Transportes y Turismo

Arabia Saudí invierte billones para convertirse en la Meca del turismo

  • El país árabe quiere atraer a 55 millones de turistas extranjeros al año para 2030
  • Acciona, Amadeus, FCC o Hesperia viajaron en junio a Riad para buscar oportunidades
Palacio de Salwa, en al-Diriyah, al noroeste de Riad (Arabia Saudí). Foto: iStock.

El príncipe heredero Mohamed bin Salmán, recién nombrado primer ministro, saca la cartera para competir con Dubái y contrarrestar así la dependencia del petróleo, captando el interés de las empresas españolas.

En Arabia Saudí, la gente reza en público y hace la fiesta en casa. Las mujeres visten sus mejores galas en privado, pero ocultan todo menos sus ojos bajo las abayas negras al pisar la calle. Incluso es habitual que en los restaurantes ellas se escondan tras biombos para evitar ser vistas por los demás comensales y que sus rostros aparezcan difuminados en los carteles publicitarios. Y aunque conducir ya es legal, siguen siendo ciudadanas de segunda clase.

El gran contraste entre la tradición nómada de los beduinos, la religión islámica llevada al extremo y la modernidad representada por altos rascacielos y coches de lujo, lo han descrito numerosos observadores extranjeros. Uno de ellos es la periodista española Ángeles Espinosa, que en su libro El reino del desierto recordaba así la primera vez que visitó el país árabe, en 1989: "En los días siguientes, el choque de pasado y futuro, convertido en un estereotipo del país, se repitió una y otra vez ante mis ojos. Pero, sobre todo, comprobé la pervivencia de un sistema social y legal que parecía extraído de un antiguo pergamino y aplicado, sin adaptación alguna, al guión de una película futurista".

Arabia Saudí quiere atraer turistas, consciente de que es un país más extenso y rico en patrimonio natural e histórico que su vecino Dubái, emirato que se ha convertido en las últimas décadas en un centro financiero global, capaz de atraer a las grandes fortunas y los amantes del lujo a Oriente Medio. Hasta hace poco, el reino saudí no ofrecía visados turísticos más allá de los concedidos a los creyentes que peregrinan a las ciudades santas de Meca y Medina; pero las cosas están cambiando.

En el marco de la estrategia Visión 2030 (para diversificar una economía muy dependiente del petróleo) y bajo la supervisión del príncipe heredero y primer ministro Mohamed bin Salmán, la monarquía absoluta de los Saud planea invertir 1 billón de dólares en diez años para que el reino llegue a ser un destino turístico de masas.

Bin Salmán quiere atraer a 55 millones de turistas internacionales al año para 2030, algo más de la mitad de los que visitaron Francia en 2019. Casi 3,5 millones llegaron el año pasado -excluyendo a los peregrinos religiosos- y 6,1 millones en el primer semestre de 2022, recogía a principios de septiembre The Wall Street Journal.

Para conseguirlo, los saudís estan moviéndose en todos los frentes: impulsan el nacimiento del sector de los cruceros en el país, la construcción de resorts de lujo en la costa del Mar Rojo y alojamientos ecológicos en el desierto.

El reino árabe cuenta con seis lugares declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, entre ellos, el oasis de al-Ahsa, el yacimiento arqueológico de Hegra (conocido como la Petra saudí), la ciudad histórica de Yeda, las pinturas rupestres en la región de Hail o el distrito de At-Turaif en Diriyah, la antigua capital de la dinastía Saud. Precisamente, en Diriyah, situado al norte de Riad, se lleva a cabo su restauración y se ha anunciado una inversión de 40.000 millones de dólares para levantar un complejo turístico que incluirá hoteles de lujo y restaurantes reconocidos con las famosas estrellas Michelin.

Si a eso se añaden los megaproyectos como Neom, en el Golfo de Áqaba, que comprenderá un proyecto urbanístico único en el mundo llamado The Line, que se extiende en línea recta 100 kilómetros por el desierto, se puede apreciar la gran oportunidad que supondrá para empresas de todo el planeta.

En junio, Reyes Maroto, ministra de Industria y Turismo, participó en un foro de inversión hispano-saudí en Riad, con el objetivo de que las compañías españolas hagan negocio en el país árabe. Acudió acompañada por representantes de 44 firmas españolas, como Acciona, Amadeus, FCC, Hesperia, Idom Consulting, Grupo Piñero, Segittur o Urbaser.

Pero da la impresión de que hará falta un mayor esfuerzo institucional para cruzar el desierto. Algo peliagudo cuando se trata de una dictadura que no respeta los derechos y libertades de sus propios ciudadanos, ya sean opositores, mujeres o miembros de otras confesiones religiosas; un país del que se conoce poco en España. Muchos deberían leer En el reino, del británico Robert Lacey, para entenderlo mejor.

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