Economía

El BiS explica por qué el BCE no puede quebrar pese a las pérdidas históricas: "Es el precio para controlar la inflación"

  • Las pérdidas de los bancos hoy no tienen por qué repetirse en próximos ejercicios
  • BiS: "Los bancos centrales están protegidos de la quiebra ordenada por un tribunal"
  • Son muchos los bancos que han operado con patrimonio neto negativo
Foto de iStock

La banca central en los países avanzados está sufriendo pérdidas históricas. La fuerte subida de los tipos de interés está generando una pérdida contable de cientos de millones de euros que ha levantado mucha expectación entre analistas y el público en general. ¿Cómo puede ser que las entidades que 'crean' el dinero tengan pérdidas millonarias? El 'sinsentido' puede ser aún mayor si se tiene en cuenta que son los propios bancos centrales los que están generando este 'agujero' contable con sus propias políticas. Sin embargo, lo cierto es que no existe ningún sinsentido, puesto que el objetivo de los bancos centrales no es ganar dinero, sino mantener la inflación dentro de un objetivo. "Las pérdidas millonarias de los bancos centrales son el precio que tienen que pagar para controlar hoy la inflación".

Así de claro lo expresa el Banco Internacional de Pagos o BiS (el banco central de los bancos centrales) en una nota publicada este mes que intenta explicar la extraña situación que están atravesando estas entidades. Además, esta publicación casi coincide en el tiempo con las pérdidas que ha presentado el Banco Central Europeo este jueves, que suman más de 1.600 millones de euros, aunque la institución europea ha usado su colchón de provisiones para cubrirlas.

¿Por qué pierden dinero?

Los bancos centrales, además de mover los tipos de interés, han echado mano a sus balances en las últimas décadas como una herramienta para perseguir objetivos macroeconómicos y de estabilidad financiera. Después de la Gran Crisis Financiera (GFC), algunos bancos centrales de las economías avanzadas utilizaron programas de compra de activos (APP o QE) u otros programas de inyecciones de liquidez para conseguir sus objetivos.

Estas medidas inundaron de liquidez los mercados. Los bancos centrales apuntaban en su activo los bonos que adquirían, mientras que en el pasivo aparecían las reservas bancarias (cuando un banco central compra bonos entrega liquidez o reservas para ello). Estas reservas reaparecen en su balance en forma de pasivo en cuanto los bancos comerciales las vuelven a depositar en su balance con el banco centra tal.

"Al realizar estas operaciones y para perseguir sus objetivos de política, los bancos centrales tomaron posiciones financieras que influyen en sus ganancias y pérdidas como un subproducto", aseguran los economistas del BiS. Cuando los bancos centrales aumentan los tipos de interés para frenar la inflación, sus ingresos netos por intereses disminuyen, puesto que una gran parte de sus pasivos están vinculados a los tipos de interés que ellos mismos manejan.

Eso es lo que está ocurriendo ahora mismo. El BCE y la Fed están pagando miles de millones a los bancos por tener su dinero aparcado en el banco central (el BCE un 2,5% y la Fed más de un 4%), mientras que apenas reciben nada por la deuda pública y privada que tienen en su balance (esta deuda fue comprada cuando los tipos eran muy bajos y vale cada vez menos a medida que suben los tipos). Los bancos centrales pagan cada vez más por su pasivo, mientras que por su activo reciben muy poco.

La valoración de los activos

Por otro lado, "las valoraciones de activos también disminuyen con el aumento de los rendimientos de los bonos, poniendo mayor presión sobre la rentabilidad de los bancos centrales utilizando un tratamiento contable que reconoce los cambios en los valores de mercado al calcular las ganancias netas. Como reflejo de esta dinámica, algunos bancos centrales han reportado pérdidas recientemente y se espera que esta tendencia siga en aumento", sostiene el informe del BiS.

Esta situación podría descapitalizar a los bancos centrales, poniendo en un aprieto a gobiernos y a los propios institutos monetarios. No obstante, esto solo ocurriría si esta situación de pérdidas se prolonga en el tiempo. El BCE, por ejemplo, tiene aún un colchón que supera los 6.500 millones de euros para hacer frente a pérdidas futuras. De producirse el 'rescate' o recapitalización por parte de los gobiernos forzaría a que la unión entre ambos (gobiernos y bancos centrales) tuviera que ser aún más estrecha para salvar los 'muebles', lo que generaría cierta controversia.

En algunos casos y dependiendo de los enfoques contables, las pérdidas son considerables y pueden resultar en patrimonio negativo. Aunque la rentabilidad de los bancos centrales también se ve influida por las operaciones de cambio de divisas y las valoraciones de las reservas internacionales, el informe del BiS se centra en los activos nacionales o regionales, es decir, en los bonos soberanos de las jurisdicciones sobre las que rige su política monetaria.

¿Puede quebrar un banco central?

"Aunque las pérdidas de un banco central afectarán las finanzas públicas consolidadas, el objetivo no es que el banco central sirva como fuente de ingresos para los gobiernos: la banca central existe para cumplir con sus mandatos de política, incluida la estabilidad financiera y de precios. Por lo tanto, el éxito de sus intervenciones siempre debe juzgarse en función de si cumplen estos mandatos. A diferencia de los bancos comerciales, los bancos centrales no buscan beneficios, de modo que no pueden ser insolventes en el sentido convencional, ya que pueden, en principio, emitir más moneda para cumplir con las obligaciones en moneda nacional y no se enfrenta a ningún tipo de mínimos regulatorio de capital precisamente debido a su propósito único", explican los expertos del BiS.

"En consecuencia, los bancos centrales están protegidos de la quiebra ordenada por un tribunal y están respaldados (indirectamente) por los contribuyentes. Estas disposiciones permiten a los bancos centrales operar con éxito sin capital y soportar períodos prolongados de pérdidas y patrimonio negativo. La historia ilustra claramente esto. Varios bancos centrales tenían capital negativo, pero cumplieron plenamente sus objetivos; por ejemplo, los bancos centrales de Chile, República Checa, Israel y México experimentaron años de capital negativo. Entre 2002 y 2021, unos 10 de los 32 bancos centrales tuvieron patrimonio neto negativo, solo brevemente en muchos casos, pero durante más del 30% del tiempo en tres de ellos. Pero en todo momento se mantuvo la estabilidad financiera y de precios", señalan los expertos del BiS.

Riesgos de la banca central

No obstante, el BiS también deja una advertencia: los bancos centrales no pueden quebrar, pero no son intocables. "Puede haber situaciones excepcionales en las que percepciones erróneas y la dinámica de la economía política puedan interactuar con las pérdidas y comprometer la posición del banco central. Si hay una mala gestión macroeconómica y el Estado carece de credibilidad, las pérdidas pueden erosionar la reputación del banco central, lo que puede poner en peligro su independencia e incluso provocar el colapso de la moneda", sostienen estos expertos.

Además, la credibilidad del banco central también podría estar en riesgo si carece de recursos suficientes para financiar sus necesidades operativas, como la capacidad futura de generar ingresos o la recapitalización con ayuda del gobierno como última opción. No obstante, todas estas opciones parecen, por ahora, un tanto lejanas en Europa o EEUU, aunque sí se han podido ver en otras regiones con economías frágiles.

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