Economía

Subvencionar sus salarios reduce más el riesgo de los jóvenes de volver a estar en paro

  • Un estudio analiza la eficacia de un modelo aplicado en Alemania, Estados Unidos y Finlandia
  • Reducen la rotación en su futuro frente a los que firman contratos en prácticas convencionales
  • La experiencia adquirida en estos empleos es clave para su empleabilidad en el futuro

El desempleo de los jóvenes españoles alcanzó una tasa del 27,1% en mayo, la más alta de la Unión Europea, sin que las políticas para incentivar su contratación parezcan suficientes para reducir este diferencial. Un estudio analiza por primera vez en nuestro país la eficacia de hacerlo subvencionando los salarios.

El debate sobre las subvenciones salariales para colectivos "de difícil empleabilidad", como los jóvenes sin experiencia, no es nuevo en España. Se trata de un modelo conocido y empleado en Alemania, Estaos Unidos o Finlandia.

Aunque en nuestro país siempre se ha visto con recelo, ante el temor de que solo sirva para que las empresas puedan pagar sueldos más bajos por unos trabajadores a los que, seguramente, habría contratado sin incentivos. Es lo que se denomina el "peso muerto".

Por ello, siempre se han utilizado mayoritariamente las vías de reducciones y bonificaciones en las cuotas a la Seguridad Social, una partida a la que solo el Ministerio de Trabajo destina cerca de 1.800 millones de euros en 2022, a los que se suman las aportaciones de las comunidades autónomas, y que alcanzan a la mayoría de contratos para estas personas con dificultades para encontrar un empleo. 

Ello no significa que no se hayan puesto en marcha iniciativas que utilizan las subvenciones. Un ejemplo destacado es el programa 'Lehen Aukera' del Servicio Público de Empleo Vasco, Lanbide. El programa consiste en ayudas directas a empresas que "abaratan" la contratación de jóvenes sin empleo menores de 30 años y con ninguna o escasa experiencia profesional.

La dotación es de 4 millones de euros anuales para unas ayudas que oscilan entre los 3.500 euros para un contrato en prácticas de un graduado de FP a los 12.700 euros para un contrato indefinido de un titulado universitario, cifras que aumentan entre 350 y 1.200 euros en el caso de las mujeres.

Un estudio de la Fundación Iseak elaborado por Sara de la Rica, David Martinez de Lafuente e Imanol Lizarraga analiza los resultados de este programa en la empleabilidad de sus beneficiarios entre 2017 y 2019. Para ello recurre a una novedosa metodología de "matching" o emparejamiento entre estos jóvenes y un grupo de control con un perfil similar.

Este grupo lo componen jóvenes que han firmado un contrato temporal o en prácticas, bonificado o no, en un periodo de entre 3 y 12 meses, la misma duración de la subvención del programa Lehen Aukera, con cuyos beneficiarios se comparan.

Mejor futuro laboral sin 'peso muerto'

Esto sirve, en primer lugar, para contrastar la acusación de "peso muerto" sobre estas políticas, un riesgo que el análisis considera "muy limitado" en este caso, ya que las diferencias tanto en probabilidad de caer en desempleo como en la calidad de los contratos son sustanciales entre los beneficiarios y el grupo de control.

Dicho de otro modo, las subvenciones de Lehen Aukera no parecen subvencionar experiencias profesionales que se hubieran producido con independencia de las ayudas, "lo que implicaría un gasto ineficiente e ineficaz para la creación de empleo", según señala el informe.

En este sentido, David Martínez de Lafuente señala a elEconomista que "las instituciones deberían investigar más el grado de peso muerto de sus intervenciones" sobre estos colectivos de desempleados.

Aunque la principal ventaja se aprecia cuando el programa termina. El informe determina que las personas beneficiarias tienen una probabilidad "sustancialmente" menor de encontrarse en paro que los miembros del grupo de control, 6 puntos inferior. Además, si esto ocurre reducen un 50% su duración en el desempleo respecto al grupo de control.

Otro efecto es que se incrementa de manera sustancial el número de días trabajados. Se detectan aumentos de entre 53 y 63 días en el año posterior a la finalización de las ayudas. "Esto supone mejoras del tiempo trabajado de aproximadamente 26-29% sobre lo hallado en el grupo de control", incide el documento.

Los autores concluyen que este resultado no se debe tanto a la "inclusión laboral" durante el programa, aunque potencie los contratos indefinidos, como que este propicia la adquisición de mejores experiencias profesionales, que resultarán mucho más atractivas en el mercado laboral.

¿Es extrapolable a otros colectivos?

La pregunta ante este análisis es si una iniciativa como esta es extrapolable a otros colectivos, como el de mayores de 45 años.

En este sentido, David Martínez de La Fuente señala a elEconomista que diversos análisis en otros países apuntan a que este tipo de programas parecen ser menos efectivos en el colectivo de mayores que en el de jóvenes.

"Resulta posible que el programa Lehen Aukera haya sido efectivo precisamente porque las personas beneficiarias tenían poca o ninguna experiencia profesional", admite, aunque recalca que la clave es el diseño para ver si un programa como el vasco es extensible a otro tipo de beneficiarios, así como a otras regiones.

"Sería interesante que las instituciones experimentaran con programas similares en otros lugares para conocer el grado de efectividad de este tipo de iniciativas y dar con la tecla en cuanto al diseño", recalca.

El investigador explica que las condiciones económicas locales, el nivel de productividad de las empresas y el nivel formativo de las personas beneficiarias "son factores relevantes que pueden alterar y condicionar la efectividad de este tipo de programas".

No obstante, señala que el estudio revela que la eficacia del programa se extendió a todos los colectivos de beneficiarios menores de 30 años, con independencia de la edad, formación o género.

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