Cataluña

Opinión: Lecciones de la invasión rusa a Ucrania

El abogado Juan Carlos Giménez-Salinas. Foto: Luis Moreno.

La primera reflexión es la de que siempre existen líderes megalómanos que pretenden la conquista de territorios nuevos para ampliar sus patrias con el sueño de convertirlas en imperios. Imbuidos por la historia de su país con nostalgia y de un modo sesgado, para convencerles que dicha lectura les indica el camino a seguir. Se justifican a si mismos y a sus conciudadanos mediante interpretaciones interesadas que se llegan a creer y en consecuencia inician acciones bélicas terroríficas que asolan territorios y vidas aniquilando esperanzas, destruyendo familias y pueblos.

Para ellos no existe modernidad, civilización, cordura, templanza, no existe el derecho ni la fraternidad. Cualquier barbaridad se justifica en aras de un destino histórico. Los avances en todos los ordenes que ha conseguido nuestra civilización son inútiles frente al sueño de un ayer que desean alcanzar.

La razón y la ley son ineficaces frente a la ambición sin límites. Hemos de ser conscientes de ello y, ante estas actitudes, son inútiles la palabra, la amenaza, las medidas coercitivas, los tribunales y los organismos internacionales.

La segunda reflexión es que cualquier país o territorio precisa poseer como propio un ejército defensivo. Europa, defensora a ultranza del diálogo y la negociación, ha sido la primera en advertirlo y ha conseguido unirse para hacer frente a actitudes irracionales por parte del líder ruso. Al mismo tiempo ha considerado que debía construir un cuerpo de ejercito defensivo y no depender de EEUU para que la defienda.

La tercera es que cualquier acción o proyecto siempre se sostienen sobre el papel. Teorizar es fácil, pero cuando este proyecto se pone en práctica siempre aparecen circunstancias no previstas, reacciones de gentes y países impensables poco tiempo antes. Iniciar una acción bélica sobre un país concreto que se sabe inferior puede resultar exitosa siempre que se reduzca a aquel país, pero luchar contra todo y contra todos es prácticamente imposible.

La cuarta es que Europa, alentada por los avances sociales, económicos y políticos, lleva muchos años dormida frente a la energía. Europa, territorio histórico con mucha experiencia en el vivir, rico desde siglos, ha preferido, como hicieron los Austrias en España, adquirir mediante un precio la energía que necesitaba, abandonando la investigación en nuevas fuentes energéticas que la convirtieran en autónoma. Toda Europa depende de terceros países, España depende de Argelia y el resto de los países, de Rusia principalmente. Europa debe ponerse en marcha y dirigir su enorme capacidad de investigación a la búsqueda de una nueva fuente energética, sea ésta solar, del hidrógeno, procedente de los residuos o de cualquier otra fuente.

La quinta y esta reflexión es para todos nosotros, los ciudadanos europeos, es que la vida es una fuente por la que corre el agua de un modo permanente y con ella los aconteceres son constantes y no todos buenos. Nos creemos que habitamos un oasis en el que la convivencia civilizada es la norma o bien nos lo creíamos hasta hace muy poco. La pandemia, impensable en nuestro civilizado continente, nos arrodilló, la guerra de Ucrania no nos ha dejado tregua para apaciguar nuestras inquietudes de orden sanitario y ahora vendrá, y mejor que venga pronto, la paz, que seguro planteará nuevas inquietudes de orden geopolítico, con unos países vencedores y otros perdedores, sin poderse saber hoy quienes serán los primeros y quienes los segundos.

Los europeos hemos conseguido una forma de vida envidiable y debemos estar orgullosos por ello. Hemos conseguido crear una sociedad habitable, respetuosa con la ley, liberal y abierta, pero debemos ser conscientes de que este modo de vivir y de relacionarse requiere un esfuerzo permanente y debemos generar los mecanismos adecuados en cada momento para mantener la libertad de las personas y poder demostrar a todos los demás países del mundo que se puede vivir en democracia y en libertad siempre que nos respetemos los unos a los otros.

Lecciones locales

Aplicando estas reflexiones a Cataluña, el Govern de la Generalitat debe dedicar mucha parte de sus energías a conseguir ser autárquicos en el tema energético, fuente y alimento de cualquier sociedad que pretenda tener un futuro estable y una sociedad avanzada.

Aquí tenemos una gran base industrial y tecnológica a la vez que buenos y preparados investigadores que solo necesitan aliento por parte del Govern para dedicarse a la búsqueda de esta nueva energía. Vemos que, hasta ahora, solamente han existido tímidos avances más teóricos que reales para implantar las energías alternativas y nos encontramos a la cola de Europa.

Esto es debido, no a la falta de medios y personas, si no a la discordia política. Existen partidos que pretenden conservar nuestro paisaje de un modo romántico como si el tiempo no transcurriera, pero esta política conlleva la dependencia del exterior y ello, lo vemos ahora, solamente nos lleva a ser esclavos de voluntades ajenas.

El Govern debe pensar en nuestro futuro y no en contentar a todos. No hay futuro civilizado y estable sin energía asequible y limpia. Sin ella nuestros hogares serán incomodos, nuestra sociedad retrocederá y la industria no podrá desarrollarse y avanzar. Debe convertirse en un tema prioritario para el Govern de Cataluña porque hoy por hoy es la primera piedra para cualquier objetivo político, sea el que fuere.

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