Economía

La UE y EEUU evitarán la recesión al cierre de 2023, pese a debilitarse

  • La fragilidad alemana y el desgaste de la demanda interna podrían truncar el ritmo del PIB español
  • Los analistas no esperan que el BCE lleve los tipos de interés más allá del 4,25%

Estados Unidos y la Unión Europea enderezan su economía tras dos trimestres de altibajos. Las previsiones sonríen al viejo continente, que podría cerrar con un tímido avance en su PIB del 0,9% -según el BCE- sorteando la recesión en la que se instaló en marzo tras la revisión de sus cifras. Una tendencia que echará a volar a paso lento en 2024, cuando se prevé un crecimiento del 1,5%, y del 1,6% en 2025. Lo mismo ocurre al otro lado del Atlántico. El pasado miércoles, el presidente de la Reserva Federal rebajó el miedo de los estadounidenses. Jerome Powell descartó la temida recesión prevista -inicialmente- para el cuarto trimestre. El responsable del banco central decidió adormecer su ofensiva contra la inflación en su última reunión, pausando la subida de los tipos y dejándola en la horquilla del 5-5,25%, su nivel más alto -no obstante- en 16 años. Las previsiones de Bloomberg apuntan a un modesto crecimiento del 1,1% en 2023 y un avance todavía menor -del 0,7%- el año que viene. Los precios tardarán en caer en Washington. El IPC estadounidense podría cerrar el año en el 4,1%, para empezar a relajarse pasado el mes de enero. Bloomberg estima que caiga al entorno del 2% en 2024, para mantenerse en ese nivel durante los años posteriores.

Aun así, los riesgos persisten, especialmente dentro de la UE. La capitulación de los principales países europeos podría acabar por lastrar el crecimiento comunitario a final de año. Alemania -considerada la locomotora europea- entró de lleno en recesión durante el primer trimestre del año. Según el panel de previsiones de la compañía estadounidense, la economía germana cerrará el año con una caída del 0,15%.

Este escenario no aplacó al BCE. Su presidenta, Christine Lagarde se mostró tajante el pasado jueves y confirmó que la institución seguirá quitando la tirita de la inflación a tirones. Tras subir los tipos otros 25 puntos básicos, la francesa anticipó una nueva vuelta de tuerca en julio, lo que llevaría los tipos al 4,25%. Sus cálculos no prometen un final. Los expertos del Eurosistema esperan que la inflación general de la UE se sitúe en un promedio del 5,4% en 2023 y del 3% en 2024, mientras que un año después estiman que será del 2,2%, todavía por encima de la meta de estabilidad de precios a medio plazo del BCE. 

Bloomberg es más pesimista -aún- con respecto al comportamiento de los precios. Calculan un IPC por encima del 6% este año, aunque pronostican una drástica caída -hasta el 2,9%- en 2024. Aun así, el objetivo del 2% no se alcanzará -vaticinan- hasta al menos el 2025, cuando la inflación caiga del 2,2%. La tendencia es exacta a la planteada para Alemania. "¿Hemos terminado el viaje? No, no estamos en nuestro destino. ¿Todavía tenemos terreno que cubrir? Sí, tenemos terreno que cubrir", respondió Christine Lagarde, abandonando la senda marcada un día antes por Powell. 

Resiliencia española

Ante esto, España parece -al menos de momento- una roca. BBVA Research fue la última de las casas de análisis en revisar al alza sus perspectivas para nuestra economía. El pasado martes anticipó una subida del 2,4% del PIB en 2023, pero una corrección a la baja del avance de 2024, hasta el 2,1%. El año marcha mejor de lo esperado, y el segundo trimestre podría cerrar con un avance del 0,7% impulsado por la demanda externa y el buen comportamiento del turismo. No obstante, la debilidad del entorno podría afectar al gran puntal sobre el que se sostiene las finanzas españolas: el buen comportamiento de la aportación del sector exterior. En concreto, los analistas de Bloomberg otorgan un PIB al 1,85% para este 2023, lejos de los pronósticos previos. Todo depende la resistencia de los grandes países emisores: Reino Unido y Alemania, y también del  BCE.

Hasta el momento España sigue cumpliendo. Cerró el mes de mayo con el IPC más bajo de la UE, en el 3,2%, y con la subyacente encarrilada en el 6,1%. Las previsiones para nuestra inflación también son mucho mejores a las del resto de socios comunitarios, al menos en 2023. Bloomberg estima que los precios cerrarán el año en el 4%, para situarse en el nivel previsto para el resto de estados miembros en los meses posteriores, aunque España podría ser -de nuevo- la primera en cumplir el objetivo de la institución monetaria en 2025, cuando su IPC caerá -si se cumplen la previsión- hasta el 1,9%. 

