Economía

Los miedos de 2008 sobrevuelan Alemania: el colapso industrial amenaza con más de dos trimestres de contracción del PIB

  • Los datos de mayo amenazan la lectura de PIB del segundo trimestre
  • La industria es un 5% más 'pequeña' que antes del covid, hace ya tres años
  • La clave está en si los servicios podrán seguir sujetando la economía
Interior de una planta industrial en Alemania. Imagen: Dreamstime

La resaca de los vaivenes económicos derivados del covid y, sobre todo, el daño infligido por la guerra de Ucrania están pesando demasiado sobre la tradicionalmente economía puntera de Europa, Alemania. La siempre denominada locomotora económica de la región es ahora de las que menos está tirando del carro. Su exitoso durante años modelo de éxito basado en la industria y las exportaciones sigue 'perdiendo sangre' con cada dato y el país se encamina a un escenario inédito desde el fatídico 2008: tres trimestres consecutivos de contracción del Producto Interior Bruto (PIB). Hablando en plata: la recesión técnica (dos trimestres seguidos de contracción, -0,5% en el último cuarto de 2022 y -0,3% en el primero de 2023) se puede convertir en recesión sin paliativos.

Cuando se empezó a calibrar el dolor que iban a causar en la industria germana los rigores energéticos derivados de la decisión rusa de invadir a Ucrania (el ingente gas desde Moscú y el fin de las nucleares era el aquilatado plan energético nacional), todas las previsiones apuntaban a un invierno de pesadilla para el país (se llegó a hablar de racionamiento energético en los hogares).

Sin embargo, los primeros datos mostraban que la economía había transitado el paso experimentando solo un cierto estancamiento; gracias, sobre todo, a un invierno con temperaturas más suaves de lo esperado. La realidad se ha acabado imponiendo con las revisiones de estos datos, reflejando la citada contracción.

De cara al segundo trimestre, finalizado hace solo unos días, los datos oficiales aún están por venir, pero los indicadores prospectivos no pintan el mejor escenario. Las cifras de comienzos de trimestre hacían prever una vuelta a territorio de expansión (por pírrico que fuera este avance del PIB), pero las más recientes emiten el mensaje contrario.

El publicado este mismo viernes es bastante revelador: en mayo, la producción industrial cayó un 0,2% intermensual, frente al +0,3% de abril. La caída no solo invierte la mayor parte de la pequeña expansión de abril, sino que implica que la producción no ha recuperado nada de su caída de marzo. Si el indicador no hubiera variado en junio, habría caído un 0,7% en el conjunto del segundo trimestre.

Ampliando la mira, el panorama es más suplicante: la producción industrial sigue estando un 5% por debajo de su nivel prepandémico más de tres años después del inicio del covid. La instantánea de un triple golpe: primero la parálisis por el coronavirus, después la crisis energética y, por último, una menor demanda de bienes, primero por la preferencia hacia los servicios tras los confinamientos y después por una caída de la demanda tras las subidas de tipos.

"Las perspectivas de la industria alemana son malas. Las encuestas sobre la industria manufacturera y los datos oficiales sobre el kilometraje de los camiones en junio apuntan a una nueva contracción de la producción industrial. En términos más generales, es probable que la debilidad de la demanda interna y externa lastre cada vez más la producción. Esperamos que la caída de la producción industrial sea uno de los factores que mantengan a la economía alemana en recesión en lo que queda de 2023", valora Franziska Palmas, de Capital Economics.

En el mismo sentido se pronuncia Carsten Brzeski, estratega de ING: "El optimismo de principios de año parece haber dado paso a un mayor sentido de la realidad. Las expectativas de producción han seguido debilitándose, la cartera de pedidos se ha reducido considerablemente a pesar del repunte de mayo y la acumulación de existencias aún no ha terminado. Se trata de una combinación tóxica, que sugiere más decepciones industriales en los próximos meses. Y por si fuera poco, factores estructurales bien conocidos, como la guerra en curso en Ucrania, los cambios demográficos y la actual transición energética, seguirán pesando sobre la economía alemana en los próximos años".

El analista pone el acento en que la competitividad internacional del país se ha deteriorado en los últimos años y es probable que siga haciéndolo. En un estudio reciente, el Instituto Económico Alemán concluyó que, incluso antes del inicio de la pandemia, Alemania registró salidas netas de Inversión Extranjera Directa. Esta tendencia se aceleró en 2021 y 2022. "Con todo, los datos mensuales de los dos primeros meses del segundo trimestre no han alejado el riesgo de una nueva contracción de la economía alemana. Sería la primera vez desde 2008 que la economía se contrae durante más de dos trimestres consecutivos", sentencia Brzeski. En aquella ocasión, no obstante, la caída acabó siendo bastante más acusada que la esperada en esta ocasión: la mediana de analistas de Bloomberg contempla una contracción del 0,3% para todo 2023.

