no se produce a la misma escala: en nuestro país parece polarizarse entre los sectores de uso 'intensivo' de mano de obra, como la hostelería, agricultura o construcción y aquellos que, como el sector tecnológico, demandan trabajadores más cualificados y de mejores salarios.

Como hemos contado en varias ocasiones en elEconomista.es, esta situación se registra en España con retraso respecto a Estados Unidos y otros países europeos, que vieron esta situación mucho antes y ahora ven cómo se desinfla, como se puede apreciar al comparar la evolución de las renuncias. La pregunta no es ya si lo que ocurre al otro lado del charco puede salpicarnos, sino cuándo lo hará.

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