Economía

Comienza en Ucrania la campaña de invierno al ritmo que marca Putin

  • La guerra continúa al ritmo que marca la Rusia de Vladimir Putin
Foto: Reuters

Rusia prevalecerá en el conflicto militar híbrido que EE. UU. y sus aliados de la OTAN y de la UE le han planteado a través de su apoderado, Ucrania. Rusia ya ha hecho fracasar a Occidente en su doble intento de aislarla diplomáticamente y de provocar la suspensión de pagos de sus obligaciones. Al terminar 2022, la economía rusa ha pasado de ser la decimoprimera del mundo a ser la novena, al superar a las de Italia, de Corea del Sur y de Brasil.

India ha incrementado, desde febrero de 2022, sus compras de petróleo ruso por un múltiplo de 36, desde los 30.000 barriles al día hasta los 1,08 millones de barriles al día, y ha superado a China, que compra 830.000 barriles de petróleo ruso al día, como el mayor cliente de Rusia en este mercado. Un número creciente de países están abandonando el dólar estadounidense y el euro como monedas estándar para el comercio bilateral, como, por ejemplo, India, China o Arabia Saudí.

Por último, en el mercado hay rumores de que Rusia lleva meses, de forma discreta, deshaciéndose, con rentabilidades significativas, de los activos que, por valor de $300 millardos, Occidente le había bloqueado en una cuenta del banco JP Morgan en la ciudad de Nueva York.

La cumbre Rusia-Unión Africana que se celebrará en San Petersburgo, en julio de 2023, hará bien visible la malla de relaciones diplomáticas que la Federación Rusa está tejiendo en el mundo. Xi Jinping define su relación con Vladimir Putin como una asociación estratégica sin límites, ex colonias del Reino Unido, como Sudáfrica o como India, han resistido la presión de EE. UU. para que se pusieran de su lado frente a Rusia y Arabia Saudí, el gran aliado de EE. UU. en el Próximo Oriente, ha liderado la oposición de la OPEC+ al intento del G7 y de la UE de imponer un precio máximo al barril de petróleo en los mercados.

Rusia marca el paso

Sobre el terreno, la guerra continúa al ritmo que Rusia quiere. Al comienzo de la llamada Operación Militar Especial (OME), Rusia fintó en el norte con intentos de asalto a Kiev y a Járkov, que fijaron a gran parte de las Fuerzas Armadas ucranianas.

Mientras tanto, en el sur, las fuerzas rusas se hicieron con el pasillo terrestre, crítico para Moscú, que va desde la desembocadura del río Dniéper hasta Mariupol, lo que convirtió el Mar de Azov en un mar ruso, y acabará dejando a Ucrania como un país sin salida al Mar Negro.

A continuación, el intento ruso de buscar una solución rápida y negociada con el gobierno de Zelensky, que estuvo a punto de cerrase gracias a la intermediación de Erdogan en Ankara, en marzo de 2022, fue saboteado por EE. UU. y por el Reino Unido. Ambas potencias enviaron a Boris Johnson a Kiev para que le diera al presidente ucraniano las instrucciones correspondientes al respecto.

A partir de entonces, Rusia nombró a Sergey Surovikin como el único general al mando de todas las operaciones en Ucrania y la OME, sin cambiar oficialmente su denominación, empezó a ser planeada y desplegada como una guerra propiamente dicha por parte de Rusia.

Desde septiembre de 2022, el objetivo prioritario de Rusia está siendo la eficacia, por encima de la rapidez, a la hora de aniquilar concienzudamente al ejército ucraniano y a todas las infraestructuras civiles, energéticas y de transporte ferroviario que le dan apoyo.

El ejército ruso está dedicado a este esfuerzo, especialmente, en las regiones del Donbás y del sur del país.

El coste humano y en material para Ucrania es demoledor. A la presidenta de la Comisión Europea se le escapó hace semanas que las muertes del ejército ucraniano superan las 100.000, a las que habría que sumarle, de acuerdo con los estándares militares, tres veces esa cifra por heridos en combate.

El teatro de combate

Se acerca el momento que Surovikin estaba buscando: una combinación de suelo endurecido por el hielo en el teatro de combate, que durará desde el final de la Navidad ortodoxa hasta finales de febrero, y unas Fuerzas Armadas ucranianas sin logística ferroviaria, sin energía y sin defensa aérea alguna.

Esa sería la ocasión para que entraran en acción, por primera vez, los bombarderos estratégicos rusos para liquidar sin oposición las posiciones ucranianas. El Ejército de Tierra ruso podría, simultáneamente, desplegar alguna de las tres opciones siguientes.

La primera sería un empuje desde Bielorrusia hacia el sur, alrededor de Lviv, en el oeste ucraniano, para taponar la llegada de armamento occidental al teatro de batalla a través de la frontera polaca.

En segundo lugar, podría producirse, también, una entrada desde Bielorrusia hacia el sur, en el entorno de Járkov, para impedir el retroceso ordenado de las fuerzas ucranianas que combaten en el este.

Por último, Surovikin podría ordenar el asalto final en el este para hacer colapsar la línea de defensa ucrania entre Kramatovsk y Slaviank. Ucrania no tiene posibilidades realistas de vencer, a pesar del dinero y de las armas que está recibiendo de Occidente.

Quizás, el tiempo de Zelensky se esté acabando y su visita a Biden en Washington haya sido un gesto final de despedida hacia el primero por parte del segundo. Biden, asimismo, habría agendado este encuentro en el calendario de tal forma que pudiera ser manipulado al servicio de la aprobación en el Congreso del presupuesto estadounidense de 2023, que incluye las ayudas a Ucrania.

Durante la rueda de prensa conjunta de Biden y de Zelensky en la Casa Blanca, tras su encuentro de cuatro horas, Biden le dijo a Zelensky, mientras leía las cartulinas de notas que le preparan sus ayudantes, "eres un héroe que estás dispuesto a morir por tu país".

¿Fue esa frase un anticipo de una decisión ya tomada por el equipo de Biden de soltar amarras y convertir a Zelensky en la cabeza de ucraniano, que no, de turco, de esta guerra, antes de intentar un arreglo diplomático con Moscú?

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