Cataluña

Sobre los políticos: pocos llegan y pocos persisten

  • Hay dos motivaciones principales para acercarse a la política: la ideológica y la conquista del poder
Juan Carlos Giménez-Salinas, abogado. Luis Moreno
Barcelona

Poco ante de internarnos en este confinamiento inédito, compañeros de los lejanos años de la Facultad de Derecho, me incluyeron en un chat cuya pertenencia nos ha permitido participar en diálogos, pensamientos y noticias, manteniéndonos activos.

La soledad física ha resultado soportable al encontrarnos comunicados virtual y permanentemente. A raíz de un artículo publicado en este medio, Montsita, contertulia 'chatiana', decepcionada por la idoneidad de los políticos para el desempeño de sus responsabilidades, consideraba su mediocridad como genérica en todos ellos.

Al tratarse de una opinión generalizada, aunque brevemente, quisiera analizar sus características.

En primer lugar, para acceder a la condición de político y a la de empresario, la sociedad no requiere título académico o condición alguna para desempeñar la actividad. Puede criticarse, pero considero que es bueno el que pueda acceder cualquier persona a ambos desempeños. En caso de poner cortapisas, quizás nos podríamos perder, que, personajes con ideas novedosas y fortaleza suficiente para implantarlas, no pudieran ni tan siquiera sugerirlas. El fracaso del proyecto empresarial o el rechazo de la sociedad a las ideas de los políticos es el riesgo que corren.

Existen innumerables motivaciones y caminos para acercarse a la política, pero pueden resumirse en dos, la ideológica y la conquista del poder. La persona que se acerca a la política por ideas, en la inmensa mayoría de los casos, se aparta de ella al cabo de un tiempo, desengañado. Comprueba que se trata de un combate cruel en el que todo vale y las ideas solamente se esgrimen para engañar a la ciudadanía, incauta y crédula. Quien en definitiva consigue mantenerse, lucha con toda su energía, utiliza cualquier estrategia sin detenerse a meditar sobre su correcta moralidad. Quien defiende ideas, percibe que el partido que le acogió se desvía permanentemente de sus principios y bandea de un lado a otro en función del momento que vive o de su oportunidad. El idealista es rígido y en la mayoría de los casos no admite componendas y por ello casi siempre sale derrotado o bien se aparta desengañado. La política es oportunidad, aprovechar una circunstancia, la debilidad momentánea del oponente y estas percepciones las poseen pocas personas.

Quienes se acercan embebidos por el afán de poder son tenaces, no les importa la crítica despiadada, la zancadilla de sus propios correligionarios, la ambición o la traición de otros, porque ya conocen estas características, ellos mismos las han practicado en su beneficio. Poseen un elevado sentido del peligro, de saber quién está con ellos y quien posee reticencias. Se rodea de una corte pretoriana que le protege y aísla y con los años pierde la noción de la realidad porque nadie le deja conocerla. Por ello es bueno limitar los mandatos a pocos años. Los políticos que poseen mando se rodean de incondicionales que solamente quieren medrar a la sombra de su líder, le cuidan, le miman, le engañan y corrigen si decide en contra de sus intereses particulares y si aquel líder perdura en el poder aparece siempre la corrupción en su entorno clientelar.

La discusión permanente entre los que se dedican a la ciencia política, es quien organiza el país y su administración, si el personaje cualificado, preparado, culto y conocedor de la Administración Pública, como es el caso de Francia y también pero algo menos, de Alemania, o bien que cualquier personaje, por atrabiliario que sea, si consigue los votos y componendas necesarios, acceda al poder conduciendo a aquel país hacia la irrelevancia internacional o al retraso en todos los campos en relación con los países de su mismo nivel.

Son los riesgos que corremos al ser sociedades abiertas, pero en nuestras sociedades también existen mecanismos de defensa y contrapoderes que limitan la arbitrariedad. Podremos, temporalmente, ser dirigidos por persona peculiares, que rocen la enfermedad mental incluso, pero las sociedades democráticas se defienden de estas veleidades que pueda acariciar una determinada persona y pueden corregirlas, remediarlas y sanar.

Quiero decir que acceder a la política y alcanzar el primer nivel, lo consiguen pocos, pero también hay pocas personas con capacidad de aguante para ello. En el momento que alguien pretende acercarse a la política, la jauría mediática partidista y los pocos que aspiran como él al poder, se lanzan despiadados a su yugular para aniquilarle.

Una última consideración, los políticos que llevan años ostentando el poder, viven un mundo cerrado en sí mismo y se olvidan de la realidad social en la que viven. El ejemplo lo tenemos en nuestros políticos hoy, ante la pandemia. Todos la hemos percibido de un modo inquietante en nuestros bolsillos y en nuestra salud. Las empresas han sufrido y sufren, las gentes se encontrarán sin trabajo, muchos de ellos de por vida. Nuestros políticos, con alguna excepción de alcaldes de pueblo, insensibles, han cobrado impertérritos cada mes sus estipendios. Esta forma de actuar no inclina a la ciudadanía a respetarles y admirarles como personas idóneas para conducir el país.

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