Sin embargo, la actividad interna parece haberse apagado. Los ahorros que las familias acumularon en pandemia siguen sin trasladarse a la economía y se mantienen ocultos en depósitos bancarios que rinden muy por debajo de lo que lo hace la presión sobre los tipos del BCE. El Banco de España estima que la mayor parte del ahorro reunido -100.000 millones de euros- se concentra en rentas altas, menos propensas a destinarlo al consumo, y en inversiones inmobiliarias y activos financieros. La demanda interna en España empieza a apagarse y la futura subida de los tipos no ayudará a despertarla. La caída acumulada del gasto en consumo de los hogares en el último trimestre de 2022 y el primero de 2023 casi alcanzo el 3%. Según el indicador CaixaBank de consumo, la actividad de las tarjetas españolas se enfrió en abril respecto a los meses anteriores y creció un 4,1% interanual, frente al 9,9% registrado en marzo. Esta debilidad ha tenido continuidad en los datos disponibles hasta la primera mitad de mayo.

Todo depende de Lagarde

No obstante, las cosas cambiarían si Lagarde echa el freno a partir de julio. Los expertos del departamento de análisis de BBVA consideran que el recorrido de la política monetaria está próximo a agotarse y no escalará más allá del 4,25%. Llegado el momento, la incertidumbre se irá disolviendo -prevén- para dar paso al retorno de la confianza, impulsado por la buena marcha del mercado laboral, y confirmando la finalización del encarecimiento del coste de financiación

Por el contrario, si la deriva de los tipos continúa, las condiciones de acceso a la financiación empeorarán y por lo tanto, seguirán hundiendo la actividad interna. "Su impacto sobre el coste del crédito en un contexto de menor crecimiento dará lugar muy probablemente a una menor demanda", afirma los economistas Fernando Rodríguez y Santiago Carbó.

"Si el BCE irá o no más allá en septiembre a una tasa de depósito del 4% es una pregunta abierta, la retórica del BCE hoy podría apuntar en esa dirección", comentan los economistas de Berenberg, "sin embargo, el BCE ahora es demasiado optimista sobre las perspectivas de crecimiento a corto plazo", añaden. Lo cierto, es que las proyecciones sobre el avance de las cosas, de aquí a final de año, serán determinantes en la futura decisión de Lagarde. Tras el verano, la francesa tendrá que tomar uno de los dos caminos. Seguir aplicando vueltas de tuerca sobre el euro, o retrasar su meta de un IPC al 2% para evitar una recesión. De sus últimas palabras del jueves se desprende la primera vía, y las consecuencias ya se dejan sentir en los cálculos de los analistas.

La presión inmobiliaria

El organismo que dirige Pablo Hernández de Cos considera que el precio de uno de los principales destinos del crédito –la vivienda- seguirá resistiendo en los elevados niveles en los que se encuentra, alejando la posibilidad de que el alquiler se relaje y mantenga la mella sobre el poder adquisitivo de los españoles. "El impacto de la subida de tipos será mayor para las hipotecas con menos de cinco años, unos 2,6 millones", apunta Raymond Torres, desde Funcas, que recuerda que el número de familias especialmente vulnerables ante el alza del euríbor se eleva a 260.000.

Además, la falta de stock inmobiliario, incapaz de asumir la demanda, amenaza con resistir a las consecuencias de un posible final de la normalización monetaria o el posible abaratamiento de los préstamos hipotecarios. "Cabe esperar una prolongación del tensionamiento en algunos mercados locales, dadas las cifras relativamente reducidas de visados de obra nueva concedidos en los últimos dos años, que son los que, aproximadamente, darán lugar a las viviendas terminadas en el próximo bienio", afirma Lucio San Juan, del departamento de Análisis de Situación Económica del Banco de España. El informe cifra en 100.000 el déficit de viviendas necesarias para cubrir la demanda. Una tarea difícil de cumplir en el medio plazo, dado que los tiempos necesarios para levantar vivienda nueva son extensos, y muy a menudo se dilatan más de lo esperado. Las políticas aprobadas por el Gobierno tardarán en tener efecto, y más en pleno periodo electoral. 

Con precios altos y condiciones financieras estrictas, la vivienda en alquiler seguirá siendo el refugio principal de los hogares, pero también el campo de batalla de las reglas del mercado. Su coste -allá donde la normativa lo permita- seguirá creciendo, tensionando la inflación y cortando el puente entre ahorros y consumo.

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