Telecomunicaciones

Europa y EEUU abren el debate ético y legal para regular ChatGPT

  • La limitación de Italia al servicio de OpenAI invita a otros países a regular la inteligencia artificial generativa
  • España y Europa lideran los aspectos deontológicos de la Inteligencia Artificial
  • Elon Musk y Steve Wozniak pide que el desarrollo de la IA se detenda seis meses para poner orden
Imagen creada a través de la inteligencia artificial de Midjourney.

Joe Biden, presidente de los Estados Unidos, convocó el pasado martes  a su consejo de asesores de ciencia y tecnología ante la creciente preocupación por la Inteligencia Artificial (IA). Entre otros mensajes, y en presencia de los primeros ejecutivos de Google y Microsoft, el líder demócrata señaló que "aún está por ver si la IA es peligrosa", para así exigir a los gigantes tecnológicos que garaticen la seguridad de sus productos antes de ponerlos a disposición del público.

De forma paralela, un selecto grupo de empresarios puntocom, encabezados por Elon Musk, Steve Wozniak y Andrew Yang, propusieron una pausa de seis meses para el desarrollo de la inteligencia artificial, al considerarla una amenaza propia para la civilización humana. Días antes, el organismo responsable de la protección de datos en Italia puso puesto sobre aviso a media Europa tras restringir temporalmente el servicio ChatGPT frente a la captura indiscriminada de información personal de los usuarios. ¿Alguien ha pedido permiso a los internautas por utilizar sus consultas y contenidos para el entrenamiento de la máquina? comienzan a plantearse en el Viejo Continente, territorio siempre a la vanguardia mundial en asuntos de protección digital de sus ciudadanos.

Mientras eso ocurre, los tribunales comienzan a coleccionar causas sobre violaciones de derechos de autor provocadas por la inteligencia artificial generativa, una tecnología capaz de generar extractos de obras originales e inéditos a partir de instrucciones. La controversia está servida y todas las respuestas apuntan hacia la regulación y la deontología del fenómeno, aunque sea sobre la marcha.

Joe Biden: "Aún esta por ver si la Inteligencia Artificial es peligrosa. Puede ayudar a afrontar algunos retos muy difíciles, como las enfermedades o el cambio climático, pero también arroja riesgos potenciales para la sociedad, la economía y la seguridad nacional"

Todos coinciden en que los algoritmos pueden resultar voraces en la captura de información. Las falsificaciones resultan cada vez más creíbles. Con el empeño de frenar la propagación de fake news surgen decenas de iniciativas. Como la de Midjourney, que ha impedido el uso de imágenes del presidente chino Xi Jinping, en respuesta a la proliferación de fotos falsas viralizadas del expresidente de los Estados Unidos zafándose de la policía. 

Fuentes de la firma de seguridad Kaspersky advirtieron esta semana sobre que "los usuarios se relajan y comparten información personal con Chap GPT sin calibrar qué uso se le da, cómo está protegida o qué comparten con terceros", por lo que conviene cuidar la información que se proporciona.

El desarrollo de este tipo de herramientas de inteligencia artificial parece exponencial, lo que multiplica el riesgo en el supuesto de que no se encarrile la criatura normativamente desde sus primeras etapas. Los observadores del mercado consultados por elEconomista.es también coinciden en que el debate suscitado en Italia sobre ChatGPT se propagará en el resto de Europa y podría ser extensivo a otras herramientas de inteligencia artificial generativa similares, como Wall-E, Stable Diffusion, LibriLight, Play-ground AI, byAutomata, Midjourney, Craiyon, Dreamstudio, Firefly, Postwise, Waldo, Snipd, ACT-1, BrandMark, Namelix o Moonbeam, entre otras de gran predicamento.

La polémica sobre la deontología de ChatGPT se azuzó la semana pasada, después de que el Garante della Privacy italiana constatara que la inteligencia artificial generativa de la compañía OpenAi oculta información a los usuarios sobre el destino de los datos que alegremente recopila. Las mismas fuentes señalan que la empresa participada por Microsoft carece de base legal para justificar el almacenamiento masivo de información. Por lo pronto, en el caso de Italia, OpenAI dispone hasta el 19 de abril para comunicar las medidas adoptadas para proteger los datos de los usuarios, bajo amenaza de pagar una multa de 20 millones de euros o hasta el 4% de sus ingresos anuales.

Asociaciones de fotógrafos también se han movilizado ante el uso de sus creaciones por parte del referido Stable Diffusion, programa de inteligencia artificial que convierte instrucciones de texto en imágenes. El sistema analiza en segundos cientos de miles de imágenes de la web, donde se mezclan creaciones de dominio público con otras debidamente protegidas por derechos de autor. El litigio más famoso lo protagonizó Getty Images, firma que denunció a Stable Diffusion por copiar más de 12 millones de fotografías de la colección de la compañía, incluidos los títulos y metadatos de las imágenes.

El impacto económico de la inteligencia artificial generativa aumentará en los próximos años de forma prodigiosa con ritmos de crecimiento anual del 34%y con estimaciones de negocio de 102.000 millones de euros en 2030. Este importe representa cerca del 9% del mercado global de la IA, valorado en 1,37 billones de euros.

Carme Artigas, secretaria de Estado de Inteligencia Artificial y Digitalización, defiende desde hace años la necesidad de establecer un Pacto de Estado por la Ética en la Inteligencia Artificial. Bajo este enfoque se fundamenta el Consejo Asesor de Inteligencia Artificial, organismo diseñado para "proporcionar asesoramiento y recomendaciones independientes sobre las medidas a adoptar para garantizar un uso seguro y ético".

¿Ayudamos a Beethoven?

Los usos de la inteligencia artificial son múltiples e insospechados, con los mismos límites que la imaginación. De esa forma se entiende la ocurrencia de Deutsche Telekom de reunir en 2019 a ingenieros informáticos y músicos para completar la Décima Sinfonía de Beethoven. Semejante obra nunca se quedó pendiente de su final, ya que el genio alemán se entretuvo con otras piezas por el camino. Poco después del 250 aniversario del nacimiento del compositor y pianista romántico, la 'teleco' germana presentó una recreación de la obra 'Beethoven X: The AI Project, interpretada por la Beethoven Orchestra de Bonn. El experimento suscitó la polémica en medios académicos no solo por la intromisión en una de las joyas musicales de la humanidad, sino por la posibilidad de que los algoritmos pudieran ser creativos y sustituir a las personas en las expresiones artísticas. En el caso de la Décima Sinfonía, Tim Höttges, presidente del Consejo de Administración de Deutsche Telekom, indicó que la IA fue alimentada con la propia música de Beethoven y su época.

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