Mohamed A. El-Erian

Asesor económico jefe en Allianz y miembro del Comité Ejecutivo Internacional.

El correcto funcionamiento de cualquier sistema económico interconectado depende de la confianza. Y un sistema global que ha sido diseñado por economías avanzadas requiere un nivel importante de aceptación por parte del mundo en desarrollo. Ambas cosas cobran aún más relevancia en tanto las economías en desarrollo, lideradas por China, ganan una importancia sistémica.

Admitiendo que "nadie está a salvo hasta que todos estén a salvo", el G-7 recientemente anunció medidas adicionales con el propósito de facilitar, un "acceso más asequible y equitativo a las vacunas, las terapias y los diagnósticos" en todo el mundo, con el fin de luchar contra el Covid. Sin embargo, traducir esta intención declarada en acciones efectivas requerirá tanto de liderazgos políticos audaces dentro de los Estados, como de una forma de apoyo a los países en desarrollo que vaya mucho más allá de la ayuda financiera. Acertar en lo que se debe hacer no será nada fácil, pero estos esfuerzos son esenciales si los países ricos quieren evitar vivir aislados en fortalezas.

Más allá de la comprensible emoción que nos trae la llegada de las primeras vacunas contra el Covid-19, el futuro inmediato sigue siendo traicionero. Estados Unidos es el mejor ejemplo ya que podría estar al borde de un espantoso escenario en el cual los problemas actuales en cada una de cuatro áreas básicas -salud pública, economía, política y comportamiento de los hogares- podrían empeorar la situación en las otras tres. El riesgo es que en las próximas semanas se desencadene un círculo vicioso que, de materializarse, podría devastar las vidas y la economía de muchas más personas, incluso ahora que las vacunas están cerca.

Tras años de recibir apoyo en forma de abundante liquidez, los mercados financieros llegan al último trimestre de 2020 en medio de una recuperación económica global cada vez más dudosa, incertidumbres políticas inusuales y una respuesta fiscal y estructural de las autoridades que va con retraso. Y a estos vientos de frente se suma la crisis de la Covid?19, que tiene a la mayoría de los países luchando por hallar un equilibrio entre proteger la salud pública, lograr un regreso a un nivel de actividad económica seminormal y limitar las restricciones a las libertades individuales.

Las tragedias humanas y enormes trastornos económicos causados por la Covid-19 han captado, inevitablemente, la atención de los responsables políticos y el público durante seis meses, y debieran seguir haciéndolo. Pero mientras gestionamos la crisis inmediata no debemos perder de vista las oportunidades. La frase citada a menudo que propone "no dejar que una crisis se desperdicie" rara vez ha sido más relevante.

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