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La industria farmacéutica: un motor económico a favor de la salud y la sostenibilidad

  • El 73% del alza en la esperanza de vida de las últimas décadas se debe a los fármacos
Imagen: iStock.
Madrid

En razón de su inversión en investigación, desarrollo e innovación, la industria farmacéutica es un baluarte de la actividad económica. Pero su principal logro es el de mejorar la esperanza y la calidad de vida de la población, y en especial ampliar el acceso a nuevos fármacos entre la población más desfavorecida.

Por la naturaleza de su actividad, la contribución del sector farmacéutico a la sociedad tiene múltiples facetas que se potencian entre sí. Al tener como combustible la investigación y la innovación científicas, el compromiso de la industria en este sentido es considerable. De hecho, la industria farmacéutica es responsable del 20,3% de la inversión en I+D del tejido industrial español, lo que la sitúa a la cabeza de los sectores productivos.

El sector es en primer lugar un motor económico y de empleo de buena calidad. En España, es responsable de 41.000 puestos de trabajo directos y otros 160.000 indirectos; de ellos, el 94,2% son indefinidos y un 62,4% son titulados universitarios. Solo el 1,5% de dichos empleados indefinidos trabaja a tiempo parcial.

Los datos evidencian la fortaleza de la industria farmacéutica en España. Nuestro país es uno de los mercados más fuertes del continente europeo, con una producción anual de 15.000 millones de euros y unas exportaciones de 11.000 millones –que representan el 25% del total de las exportaciones nacionales de productos de alta tecnología–.

Se trata, además, de un sector en crecimiento, como demuestran las cifras en Europa: en 2015, la industria generó productos por valor de más de 238.000 millones de euros en total, lo que supone un alza del 90% con respecto al año 2000.

España es uno de los mercados más fuertes de Europa, con una producción anual de 15.000 millones

Los dividendos de esta pujanza desbordan al propio sector. La innovación que caracteriza a la industria tiene un impacto considerable en lo que hace a reducción de costes: así, el informe El valor del medicamento desde una perspectiva social – elaborado por la Fundación Weber con el apoyo de Farmaindustria y presentado en 2018– concluye que el aumento del gasto farmacéutico en hospital generó un ahorro neto de entre dos y ocho euros en prestaciones sanitarias por cada euro invertido en la compra de medicamentos.

El caso del sida/VIH es paradigmático. La introducción de terapias antirretrovirales de alta eficacia (HAART) generó en España un ahorro sanitario neto de 19.000 dólares por paciente en el periodo 1996-2007, ahorro que se eleva a casi 50.000 dólares por paciente si se tiene en cuenta el coste social asociado a las bajas laborales que se evitan con los nuevos fármacos.

El bienestar, objetivo estratégico

Pero la máxima contribución de la industria es sin duda su papel en la mejora de la calidad de vida de la población, en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que Naciones Unidas fijó en 2015 con el fin de que se cumplan en 2030. La aportación del sector al objetivo 8, centrado en el trabajo decente y el crecimiento económico, ha quedado patente en las líneas anteriores.

En lo que se refiere a la salud y el bienestar (objetivo 3), la industria farmacéutica desempeña un papel protagonista, hasta el punto de que casi la totalidad de los medicamentos disponibles son producto de su I+D y de que la introducción de nuevos medicamentos es responsable del 73% de la prolongación de la esperanza de vida lograda en las últimas décadas. En concreto, entre 2000 y 2009 se logró ganar 1,74 años de esperanza de vida en los países integrados en la OCDE, de los cuales 1,27 años son una consecuencia directa de la innovación farmacéutica.

La actividad del sector farmacéutico ha hecho posible progresos antes impensables en el abordaje de las enfermedades más graves y prevalentes, logrando en algunos casos la curación –la hepatitis C es un ejemplo–, y en otros muchos el control de los síntomas y la conversión de patologías que eran mortales en dolencias crónicas cuyos pacientes tienen una esperanza de vida muchas veces equiparable a la de la población general –como ocurre con el sida–.

La industria mantiene, además, su compromiso por lograr la cobertura sanitaria universal y, en particular, el acceso a medicamentos y vacunas seguros, eficaces, asequibles y de calidad para todos (punto 3.8). Las claves para lograrlo antes de 2030 pasan por fortalecer la atención primaria, investigar más y mejor en salud –la industria farmacéutica es líder en este terreno, con 130.000 millones de euros inversión anual global en I+D– y ampliar el acceso a los tratamientos.

En este sentido cabe destacar que el sector es uno de los primeros contribuyentes netos a la investigación de enfermedades tropicales desatendidas, con unos 500 millones de euros al año, desarrollando más de 200 proyectos de investigación anuales. Fruto de este esfuerzo, por ejemplo, se logró reducir casi un 80% la mortalidad por sarampión en África entre 2000 y 2014 gracias a las vacunas.

Además, la industria está intensificando sus esfuerzos para facilitar el acceso a los nuevos medicamentos en los países en desarrollo y reforzar la I+D de medicamentos de especial interés para los más desfavorecidos. Así lo refleja un estudio de la Fundación para el Acceso a los Medicamentos, que ha analizado el comportamiento de 20 de las mayores farmacéuticas del mundo en 106 países en desarrollo que acogen al 83% de la población global.

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