Banca y finanzas

Los obstáculos que desaconsejan a BBVA formular una opa hostil sobre Sabadell

El rechazo del Sabadell a la oferta de BBVA deja en su tejado el siguiente movimiento. Pero que el consejo de administración del banco catalán haya optado ya por mantener el rumbo independiente tras juzgar que su propuesta "infravalora significativamente el proyecto del Sabadell", limita las posibilidades de que cualquier nueva oferta pueda ser considerada amistosa.

¿Pero triunfaría una propuesta hostil? Es una de las cuestiones que ha sobrevolado todos estos días sobre la insólita fórmula elegida por BBVA desde el inicio por plantear su interés sin negociar previamente con la cúpula del banco y revelando todas las condiciones al mercado en una carta dirigida al consejo de administración de la entidad liderada por Josep Oliu.

Es una forma de actuar que, si bien puede ser habitual en mercados anglosajones, es poco o nada usual aquí y mucho menos en banca. De hecho, la convicción entre expertos y fuentes consultadas del sector financiero es que BBVA no forzará una casi línea roja virtual en la banca española ya que solo hay un precedente a este recurso y no tuvo resultado exitoso.

Hay que remontarse a 1987. El entonces Banco Bilbao (hoy en el germen de BBVA) lanzó la ofensiva sobre Banesto (integrado en grupo Santander) por la falta de acuerdo para fusionarse, con el resultado de que un tribunal la vetó por entender que no se podía lanzar una oferta mediante canje de acciones y que debían autorizarse en junta de accionistas.

El grupo vasco podría optar por lanzar la propuesta confiado en la fuerte atomización del capital de Sabadell, buscando sortear al consejo con la publicación de sus condiciones. Que ya no tenga el núcleo duro del que sí disfrutó durante décadas, por su creación con el impulso del empresariado catalán, es un hándicap para frustrar desde el capital una oferta no negociada.

Sin embargo, junta a la falta de tradición se suman otros obstáculos que también tendría el grupo vasco que sortear en una propuesta no negociada como el devenir político, y en la actualidad hasta en plenas elecciones en Cataluña. A pesar del guiño de BBVA a Cataluña con la promesa de mantener allí una de las sedes operativas, las reacciones han sido contrarias a sus intereses.

Desde el Ejecutivo catalán, la consejera de Economía, Natàlia Mas, calificó de "buena noticia para Cataluña" el rechazo del Sabadell, defendiendo que la región precisa más bancos, no integrarlos.

Y Foment, patronal que aglutina al empresariado regional, se alineó con la defensa de la cúpula del banco. Las empresas y los negocios han enarbolado la predilección por tener más proveedores y que no se reduzca la competencia. Días atrás era la Comunidad Valenciana y el alcalde de Alicante los que trasladaban su preocupación por una integración que dejaba a esta última plaza sin la sede fiscal que radica allí el Sabadell.

El "ruido" político saltó también entre las filas del Consejo de Ministros cuando la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, alertó de que una fusión así se traduciría en un ERE (ajuste de empleo) y una concentración que entraña "un riesgo sistémico".

"Si fracasa sería además incómodo cuando tienen que verse las caras en AEB", añaden otras fuentes. Sin dejar de ser competidores feroces en lo que respecta al negocio, hoy las entidades financieras debe entenderse en muchas cuestiones que afectan a la industria como la propia defensa frente a la potencial prórroga del impuesto extraordinario a la banca, la negociación del convenio sectorial con sindicatos o cómo combatir los ciberriesgos. "Un enfrentamiento complicaría mucho el clima", indican las fuentes consultadas.

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