Telecomunicaciones

El MWC mostrará la red del futuro: ¿por qué la prosperidad necesita un nuevo Internet?

  • La infraestructura actual no es suficiente para las aplicaciones aún por llegar
Un operario, en tareas de previas a la inaguración del MWC
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Este lunes arranca una nueva edición del Mobile World Congress (MWC) en Barcelona, con todo tipo de novedades tecnológicas de actualidad. Desde cómo viviremos y trabajaremos con la inteligencia artificial (IA) hasta las oportunidades que nos traerá el 6G, en esta feria se está redefiniendo las reglas de juego de la sociedad y de la economía digital. Un juego que vale alrededor del 23% del PIB de España, tal como lo muestra un estudio reciente de la Asociación Española de la Economía Digital (Adigital).

Las aplicaciones digitales y basadas en Internet son la base para un futuro prometedor. De eso no hay duda, aquí y en cualquier lugar del mundo. Otros dos hechos son igualmente ciertos: por un lado, que las aplicaciones de datos basadas en IA, los modelos colaborativos de negocio y la internet inmersiva garantizarán la prosperidad del mañana. Y por otro lado, que la infraestructura actual no es suficiente para las aplicaciones del futuro, porque la velocidad a la que habrá que intercambiar datos hará de una métrica la moneda de toda economía digital: la latencia.

La latencia es el tiempo que transcurre durante una transferencia de datos. Y allí donde los milisegundos cuentan, la latencia se convierte en un factor determinante. Por citar un ejemplo, quienes viajan en vehículos autónomos, confían en que los ordenadores de a bordo tomen una decisión en una fracción de segundo en base a dónde se encuentran los obstáculos, las personas o los carriles libres. Lo mismo ocurre también cuando la IA debe garantizar que personas y máquinas puedan trabajar juntas de forma segura en las fábricas, o cuando nos encontramos en mundos inmersivos como en el metaverso.

Sentir, ver y oír: nuestro cerebro necesita 20 milisegundos para procesar las impresiones hápticas. En 13 milisegundos, el sistema nervioso central decide qué nos enseñan nuestros ojos, mientras que en menos de 1 milisegundo está claro lo que perciben nuestros oídos. En cuanto a la latencia, nuestra percepción es incorruptible. Tan incorruptible que será la que juzgue el éxito o el fracaso del metaverso ¿Por qué es así? Porque sólo nos involucramos plenamente con las aplicaciones inmersivas cuando las experimentamos de un modo que nos resulta natural. En otras palabras, si la imagen y el audio no están sincronizados, no sólo es molesto: es inaceptable.

Menos latencia, más prosperidad

En la Internet del futuro, los dispositivos deben ser capaces de transferir más y más datos, de forma más rápida. Por lo tanto, son necesarios tiempos de latencia cortos que garanticen que los coches autónomos sean seguros en la carretera, que los robots y los ingenieros en las fábricas puedan trabajar juntos sin problemas y que al menos 1 de cada 4 euros en España sigan proviniendo de la economía digital.

¿Qué se necesita para la próxima generación de Internet? Ya sea fibra óptica, red móvil o por satélite, si queremos intercambiar más paquetes de datos, con mayor rapidez en la infraestructura actual, tenemos que acelerar el ritmo. Se trata de una colaboración a gran escala centrada en los clientes y las aplicaciones. Y no sólo entre la red y el usuario, sino también entre las propias redes. Por ejemplo, podemos hacerlo acercando las grandes líneas de datos y los ordenadores de alto rendimiento a los lugares donde transcurre el día a día y el trabajo, que dependen de aplicaciones inteligentes. El objetivo: una infraestructura densa, distribuida e interconectada a nivel global. Una infraestructura con futuro, porque puede conectarse a la red de forma neutral y abierta mediante servicios de interconexión. Esto crea una sólida red de malla que puede proporcionar recursos informáticos y de almacenamiento con la agilidad que requieren la sociedad y la economía, desde la nube hasta la sala de servidores de una fábrica, pasando por la diminuta unidad del ordenador de a bordo de un coche inteligente.

Sólo nos involucramos plenamente con las aplicaciones inmersivas cuando las experimentamos de un modo que nos resulta natural

Menos latencia para más prosperidad. Un vistazo a los mercados en los que estamos presentes con nuestro ecosistema muestra cómo estos dos conceptos están conectados. En Dubai, por ejemplo, la latencia se redujo de 200 a 3 milisegundos entre 2012 y 2022. Un plus de velocidad que inspira el emprendimiento regional: en el mismo periodo, el número de centros de datos en la región se triplicó y el número de redes se multiplicó por ocho.

Lo mismo puede verse en la Península Ibérica: mientras que en 2016 había 20 centros de datos en Madrid, hoy ya hay más de 30; y está previsto que lleguen 15 más. Además, un estudio reciente, que hemos realizado junto a Digital Realty e IDG y que presentaremos próximamente en España, lo confirma: allí donde las redes se interconectan, se establecen centros de datos, creando, fortaleciendo la economía y asegurando la prosperidad. Cada euro invertido por la industria española de centros de datos aporta 7 euros al PIB, según los expertos de IDG.

Crear las condiciones para el progreso

Una cosa es segura: dado que la digitalización afecta a todas las empresas, solo tendrá éxito si, como industria, resolvemos los retos de manera colaborativa, ya sea como socio, proveedor o prestador de servicios de Internet. Sólo si hoy establecemos de antemano los requisitos tecnológicos, estaremos equipados para los próximos años de progreso digital. Y sólo entonces la internet inmersiva será un éxito sensorial y económico. El potencial está ahí: según un análisis de Statista, se espera que el metaverso genere ventas de 468.000 millones de euros en 2030.
Ivo Ivanov es consejero delegado de DE-CIX

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