Deporte y Negocio

Ruta Xacobea AC Hotels: Hoy tenemos que hablar de Coppi

  • La 29 Ruta Xacobea AC Hotels llega a Galicia tras recorrer 700 kilómetros
  • Ciclistas peregrinos no eran Fausto Coppi pero igualmente parecían "el sol en bicicleta"
Integrantes ciegos de la Ruta Xacobea AC Hotels, con sus tándems.
Portomarín

"Montar en bicicleta. Montar en bicicleta. Montar en bicicleta". El ciclista italiano Fausto Coppi podía haber repetido la misma frase otro puñado de veces y quedarse corto cuando le pidieron un consejo para mejorar en ciclismo. Idéntica receta serviría para cualquier otra ocupación, siempre y cuando se cite como autor de la agudeza a 'Il Campionissimo'. Por su parte, Jacques Anquetil tenía una recomendación algo más trivial: "para preparar una carrera no hay nada mejor que un buen faisán, champán y una mujer". Pero dejemos a un lado al francés porque hoy tenemos que hablar de Coppi.

El ciclista más legendario de este deporte -siempre predispuesto a producir mitos- encarna a la vez "el coraje, la inteligencia, el buen porte y la desgracia", según describe Marc Augé en su 'Elogio de la bicicleta'. El considerado primer ciclista moderno soñaba con ganar carreras cuando pedaleaba de pequeño, aquejado de raquitismo, mientras repartía los pedidos de la tienda de embutidos en la que trabajaba. Pero ni en el mejor de sus anhelos, el ganador de siete grandes vueltas podría aspirar a ser objeto de uno de los textos (posiblemente), más hermosos jamás escritos sobre un deportista. Lo hizo Jean Bobet, en su novela 'Mañana salimos' (editorial Colección Leyenda): "Está llegando. Me adelanta por la izquierda. No me ve. Viaja en una bolsa de aire. Sus largas piernas giran a toda velocidad. Está agarrado a la parte de arriba del manillar. Es una visión sublime... nunca olvidaré aquella imagen. Un día, envuelto en una nube de polvo dorado, vi el sol en bicicleta entre Grossetto y Follonica".

Salvando distancias siderales, el pelotón de la Ruta Xacobea AC Hotels también ha sido testigo hoy de centellas rodantes en su etapa entre Ponferrada a Portomarín, de 120 kilómetros. Mientras la mayoría se retorcía para producir la siguiente pedalada, unos pocos levitaban sobre el asfalto, dejando a su paso una ráfaga de viento y admiración. Y algo parecido sucedía en los descensos, cuando los tándems con los ciegos pasaban en un 'visto y no visto', a más de 80 kilómetros por hora.

"Los tándems de los ciegos bajaban los puertos en un 'visto y o visto', a más de 80 kilómetros por hora"

Los aficionados al ciclismo en ruta, como los estudiantes, siempre tienen un motivo para la preocupación. Para unos son los puertos y para otros los exámenes. Según se dejan atrás, toca buscar el siguiente objeto de desvelo. Hoy la desazón se llamaba Alto y se apellidaba Cebreiro. Los 17,7 kilómetros de ascensión, con tramos del 7,7%, eran un llamamiento al respeto. Dejar atrás la comunidad castellana leonesa y saludar a la gallega siempre tiene premio: la ermita de Santa María La Real do Cebreiro. Tras un caldo gallego memorable, el pelotón disfrutó de una parada física y espiritual y visitó ese santuario de obligado cumplimiento para los peregrinos.

El milagro del Santo Grial gallego

Porque la cultura y el ciclismo hacen buenas migas, la ruta Xacobea AC Hotels pelotón retomó la marcha tras conocer un milagro que apetece recordar. Cuenta la historia popular que la reina Isabel la Católica llegó a este templo del siglo IX y quiso hacerse amiga de lo ajeno, en concreto, del Santo Grial del Cebreiro. Lo que, en este caso, viene a ser un cáliz y una patena. En la copa se transformó el vino en sangre de Cristo y en el pequeño plato de metal reposó una hostia que transmutó en carne. Hasta la imagen de la Virgen San María, allí expuesta, cobró vida e inclinó la cabeza. Y todo eso ocurrió cuando un campesino del vecino pueblo de Barxamaior fue a recibir la comunión en esa capilla, desafiando a la nieve y el viento del feroz invierno. Ante tan singular episodio, la reina escamoteó las reliquias entre su regio equipaje. "Majestad, reconsidere su actitud porque por eso no pasamos", debieron afearle a la señora cuando pretendió beneficiarse de aquellos tesoros. La monarca de Castilla se avino a razones y devolvió su botín, el mismo que ahora se testimonia en el escudo de Galicia, representado con un cáliz y una hostia.

Sexta etapa: Confianza ciega sobre dos ruedas

Cuarta etapa: El ciclismo es un estado de ánimo

Tercera etapa: "He sido pobre y he sido rico, y créanme, es mejor ser rico"

Segunda etapa: La fe de Antequil llega al Camino de Santiago

Primera etapa: El calor está sobrevalorado

comentariosforum0WhatsAppWhatsAppFacebookFacebookTwitterTwitterLinkedinlinkedin
FacebookTwitterlinkedin