La sucesión de datos deja una dinámica clara. El sorprendente dato de pedidos industriales alemanes conocido este jueves (crecieron un 6,4% en mayo cuando se esperaba un 1%) no altera el horizonte, ya que se debió a circunstancias excepcionales: los pedidos en la categoría "otros equipos de transporte", que incluye todo, desde barcos hasta material militar, aumentaron un 137%. Sin embargo, el resto de datos coincide en la misma dirección.

El índice que mide las perspectivas de las empresas, elaborado por el instituto Ifo de Múnich, cayó el mes pasado al nivel más bajo registrado este año (cayó tres puntos hasta los 88,5), mientras que los fabricantes de automóviles, en particular, son los más pesimistas desde 2008. La debilidad de la demanda mundial persiste, según el principal grupo de presión del sector de la ingeniería del país. El índice de confianza elaborado por el instituto alemán ZEW siguió registrando en mayo una lectura negativa y sus expertos no prevén una mejoría precisamente de la economía en el segundo semestre.

Hasta ahora, la producción de las fábricas alemanas se ha visto respaldada por un gran volumen de trabajo acumulado cuando los cuellos de botella afectaron a las cadenas de suministro mundiales. Pero ese colchón se está reduciendo, lo que plantea dudas sobre si los actuales niveles de actividad pueden mantenerse. La base manufacturera alemana, espina dorsal del complejo industrial del continente, se enfrenta a continuos vientos en contra, desde la débil demanda china hasta el descenso del nivel de las aguas del río Rin, arteria clave para el transporte de mercancías pesadas. Los economistas del ZEW ya avisaron del daño a las exportaciones por la debilidad mundial, con la citada china y EEUU en el foco.

Precisamente este martes se constaban que las exportaciones alemanas siguieron débiles en mayo. Tras la fuerte caída de marzo y un leve repunte en abril, cayeron un 0,1% intermensual desde el 1,0% intermensual de abril. En el año, las exportaciones bajaron un 0,7%. Desde el verano pasado, las exportaciones alemanas han sido extremadamente volátiles. Sin embargo, la tendencia general apunta a la baja, no al alza.

"El comercio ya no es el motor de crecimiento fuerte y resistente de la economía alemana que solía ser, sino más bien un lastre. Las fricciones en la cadena de suministro, una economía mundial más fragmentada y una China cada vez más capaz de producir bienes que antes compraba a Alemania son factores que pesan sobre las exportaciones alemanas. En el primer semestre del año, la cuota de las exportaciones alemanas a China cayó hasta el 6% del total, desde casi el 8% antes de la pandemia. Al mismo tiempo, sin embargo, la dependencia de las importaciones alemanas de China sigue siendo elevada, ya que la transición energética es actualmente imposible sin materias primas o paneles solares chinos", explica Carsten Brzeski, estratega de ING.

"A muy corto plazo, el debilitamiento en curso de las carteras de pedidos de exportación, la ralentización prevista de la economía de EEUU (que representa aproximadamente el 10% del total de las exportaciones alemanas), la elevada inflación y la gran incertidumbre repercutirán claramente en las exportaciones alemanas. Uno de los pocos resquicios de esperanza para las exportaciones alemanas siguen siendo los países de Europa Central y Oriental, que actualmente representan más del 11% del total de las exportaciones alemanas", añade el economista.

El repaso continúa con los PMI, índice de gestores de compras elaborado a través de encuestas a las empresas. El PMI del sector manufacturero descendió en junio hasta los 40,6 puntos, hundiéndose en zona de recesión (por debajo de 50) y marcando la lectura más baja desde el estallido del covid en 2020. Desde julio de 2022, todas las lecturas han sido en territorio de contracción.

¿Aguantarán los servicios?

La otra cara ha estado siendo el PMI de servicios, con el sector espoleando la economía -al igual que en EEUU y entre los socios europeos- mientras la industria sucumbía en la recuperación postpandémica. Hasta junio, las cinco lecturas previas estuvieron en terreno de expansión, superando los 56 puntos en abril y mayo. Sin embargo, en junio el indicador cayó de 57,2 a 54,1, lo que puede evidenciar un cierto desgaste en el sector que ha sujetado la economía.

"La recesión industrial todavía se está compensando con una sólida demanda en el sector de servicios", opina Joerg Zeuner, economista jefe de Union Investment en Frankfurt, en un informe. "Incluso si la situación en la industria da pocos motivos para celebrar, actualmente es más probable que la economía alemana se estanque en lugar de contraerse". La gran duda es si los servicios seguirán teniendo cuerda.

El aumento del coste de los préstamos también juega en contra. Los 400 puntos básicos de subida de tipos del Banco Central Europeo (BCE) desde el verano pasado se empiezan a notar y todo apunta a que el banco central seguirá con las alzas, empezando por otra de 25 puntos básicos en julio. "Creemos que el empeoramiento de las expectativas subraya un riesgo creciente de que la economía alemana extienda la racha de caída de las impresiones del PIB al segundo trimestre (actualmente esperamos un estancamiento de la producción) y posiblemente más allá. Y lo que es más importante, dado que se espera que la desinflación continúe de forma constante, esto apunta a un creciente riesgo de endurecimiento excesivo por parte del BCE", abrocha Mateusz Urban, de Oxford Economics.

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