Canarias

Lo que el viento trajo a Canarias

  • El viento propició la Carrera de Indias y ahora, proyectos renovables
Imagen: eE.
Las Palmas de Gran Canaria

Los alisios no dejan de ayudar al desarrollo de las islas: desde la salida de Colón a la eólica marina o los veleros robotizados.

La reconstrucción del tejido económico de Canarias tras la pandemia de Covid-19 pasa por los vientos. Fueron los alisios con su reducido recorrido los que pusieron a las islas en el mapa al permitir con su empuje de los barcos con los que Cristóbal Colón llegó a América a los nuevos planes de Disa, Greenalia, Ecoener o Endesa en las islas al calor de la apertura del mercado eólico del archipiélago, las investigaciones de Zecsa con el proyecto Solantes en Fuerteventura o los proyectos de Redexis y Acciona en la Plataforma Oceánica de Canarias (Plocan). De hecho, el turismo en las islas que hasta ahora han sido el mercado que generaba la mayor parte del empleo ha pasado a otro estadio producto del Covid-19 surge gracias a las suaves temperaturas producto de los alisios.

Antonio Gil Olcina, catedrático emérito de Universidad y rector honorario de la Universidad de Alicante, destaca a elEconomista, la importancia histórica del viento. "A la gente le pasa desapercibido, pero Canarias sin los alisios sería imposible, aunque discrepo del uso que se hace del territorio con tanto molino. "Todo en Canarias es por el viento", apostilla el que fuese creador de la Universidad Politécnica de Las Palmas y vicerrector de la Universidad de La Laguna. Olcina recuerda que los alisios son más veloces en invierno cuando se suman factores como los llamados anticiclones fin de familia.

Cuando los barcos a vela quedaban atrapados en las calmas del Atlántico a la salida de Canarias, las tripulaciones tenían que lanzar los caballos al mar

Los alisios, cuando no aparecían, generaban lo que se llamaba latitudes de los caballos. El profesor Gil Olcina recuerda que cuando los barcos a vela quedaban atrapados en las calmas del Atlántico a la salida de Canarias, las tripulaciones tenían que lanzar los caballos al mar para evitar que se agitara el agua por riesgo de quedarse sedientos. Y es que entonces no se sabía cuánto tiempo podría estar esas calmas impidiendo el avance. "Es de imaginar que el peligro era máximo cuando decidían prescindir de sus nobles auxiliares, decisivos, con frecuencia, en la batalla", apunta el profesor Olcina.

Salir de Canarias, donde los barcos se avituallaban, entraban en un océano desconocido, "que no estaba exento de riesgos naturales, de doble y opuesto signo" porque "las embarcaciones podían quedar inmovilizadas en las extensas áreas de calma, inherentes a la subsidencia subtropical". Por eso saber elegir de forma correcta la fecha y la fe en los alisios era fundamental para culminar la travesía.

El viento generó que Canarias tuviese una economía abierta al Atlántico y produjo la llamada Carrera de Indias, es decir, esa autovía marítima desde Canarias al Caribe durante los siglos XVI y XVII de galeones, nombre que surge por su similitud a las antiguas galeras y diseñados precisamente para sacarle partido al viento, con sus dos o tres cubiertas y aparejaban tres o cuatro palos con velas cuadras. Salían de Canarias, transitaban por Granada hasta fondear en La Habana. Una ruta de mercancías y de emigrantes canarios a la vista de las otras pandemias económicas por los tradicionales monocultivos económicos.

Compañías como Disa, Greenalia, Ecoener, Endesa, Redexis o Acciona cuentan con proyectos eólicos ambiciosos en las islas

Tras 1778 con Carlos III comienza a liberalizarse el comercio en el Atlántico y el peso de Canarias aumentó porque los barcos iban directamente a Canarias para arrancar la Carrera de Indias desde diversos puertos españoles. También es verdad que en las islas existía el Meridiano de El Hierro, al ser el punto más occidental de las tierras españolas en la fachada oriental del Atlántico.

Veleros robotizados

De los galeones se ha pasado en Canarias a ser punto de ensayo de tablas de windsurf con aspecto de haber salido de Mad Max, Blade runner o cualquier película futurista para recorrer el Atlántico. Lo último en navegación robotizada y van a medir la salud del océano. Con el viento, Plocan, la gran apuesta española por liderar las tecnologías marinas en los próximos años, ha liberado en la costa de Gran Canaria dos pequeños veleros autónomos cargados con todo tipo de sensores científicos que van a tomar datos sobre la acidificación de las aguas que provoca la creciente presencia de dióxido de carbono en la atmósfera.

Se trata del experimento Atl2Med, que involucra a doce instituciones científicas de Alemania, Francia, Portugal, Bélgica, Finlandia y España y cuyos protagonistas son los últimos prototipos de la empresa Saildrone. Como el nombre de su fabricante ya sugiere, los dos veleros son dos drones marinos, con capacidad para navegar tanto de forma autónoma como pilotada vía satélite desde su centro de control en Alameda (California, EEUU), a casi 9.500 kilómetros del lugar donde han sido botados al Atlántico, en la costa este de Gran Canaria.

Su aspecto de tabla de windsurf de ciencia ficción o de piragua futurista esconde lo último en tecnología de navegación a vela: los dos saildrones están propulsados por una peculiar ala con cola para optimizar el empuje del viento, heredera del diseño que su creador, el británico Richard Jenkins, ideó para batir el récord de velocidad a vela en tierra con el Greenbird, un bólido que recorrió el desierto de Nevada a casi 203 km/h hace diez años. Y su resistencia ha sido probada a conciencia hace solo unos meses: estos pequeños barcos autónomos completaron a principios de este año una de las pruebas más duras posibles en el mar, circunnavegar la Antártida, recorriendo casi 22.000 kilómetros en el empeño y en el viaje de regreso a su base de en Estados Unidos.

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