Economía

El peso de los contratos temporales de menos de siete días se eleva al 36% tras la reforma laboral

  • Seis de cada diez contratos siguen siendo temporales y su volatilidad ha empeorado
  • Díaz hizo una excepción a su propia norma para ganarse el favor de la industria del espectáculo

El debate sobre el impacto de la reforma laboral se ha centrado más en la calidad del nuevo empleo indefinido creado que en la de los puestos eventuales que se siguen creando. Ello a pesar de que el 57,7% de los contratos firmados en junio son temporales. Un 35,7% de ellos duraron menos de siete días, casi cinco puntos más que en 2019, a pesar de que la norma incluyó medidas específicamente dirigidas a penalizar estas contrataciones de muy corta duración.

Los datos correspondientes a junio publicados por el SEPE arrojan un balance que bien podría resumirse en una frase: "menos contratos temporales que nunca, pero más precarios". Y, de hecho, la reducción del número de contratos es espectacular. En el pasado mes se firmaron un 12% menos que en el mismo mes de 2022 pero un 53% respecto a junio de 2019. Por su parte, la contratación indefinida retrocedió respecto a hace un año, con un 19% menos, pero aún sigue superando en un 232% los niveles de antes de la pandemia. Con ello, el total de contratos cae un 15% respecto a 2022 y un 25% desde los niveles de 2019.

Este descenso no es necesariamente una mala noticia si lo interpretamos como que las empresas se han adaptado a la norma y hacen menos contratos, pero más estables. Algo que es fácil de comprobar si vemos que la afiliación sigue creciendo, aunque en junio lo hizo con menos intensidad que en ejercicios con mayor creación de empleo temporal.

Incluso la duración media de los contratos temporales de junio ha mejorado en cuatro días respecto a los de hace un año, hasta los 48. Una jornada más que los 47 anotados en junio de 2019. Pero esto se calcula sobre el total de contratos y no recoge la paradoja de que los temporales de más corta duración ahora sean los que tienen mayor peso.

La explicación responde en gran medida al propio diseño de la reforma. La norma suprimió los contratos por obra y servicio, que estaban ligados a una actividad eventual pero no establecían una duración determinada, como el resto de los temporales, ya que esto dependía de cuándo acabara el proyecto o tarea. El límite era de tres años.

Este cambio explica que los contratos temporales de duración indeterminada firmados en junio hayan caído un 86% respecto a 2019. Si entonces eran el 34% del total de los eventuales, ahora apenas suponen el 10,4%. Los que se siguen firmando son de sustitución o para cubrir una jubilación parcial.

Pero, ¿qué ocurría con los contratos de muy corta duración? La mayoría de estos no eran por obra y servicio, sino por circunstancias de la producción, modalidad que no se ha suprimido con la reforma. Para reducirlos, el ministro de Inclusión y Seguridad Social José Luis Escrivá, introdujo un recargo en las cotizaciones a la Seguridad Social para los contratos de menos de 30 días que actualmente alcanza los 29,7 euros. El efecto parece indudable: los contratos de menos de siete días han caído un 46%.

Sin embargo, estos cambios han tenido un impacto inesperado en la composición de la calidad del empleo temporal. Y es que el peso de los contratos de menos de siete días no solo no se ha hundido como los de duración indeterminada, sino que han pasado a suponer el 35,4% de los temporales, cuando antes eran el 31%. De hecho, la suma de los contratos de menos de un mes supone el 55% de los temporales, cuando en 2019 era del 42%.

Esto apunta a dos posibles lecturas: que aunque la caída de los contratos temporales ha sido general, han sido los de mayor 'calidad' (expresada en términos de duración), los que más han descendido, con lo cual las medidas para que ocurriera lo contrario han sido inútiles. O, como segunda alternativa, a que la eliminación de los de obra y servicio ha 'aflorado' nichos de empleo de muy corta duración que antes se firmaban como contratos de duración indeterminada. En cualquier caso, apunta a que la volatilidad del empleo es más resistente de lo previsto por el Gobierno.

Pero el análisis es más complejo si tenemos en cuenta que el propio Ejecutivo ha introducido excepciones a su propia reforma laboral para incentivar contratos de muy corta duración.

Artistas y falsos indefinidos

El 82% de los contratos de menos de siete días son eventuales por circunstancias de la producción. Alcanzaron los 251.819 en junio, una cantidad que equivale al 38% de esta modalidad contractual, cuya duración media está en 38,98 días. A mucha distancia les siguen los contratos para artistas y personal técnico auxiliar de espectáculos, que con 32.493 supone un 10,58% del total de los de menos de siete días. Este tipo de contrato, además, es el de menor duración de todos los que se firman en España: 5,08 días de media en junio (aunque en mayo llegaron a bajar de este umbral)

Estos contratos fueron creados en marzo de 2022, tres meses después de la reforma laboral, ante las presiones del sector artístico, para no someterse a las imposiciones de la norma. El Gobierno cedió, liberándoles del recargo en la cotización por contratar por menos de un mes que sí se aplica al resto de temporales. De esta forma, el 93% de los contratos firmados por artistas en junio duró menos de siete días.

A este panorama de empleos volátiles se suma la sospecha sobre la existencia de 'falsos indefinidos'. Es decir, que muchas empresas utilicen contratos fijos para 'suplantar' contratos eventuales de muy corta duración, ahorrándose con ello el recargo en las cotizaciones sociales. El 'truco' está en recurrir a la excusa de no superar el periodo de prueba, que implica un cese que tampoco conlleva indemnización.

En este sentido, los datos son preocupantes: las bajas de afiliación de indefinidos por este motivo se han disparado un 466% en junio respecto al mismo mes de 2019. Aunque Trabajo había dejado al albur de los convenios colectiva cómo prevenir abusos, ahora Díaz ha avanzado cambios en esta cuestión en el programa electoral de 'Sumar'.

La conversión a indefinidos se desploma

Los datos de junio también muestran que la contratación temporal ha dejado de ser una puerta a la indefinida. De hecho, tras el espectacular registro de junio de 2022, primer año de la reforma laboral, cuando las conversiones a fijo se dispararon un  106% respecto a al mismo de 2019, las de 2023 se han desplomado un 73% interanual y un 45% por debajo de los niveles prepandemia.

Aunque en parte se explica porque se firman menos contrato temporales, los datos apuntan a que las empresas no tiene interés en esta fórmula. Así, las 37.453 conversiones registradas de junio contrasta con las  85.704 prórrogas de contratos temporales. El 83% de estas, por cierto, se firmó por un periodo inferior a tres meses.

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