Banca y finanzas

Manuel Lavín (GFT): "El euro digital se podría adoptar a partir de casos de uso concretos para que no sea un 'big bang"

  • Casos de uso: "La transacción digital está muy aceptada en algunos entornos como en peajes y telecomunicaciones"
  • Contrataciones: "Esperamos incrementar la plantilla entre un 50% y un 60% en tres años"
Manuel Lavín, director general de Europa Central y Occidental de GFT.
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La hoja de ruta para el lanzamiento del euro digital marcha a toda máquina, con el propósito de asegurar la soberanía sobre los pagos en Europa ante el continuo avance de las stablecoins amarradas al dólar estadounidense. La consultora tecnológica GFT es uno de los 70 pioneros seleccionados por el Banco Central Europeo (BCE) para experimentar las funcionalidades de la nueva divisa, así como ensayar los casos de uso y su infraestructura. El director general de Europa Central y Occidental, Manuel Lavín, insta a la UE a adoptar el euro digital de forma paulatina para que no sea un big bang dentro de pocos años.

La emisión del digital ocurrirá como pronto antes de 2028. ¿Es demasiado tarde?

¿Nos gustaría que fuera antes? Creo que sí. ¿Es realmente factible? Lo veo difícil. Creo que la gente interpreta que el euro digital es simplemente la emisión de la moneda digital. Pero realmente conlleva una política económica detrás y esto no es fácil de cambiar de un año para otro. Implementar un euro digital tiene implicaciones tecnológicas y sociales. Tienes que educar a la sociedad y asegurarte de que todo el mundo tenga acceso a ello. No es lo mismo para un joven, que le resulta muy nativo, que para alguien que tiene 80 años y ni sabe lo que es. También tiene unas consideraciones operativas importantes, es decir, hay que garantizar que todo funcione de forma adecuada. China nos lleva una cierta ventaja, pero Jerome Powell -el gobernador de la Reserva Federal- ha dicho últimamente que no quiere ver el dólar digital ni en pintura. Tampoco vamos a estar muy retrasados.

¿Cómo se podría acelerar su implementación?

Lo que podríamos hacer, a diferencia de lo que normalmente suele hacer Europa, que es regularlo absolutamente todo, es una aproximación mucho agile. Es decir, evolucionando poco a poco. Es verdad que los sandbox ya están y las pruebas técnicas ya se han hecho. Podemos ir sacándolo poco a poco, a partir de casos de uso concretos, para que no sea un Big Bang dentro de tres años.

¿Cuáles serían los pasos a seguir en este caso?

Hay entornos en los que la transacción digital es muy aceptada, como los pagos virtuales, los telepeajes y las telecomunicaciones. Son casos de uso en los que los usuarios están acostumbrados a trabajar con este tipo de monedas y donde hay poca fricción para entrar. Tampoco la introducción tiene por qué tener lugar en todos los miembros de Europa a la vez, sino que los países pueden ir entrando paulatinamente. El grado de adopción tecnológica en España es alto, con lo cual sería un país probablemente candidato a ser pionero si se opta por un despliegue más gradual. También es más fácil para las corporaciones adoptar el uso de una divisa digital que para un público muy masivo. Vamos probando que la infraestructura resiste y que los usuarios se adapten y luego iremos incrementando los casos de uso.

¿Esa introducción progresiva es una estrategia que está sobre la mesa de la UE?

Puede ser una aproximación, pero no sé lo que tienen la UE y el BCE en la cabeza.

¿Cuáles son los principales obstáculos en la adopción del euro digital?

A nivel técnico, hay defectos que se tienen que solventar. Tenemos que garantizar la escalabilidad y la interoperabilidad de todo. Nos estamos dirigiendo a un mercado de 400 millones y pico de personas. La infraestructura tiene que soportar millones de transacciones entre millones de usuarios en diferentes países. Hay que diseñar una solución súper segura y muy resiliente a todo tipo de ataques. Se está pensado en que todo esté basado en DLT (Distributed Ledger Technology), una base de datos que no está centralizada. Las transacciones instantáneas se tienen que desarrollar en tiempo real: hay miles de compañías que tienen que coordinarse. Y luego, aparte del riesgo tecnológico, está también el de la protección de datos. No es lo mismo implementar una moneda digital en China, donde el control de los datos está centralizado, y en Europa, donde la conservación de la privacidad está entre los valores que tenemos que defender. Técnicamente, los obstáculos están, pero son salvables.

¿A qué riesgos se enfrentaría la UE ante un retraso en el lanzamiento?

Seguiríamos dependiendo de los circuitos de pagos actuales. Swift, Visa, Mastercard son americanos y no dependen de la Unión Europea. Con la situación geopolítica actual, estamos intentando que la soberanía europea prevalezca. Ahora mismo, eso estaría en entredicho porque no tenemos una alternativa europea para esos sistemas de pagos. Puede pasar, además, que el avance de las monedas digitales no pare. El lanzamiento de los stablecoins va a estar continuamente funcionando y la adopción por parte de los clientes más jóvenes no va a esperar a que el euro digital esté en marcha. ¿Qué puede significar? Que haya una generación que se desplazaría hacia otro tipo de monedas. Los últimos datos dicen que uno de cada seis jóvenes en Europa ya paga con stablecoins en dólares. La entrada de una divisa diferente en tu territorio hace que tú pierdas cierto control sobre tu masa monetaria y que eso tenga implicaciones en las políticas económicas del BCE.

¿Cuál ha sido su aportación concreta al proyecto?

Hemos estado trabajando en tres líneas principales. Primero, el uso del DLT no centralizado, con todos los datos distribuidos en varios nodos para garantizar seguridad y escalabilidad. Hemos trabajado también en casos de usos iniciales en peajes y en transporte público. Casos controlados, acotados y que sean de fácil implantación. Y también hemos planteado la utilización de UDPN (Universal Digital Payment Network), una infraestructura tecnológica del DLT de la que somos miembros, como una alternativa de red para trabajar en la interoperabilidad del euro digital.

¿Cuál será el papel de los bancos en el euro digital?

Los bancos van a estar en el epicentro de todo. Serán los facilitadores y la correa de transmisión del BCE hacia los usuarios finales. Tendrán que diseñar nuevos servicios y nuevas formas de transaccionar. Van a ser los actores imprescindibles para que el despliegue se haga con éxito.

¿Cómo ve posicionado el sistema financiero español con respecto a otros países europeos en digitalización?

El grado de transformación digital y de adopción tecnológica de España no está en entredicho en ningún país europeo. BBVA y Santander siempre han sido dos referentes claros, tanto en Europa como fuera. Cuando vas a Estados Unidos y comentas que estás desarrollando proyectos de transformación digital en el mercado español, siempre te miran con los ojos bien abiertos.

¿Qué porcentaje representa España para GFT en términos de negocio y cuántos empleados tiene aquí?

España es el segundo mercado, después de Brasil. Representa un 15% de la actividad de la compañía y cuenta con 2.300 empleados. Tenemos un plan de crecimiento a tres años y esperamos incrementar la plantilla entre un 50 y un 60%. El objetivo es tener 3.500 personas.

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