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Elecciones en EEUU: el control del Congreso puede tardar días en conocerse... o semanas

  • En el peor de los casos, el escaño clave en el senado podría decidirse en enero
Una cola de votantes en Carolina del Norte. Foto: Reuters

Este martes es el último día para votar en las elecciones legislativas de EEUU. Hasta el lunes, al menos 43 millones de personas habían ejercido su derecho al voto, más de un tercio de la participación total que hubo hace cuatro años. Los mercados (y Ucrania) miran con atención al resultado, para saber si Joe Biden podrá seguir adelante con su agenda, o si los republicanos podrán bloquearla. Pero la respuesta a la pregunta clave de quién controlará las cámaras del Congreso puede tardar en resolverse lo mismo o más que en 2020: si el resultado está muy ajustado, es posible que haya que esperar días o semanas para conocerlo.

Las encuestas están muy ajustadas: las medias oscilan desde 0,3 puntos a favor de los demócratas (SplitTicket, que usa solo encuestadoras reputadas) hasta 2 puntos a favor de los republicanos (Ballotpedia, que hace una media aritmética de todos los sondeos disponibles), pasando por 1,1 a favor de los republicanos (538, que toma todos los sondeos pero pondera la media según la fiabilidad de las encuestadoras y la cantidad de votantes entrevistados en cada una). En 2020, los demócratas ganaron las elecciones legislativas por 3 puntos, y el control de las dos cámaras estuvo en el aire hasta el 5 de enero, cuando Georgia celebró una segunda vuelta para decidir los dos escaños clave del Senado.

En estas elecciones, lo más probable es que los republicanos se hagan con el control de la Cámara de Representantes. Pero si su victoria es tan ajustada como la de los demócratas en 2020 (222 a 211), pueden pasar semanas hasta que se conozca el resultado exacto: California, con 54 escaños en juego, permite enviar votos por correo hasta este mismo martes, y esas papeletas son válidas si llevan el matasellos de este día. Muchas circunscripciones en ese estado no se resuelven hasta finales de mes. Y en cualquier lugar puede surgir alguna votación tan empatada que se decida por apenas un puñado de votos, abriendo la puerta a recuentos y peleas judiciales por cada papeleta dudosa: una circunscripción de Nueva York estuvo en el aire hasta febrero de 2021, tres meses después de los comicios.

Peor aún puede ser el Senado. La Cámara está dividida actualmente 50-50 y hay 7 escaños competidos, 4 demócratas y 3 republicanos. Y los estados clave en cuestión se toman su tiempo para contar: Georgia puede necesitar una segunda vuelta, como en 2020, que sería el 6 de diciembre; Wisconsin, Pensilvania, Nevada y Arizona tardaron cuatro días en declarar ganador a Biden en las últimas presidenciales. El problema, de nuevo, es el lento proceso para el recuento que tienen dichos estados. Pensilvania y Wisconsin no permiten empezar a contar los votos por correo hasta el miércoles; Nevada permite votar por correo hasta este martes, como California. Y en todos hay votos que se apartan por falta de información del votante, tener algún error físico o porque el centro electoral no puede procesarlos y los tiene que mandar a alguna ciudad cercana. Todos ellos tardan días o semanas en ser contados.

El resultado es que, salvo que haya una clara paliza a favor de los republicanos (un escenario posible, si baten las previsiones de las encuestas) que les haga arrasar en la Cámara de Representantes y deje sin esperanzas reales a los candidatos demócratas al Senado, haciendo irrelevante el voto por correo, es bastante probable que el resultado final tarde un tiempo en decidirse.

Detrás de todo está la libertad que tienen los estados para crear sus propios sistemas electorales, con normas diferentes. Algunos estados no dejan votar antes de tiempo, o restringen el voto por correo. Otros mandan una papeleta al buzón de todos los ciudadanos y les dejan devolverla hasta el último momento. Unos empiezan a contar los votos anticipados en el momento que los reciben (sin poder publicar los totales) y otros no dejan contarlos hasta el día siguiente a las elecciones. Una disgregación legal que ha convertido la histórica jornada electoral en un par de meses electorales.

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