Economía

Las ETTs ya firman la mitad de los contratos fijos discontinuos

  • La reforma laboral permite hacer estos contratos para ponerlos a disposición en trabajos temporales
  • Han disparado un 924% su uso desde que la ley permite hacerlos
  • Los sindicatos culpan a las ETT de la precariedad de estos contratos y el sector lo niega

La reforma laboral de 2022 ha dado un protagonismo sin precedente a los contratos fijos discontinuos. La idea del Gobierno era que esta modalidad se convirtiera en la alternativa a los extintos contratos por obra y servicio, pero para lograrlo necesitaba contar con las empresas de trabajo temporal. Tras un inicio lleno de complicaciones, el éxito de esta estrategia ha acabado siendo rotundo: a cierre de año, la mitad de los contratos indefinidos en esta modalidad los firmaba una ETT.

Los contratos fijos discontinuos son indefinidos, pero solo hay que pagarles el salario y mantenerles en alta a la Seguridad Social mientras dura la actividad para que se les ha llamado. Siempre ha sido una ventaja en el caso de las empresas cuyas necesidades de mano de obra están muy ligadas a la estacionalidad. Es decir, que no necesitan esos trabajadores de manera continua, pero sí recurrentes. Un ejemplo claro es el turismo.   

Pero para que esta fórmula despegara y absorbiera a los contratos por obra y servicio se necesitaba que se extendiera más allá de los sectores donde estos contratos ya estaban implantados, lo que significaba llegar a empresas en las que la temporalidad no dependía de la estacionalidad.

Por este motivo se crearon cinco tipos diferentes de fijos discontinuos: además del estacional, intermitente, ligado a contratas, sector público y uno específico para ETTs.  

En este caso, se permitía a las empresas de trabajo temporal hacer contratos fijos discontinuos para poner a estos trabajadores a disposición de las necesidades eventuales de mano de obra de sus clientes.

Con ello también se eliminaba una de las barreras que las afrontaban hasta entonces las ETT para su actividad. Y es que antes del cambio legal, la jurisprudencia del Supremo les vetaba la posibilidad de recurrir a fijos discontinuos para puesta a disposición.  

El argumento del Gobierno es que esto supone una garantía para los trabajadores de ETT, que podían ser empleados para más de una actividad (y reducir así los periodos de inactividad) mientras mantenían una relación estable con la ETT. Estas, por su parte, pueden gestionar los llamamientos según su propio convenio colectivo.  

Pero la solución planteada no era la ideal para el sector, ya mantenía límites a la duración de los contratos y tampoco permitía que intermediaran en la contratación de los fijos discontinuos por parte de terceros (algo que la legislación europea permite y se hace en otros países).     

Por los recelos que suponían este desencuentro, el arranque de la medida no fue inmediato. Al nuevo papel de las ETT se le aplicó el mismo 'vacatio legis' que a la desaparición de los contratos por obra y servicio: el 30 de marzo de 2022. Pero su peso no empieza a ser significativo hasta finales del verano

Choque con los sindicatos

Los fijos discontinuos son una modalidad polémica. Su existencia puede remontarse hasta 1976, como un tipo de contrato híbrido entre temporal e indefinido, categoría en la que pasaron a integrarse en 1984, para lo que se les consideró como una categoría de jornada al margen de la completa y la parcial. 

La reforma laboral de 2012 ya supuso la primera tentativa seria de potenciar su papel, aunque sin gran éxito al margen de en regiones turísticas, como Baleares. Una década después, el acuerdo alcanzado por Yolanda Diaz con la patronal y los sindicatos dio un salto en esa dirección. La idea era evitar que la desaparición de los obra y servicio trasvasara su contratación a otras categorías de temporales.

Para ello se  ofrecía una modalidad de empleo estable pero muy flexible. Quizá demasiado: suponen más de un 30% de los indefinidos creados, pero apenas aportan un 7% de la afiliación un año después de la entrada en vigor de la reforma.

El debate asociado a los fijos discontinuos ha acabado salpicando de lleno a las ETT. Los sindicatos las culpan de la precariedad que se asocia a a estos contratos. La razón es que la flexibilidad en la puesta a disposición permite que se empleen en actividades de muy escasa duración.

El sector responde que los fijos discontinuos contratados por ETT están menos sometidos a las actividades estacionales que los del resto y los trabajadores tienen más garantizada la continuidad de su actividad. Por este motivo, la volatilidad entre contratos y trabajadores sería mucho menor que entre aquellos contratos firmados directamente por las empresas.

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