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Un repaso a esa máquina de éxitos llamada Marisol, el personaje que silenció Pepa Flores

  • La actriz todavía no ha confirmado su asistencia a la gala de los Goya
  • Cómo contó en el José Aguilar, Marisol es un personaje que cerro hace décadas
  • Un éxito cinematográfico y económico al que llegó casi por casualidad
Madrid

Pepa Flores, más conocida por su interpretación del personaje Marisol, es una de las protagonistas de la semana. Este sábado se le hará la entrega del Goya de honor 2020, en la gala anual que celebra la Academia de Cine, este año en Málaga. Sin embargo, la actriz todavía no ha confirmado su asistencia. Retirada del cine desde hace décadas, el rostro del cine español de los 60 poco quiere saber del mundo del espectáculo. Uno que le reportó una auténtica fortuna de niña, una realidad que siempre deja huella y no siempre buena.

Una buena forma de recordar su figura y su pasado es ojear el libro Marisol, que publicó el periodista José Aguilar en el año 2008. Y de las pocas veces vez en que la actriz destapó su silencio, para insistir en que el mito de Marisol lo había cerrado hace décadas. "Ahora sólo soy una ciudadana de a pie, que es lo que quiero y como mejor me siento". "Yo no hubiera sido actriz ni nada. Lo que quería era ser bailarina", confesó la artista a José Aguilar.

El inicio en el mundo de la interpretación de Pepa Flores, o Pepita, como la llamaba sus familiares, comenzó casi por casualidad y a raíz de que sus padres le dejasen viajar a Madrid junto al grupo de Coros y Danzas, y donde conoció a su entonces mentor Manuel Goyanes.

Personaje crucial que sería el primer paso para aquel Un rayo de luz que la dio a conocer, y que activó una maquinaria a contra reloj de la adolescencia -en su primera película tenía ya 11 años- que entre 1960 y 1965 le llevó a grabar Ha llegado un ángel, Tómbola, Marisol rumbo a Río, La nueva cenicienta, La historia de Bienvenido, Búscame a esa chica y Cabriola.

Después, como recuerda Pepa Flores, la máquina se quejó y hubo que parar. "Me quedé sin voz antes de rodar "Las cuatro bodas de Marisol, me quedé muda. Claro que de eso no se enteró nadie", comenta a Aguilar.

El dinero

Todas las niñas querían ser como ella, todos los padres que fuera su hija y la industria convirtió su inspiradora presencia en álbumes de cromos, postales, vinilos, y hasta en muñeca. Un éxito con el que pudo sacar a su padre de la tienda de ultramarinos que regentaba y lo hizo propietario de un autobús que bautizó como Un rayo de luz, y que estaba destinado a hacer excursiones por aquella Málaga a la que Marisol volvía ahora en Rolls Royce.

Además de dinero, Marisol se convirtió en la mejor embajadora de España y, como es conocido, hasta las nietas de Franco la requerían las tardes de los domingos en El Pardo para tomar un chocolate. Una relación con el Régimen que nada tuvo que ver con el cine comprometido política e intelectualmente con sus ideas de izquierdas que hizo cuando creció.

Había crecido y estaba decidida a tomar las riendas de su vida; aquella niña rubia vestida de flamenca llegaba incluso a posar desnuda para la revista Interviú, pero harta de la popularidad sin límites Pepa Flores borró a Marisol y se refugió en el anonimato.

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