Economía

El derrumbe del sector inmobiliario está arrastrando a la economía de China a 1990

  • Las previsiones de crecimiento para China en 2022 no paran de caer
  • China quiere pasar de una economía intensiva en construcción a una tecnológica
  • El cambio no es sencillo, puesto que ni el capital ni el trabajo es intercambiable
Zona de obras en Pekín. Foto de Alamy

La economía de China se está desacelerando más deprisa de lo previsto. Aunque los problemas con el suministro eléctrico se están resolviendo (a base de contaminar más), la caída del sector inmobiliario está congelando la actividad económica del país, que podría caer a los mínimos registrados en 1990, un precio que el presidente Xi Jinping parece estar dispuesto a pagar para reducir su dependencia del sector inmobiliario.

La presión de Pekín sobre el sector inmobiliario se prolongará el próximo año y más allá, una decisión que muchos no habían visto venir y que ahora ha llevado a bancos como Goldman Sachs, Nomura o Barclays a reducir sus previsiones de crecimiento en 2022 a por debajo del 5%. Sin contar el año del covid, este sería el crecimiento más débil en más de tres décadas.

China venía creciendo a un ritmo anual que superaba con facilidad el 6 y 7%. Dado el estatus de China como la segunda economía más grande del mundo, esta profunda ralentización supondrá una demanda más suave de materias primas que afectará a países como Australia, Indonesia y a los países de la OPEP. Un gasto más lento por parte de los consumidores chinos también puede mellar los ingresos de firmas de renombre como Apple o Volkswagen, advierten los expertos de Bloomberg

Las previsiones de crecimiento son cada vez más pesimistas
Las previsiones de crecimiento son cada vez más pesimistas

Los economistas se están dando cuenta de que el Politburó del Partido Comunista, el máximo órgano de toma de decisiones, hablaba en serio cuando prometió no utilizar el sector inmobiliario para estimular la economía como lo hizo después de recesiones pasadas. Los funcionarios aseguran que el exceso de oferta de viviendas es una amenaza para la estabilidad económica y quieren que la inversión se dirija a sectores prioritarios como la industria de alta tecnología en lugar levantar de más apartamentos.

Una transición compleja

La transición no resulta sencilla, puesto que son sectores muy diferentes que requieren perfiles de capital humano y tecnológico distintos. No se puede reconvertir a los trabajadores de la construcción en personal de empresas tecnológicas de forma sencilla, tampoco se puede usar la maquinaria de la construcción para fabricar chips u ordenadores. 

"El presidente Xi cree que el sector inmobiliario es demasiado grande", asegura Chen Long, economista de la consultora Plenum, con sede en Pekín. "Xi está personalmente involucrado en las políticas inmobiliarias, por lo que los ministerios no se atreven a flexibilizar las políticas sin su aprobación".

Rob Subbaraman, economista jefe de Nomura, estima que la desaceleración de China al 4,3% el próximo año desde el 7,1% de este año "puede reducir directamente el crecimiento del PIB mundial en alrededor de 0,5 puntos porcentuales". Beijing está dispuesto a "sacrificar algo de crecimiento a corto plazo por una mayor estabilidad a largo plazo", dijo.

Brotes de covid

El gasto débil de los consumidores es otro lastre para la economía, con la tolerancia cero de China a los brotes esporádicos de coronavirus y las estrictas medidas de bloqueo que asustan a los consumidores y obligan a cerrar las empresas.

"En el caso de una política de covid cero más duradera en China o una recesión inmobiliaria mucho más profunda, el crecimiento del PIB en 2022 podría caer al 4%", asegura Tao Wang, economista jefe para China de UBS AG, en una nota replicada por Bloomberg.

El sector inmobiliario de China es el mayor signo de interrogación sobre la economía debido a su enorme tamaño: cada año se construyen más de 900 millones de metros cuadrados de apartamentos, según muestran los datos oficiales.

Esa inversión, más la producción de sectores relacionados como la producción de acero y cemento, representa entre el 20% y el 25% del PIB de China, estiman los economistas, aunque hay que decir que algunos cálculos llevan este ratio hasta el 30% del PIB. Cualquier desaceleración, o una caída absoluta, en el inmobiliario dejaría un vacío en la economía que la expansión en ningún otro sector podría llenar fácilmente.

"La desaceleración del mercado de la vivienda China es un gran problema para la economía mundial, y sobre todo es probable que sea el mayor viento en contra para la economía china el próximo año", asegura Larry Hu, economista jefe para China de Macquarie.

La construcción vivienda impulsó la recuperación económica en forma de V de China tras la pandemia, pero el sector ha en contracción este verano después de que Pekín haya ejercido una presión intensa sobre la concesión de préstamos hipotecarios y sobre el crédito a promotores, lo que ha llevado a firmas como Evergrande a coquetear con el default.

El descenso más espectacular se ha producido en los proyectos de vivienda recién iniciados, la parte más intensiva en acero de la construcción inmobiliario, que cayó más de un 33% interanual en octubre, el mayor descenso registrado. Esto a su vez puede afectar a las fundidoras y a las mineras.

Los promotores inmobiliarios obtienen la mayor parte de su financiación vendiendo viviendas a los hogares antes de que se construyan. Un retroceso en los préstamos hipotecarios y un creciente pesimismo sobre el mercado inmobiliario entre los hogares están provocando una caída de las ventas.

Aunque el Banco Popular de China anunció un ligero repunte en los préstamos hipotecarios en octubre, "el gobierno no pretende estimular el mercado por esa vía aunque se derrumbe", asegura Rosealea Yao de Gavekal Dragonomics. El reciente anuncio de Pekín para probar un impuesto a la propiedad tiene precisamente como objetivo desalentar la compra de vivienda como inversión, lo que dañará aún más la confianza en las ventas.

Como resultado, varios economistas están vaticinado una caída del 10% en la construcción de nuevas viviendas el próximo año. No obstante, Pekín está preocupado por los riesgos que entraña para la estabilidad social, puesto que muchas viviendas sin terminar están ya vendidas a familias que ahora podrían haber perdido sus ahorros y su casa. Esto podría llevar a Pekín a buscar fórmulas para asegurarse de que los proyectos existentes estén terminados, lo que a su vez reduciría el impacto sobre la inversión en construcción.

Morgan Stanley prevé un crecimiento del 2% en la inversión inmobiliaria el próximo año, lo que supondría una drástica caída desde la tasa previa a la pandemia del 8%. Otros, como UBS, son más pesimistas y pronostican una caída del 5%.

Un desaceleración larga

La desaceleración podría durar años. Goldman Sachs espera que el sector de la vivienda reduzca el crecimiento del PIB en un punto porcentual anual cada año hasta 2025.

Aunque Pekín tiene mucho control sobre el mercado de la vivienda, aún es posible que la desaceleración tenga una dinámica que se refuerce a sí misma que podría ser difícil de controlar para las autoridades, lo que llevaría a una desaceleración aún más aguda que las previsiones más pesimistas. Por ejemplo, los hogares chinos tienden a evitar la compra de propiedades cuando los precios están cayendo, lo que puede conducir a menores ventas y más caídas de precios: un círculo vicioso en toda regla.

Si Pekín se toma en serio la resolución de los desequilibrios en el mercado inmobiliario, se requeriría una "desaceleración de varios años en la actividad de la construcción, lo que sin duda desacelerará la economía dado el peso del sector inmobiliario", dijo Logan Wright de Rhodium Group. "Mucho todavía depende de lo que haga Pekín en los próximos meses".

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