Economía

La OTAN envejece mal tras el primer año de guerra en Ucrania

  • EEUU y la OTAN no saben qué hacer y cuán lejos quieren llegar en su conflicto con Rusia
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El propósito de Estados Unidos (EEUU) y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Ucrania ha cambiado durante los últimos doce meses.

Inicialmente, Biden y su equipo perseguían dos objetivos.

El primero era estresar, desequilibrar y trocear Rusia, a través de una guerra híbrida, en la que no participaran directa y abiertamente las Fuerzas Armadas de EEUU.

En otras palabras, EEUU quería, sin que hubiera bajas de soldados estadounidenses, provocar el colapso económico de la Federación Rusa, su declaración de insolvencia internacional y su aislamiento diplomático internacional.

El fin último de todos estos efectos era que se produjera un levantamiento popular para el cambio de régimen en Rusia y la caída consiguiente de su presidente, Vladimir Putin.

Los sextantes y la brújula para esa ruta de navegación se encontraban en el informe de recomendaciones para el gobierno estadounidense, Overextending and Unbalancing Russia, que el grupo de reflexión –think tank, en inglés– RAND Corporation había publicado el 25 de mayo de 2019.

Lo que se buscaba era derrotar a Rusia, militar o estratégicamente, como se ha dicho en Washington, D.C. y en Bruselas, y, para ello, Estados Unidos estaba dispuesto a sacrificar hasta la última gota de sangre del último ucraniano y a gastar hasta el último céntimo de euro del último europeo.

Ninguno de estos objetivos estratégicos, militares, diplomáticos o económicos de EEUU y de la OTAN se han alcanzado.

Rusia no se ha quebrado económicamente, más bien lo contrario, no ha sido aislada internacionalmente, ha sucedido lo opuesto, y prevalecerá militarmente porque este conflicto representa una amenaza y una guerra existenciales para la nación rusa.

La segunda intención de Estados Unidos con esta guerra híbrida que provocó en Ucrania era robarle Europa como cliente energético a Rusia.

Con ello, EEUU quería acabar con el suministro de energía barata desde Rusia, que era uno de los dos elementos centrales de la ventaja competitiva de la economía alemana, o lo que es lo mismo, de la economía europea, además del acceso al mercado chino. Esta meta sí ha sido plenamente cumplida.

El estado de la economía europea es prueba palpable de lo anterior.

El sabotaje del Nord Stream por parte de EEUU, con la ayuda del gobierno noruego, muestra hasta dónde estaban dispuestos a llegar Biden y su equipo para alcanzar ese objetivo y para suministrarle gas natural licuado (GNL) estadounidense a Europa como alternativa.

Oslo, por su parte, ambicionaba sustituir a Rusia como proveedor de petróleo para Alemania y para Europa a un precio más caro que el ruso.

Así lo denunció Seymour Hersh, el veterano periodista estadounidense de investigación, en su cuenta de substack, el 8 de febrero de 2023, How America Took Out The Nord Stream Pipeline.

Días después de publicar esta información, Hersh anunció que, en breve, habrá revelaciones adicionales sobre una acción más bien propia del terrorismo internacional.

Dicho acto de sabotaje de EEUU, con la cooperación necesaria de Noruega, no sólo fue de un cinismo y de una maldad estomagantes, sino que podría considerarse como un acto de guerra de los estadounidenses hacia los propietarios del Nord Stream, es decir, Rusia, pero, también, Alemania, supuesto aliado estadounidense.

Un año después del comienzo de la guerra en Ucrania, el estado de la OTAN es lamentable y el reforzamiento inicial de la cohesión que aquel generó entre sus socios ha desaparecido.

El número de países disidentes crece y hoy parece que hay, en vez de una, cuatro OTANs, la de EEUU y de Canadá, la de Francia y de Alemania, la de Polonia y de los tres países bálticos –todos ellos rabiosamente rusófobos– y la de aquellos que toman distancias del precipicio hacia el que Washington quiere arrástrales, como son Turquía, Hungría, Croacia o Austria.

Asimismo, está por ver, todavía, que Turquía vaya a permitir el ingreso de Finlandia y Suecia en la Alianza Atlántica.

En paralelo, Rusia, por la fuerza de los hechos, ha impuesto su derecho a veto al ingreso de Ucrania en la OTAN.

A la vista de los acontecimientos del último año, EEUU y la OTAN están paralizadas y no saben qué hacer y cuán lejos quieren llegar en su conflicto con Rusia.

Tres ecenarios poco positivos

Los tres escenarios inmediatos no son muy buenos para Estados Unidos y para la OTAN:

1. O bien Occidente negocia con Rusia un compromiso que acepte la realidad en el teatro de operaciones –Crimea, Luhansk, Donetsk, Zaporoyie, Jerson, Odesa, Nikolayev y, probablemente, Járkov como regiones integrantes de la Federación Rusa– y las demandas de seguridad existenciales de Rusia, especialmente, el olvido, para siempre, de la incorporación de Ucrania a la OTAN.

2. O bien Ucrania quedará destrozada como país y, por lo tanto, no podrá incorporarse ni a la Unión Europea (UE), ni a la OTAN.

3. O bien, por último, nunca se puede descartar que el equipo de política exterior de EEUU más incompetente y siniestro que se recuerda –Biden, Blinken, Sullivan y Nuland– quiera escalar el conflicto y arrastrarlo a un enfrentamiento espacial, en primer lugar, y a uno nuclear, a continuación, y, asimismo, empujar a la OTAN a una guerra contra China en Asia y en el Pacífico.

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