Saludable

Así será la comida del futuro ante la sobrepoblación

  • La producción de alimentos deberá crecer un 70% para 2050
  • Insectos, algas o carne artificial como alternativas

La ONU calcula que 2050 habrá que dar de comer a 10.000 millones de personas en un planeta con recursos alimenticios limitados e incluso menguantes debido al cambio climático. De hecho, para alimentar a todo el planeta en los próximos treinta años la producción de alimentos deberá crecer un 70%.

Así, la sobrepoblación y la sostenibilidad están llevando a que los científicos y la industria alimentaria trabajen activamente en nuevas vías para afrontar el reto de alimentar a toda la población. En este contexto, cobran fuerza diferentes opciones, como la comida a base de insectos como fuente alternativa de proteínas, sobre todo en los países en vías de desarrollo; el cultivo de microalgas, la creación de carne artificial o el cultivo de productos en zonas improductivas, así como la elaboración de alimentos para quienes tengan alguna enfermedad o necesidad específica.

Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), el uso de insectos como alimento, lo que se conoce como entomofagia, además de para la elaboración de piensos, comporta un buen número de beneficios de carácter ambiental, sanitario y para los medios social y de vida. En relación al medioambiente, hay que reseñar que los insectos utilizan mucha menos agua que el ganado tradicional y su cría depende menos de la tierra que la actividad ganadera convencional. Asimismo, los insectos pueden alimentarse de residuos biológicos como desechos de alimentos o de origen humano, abono y estiércol, y pueden transformar estos desechos en proteínas de alta calidad, que a su vez pueden utilizarse como piensos.

En cuanto a su beneficio para la salud, los insectos proporcionan proteínas y nutrientes de alta calidad en comparación con la carne y el pescado. Son especialmente importantes como complemento alimenticio para los niños desnutridos, porque la mayor parte de las especies de insectos contienen niveles elevados de ácidos grasos. También son ricos en fibra y micronutrientes como cobre, hierro, magnesio, fósforo, manganeso, selenio y cinc. Además, los insectos plantean un riesgo reducido de transmisión de enfermedades zoológicas (aquellas que se transmiten de animales a humanos), caso de la gripe aviar o la enfermedad de las vacas locas.

En cuanto a sus beneficios para el medio social y los medios de vida, en la FAO citan que apenas se necesitan medios técnicos o inversiones importantes, tanto para su cría como para su recolección, o que los miembros pobres en determinadas zonas rurales o urbanas en algunos países en desarrollo pueden cultivarlos, procesarlos y venderlos. Algunas especies pueden consumirse enteras, bien en pasta o harina, e, incluso, extraerse sus proteínas. Actualmente, la entomofagia o consumo de insectos por los seres humanos se practica, principalmente, en regiones de Asia, África y América Latina complementando la dieta de 2.000 millones de personas. Los insectos más consumidos son los escarabajos, seguidos de orugas, avispas y abejas, hormigas, saltamontes, langostas, cigarras, cochinillas, chinches y termitas.

Aunque en España todavía es un sector en ciernes, lo que resulta evidente es que los insectos han entrado en la cadena alimentaria como alternativa a la proteína animal y ya es posible comprarlos, mayormente, en forma de snacks o barritas hechas con harina. En Ainia, centro tecnológico especializado en ofrecer soluciones innovadoras en alimentación, subrayan que "los insectos ofrecen muchas posibilidades a la industria como fuentes de proteínas saludables, sostenibles y respetuosas con el medioambiente a coste cero".

Las algas escalan posiciones

La sobreexplotación de los recursos terrestres está llevando a la industria alimentaria a poner el foco en el mar, que ocupa dos terceras partes de la superficie terrestre. Así, las microalgas escalan posiciones como fuente de nutrientes y de proteínas de alto valor nutricional y gran biodisponibilidad. La UE confía en esta fuente de alimentos y ha comenzado a adoptar estrategias que potencien la producción de alimentos y piensos a base de microalgas. Las algas y microalgas contienen lípidos, proteínas y carbohidratos en cantidades elevadas. Como refieren en Ainia, "hay microalgas ricas en oligonutrientes, otras en aminoácidos esenciales, también en fibras… En general, tienen perfiles nutricionales interesantes".

Actualmente, el valor nutricional de las algas está básicamente explotado como suplemento alimenticio. Sin embargo, como explica Mark Brook, vicepresidente de Ingredientes Alimentarios de Solazyme, compañía estadounidense dedicada a la biotecnología, "las algas como ingrediente alimentario se han convertido en tendencia, ya que los consumidores han comenzado a apreciar el potencial y la versatilidad de este superalimento rico en nutrientes". Y añade: "las compañías de alimentos están respondiendo al interés de los consumidores en la búsqueda de alternativas de proteínas vegetarianas que estén libres de alérgenos. Esto está permitiendo que las algas emerjan como una fuente alternativa de proteína". Esta compañía, por ejemplo, está desarrollando en su país microalgas para su uso en la cocina: cocción, batidos y hasta mantequilla de algas.

La multinacional de alimentación anglo-holandesa Unilever, por su parte, se alió el año pasado con la startup Algenuity, especializada en el desarrollo de algas para consumo humano, en una clara apuesta por la alimentación de productos a base de proteína vegetal. "El desarrollo de fuentes alternativas a la proteína animal, como las microalgas, representa un importante paso adelante en el camino hacia un sistema alimentario equilibrado y respetuoso con el medioambiente", dicen en Unilever, donde también piensan que "las microalgas, uno de los ingredientes del futuro, constituyen una importante alternativa ante la necesidad de impulsar un cambio hacia un sistema alimentario más justo y equitativo, debido al gran impacto para el planeta que genera el consumo de proteína de origen animal". Unilever busca llevar al mercado comestibles elaborados con microalgas -reduciendo el contenido en clorofila que les dan un sabor amargo- que pasarían a formar parte de la cartera de productos vegetales de la empresa, propietaria de marcas como Hellmann's, Knorr Lipton o Frigo.

Ante un consumidor que cada vez come menos carne, alegando motivos como la sostenibilidad, el bienestar animal o la salud -sean o no ciertas en su totalidad las razones expuestas- parece que la alimentación de futuro pasa también por un incremento en el consumo de proteína vegetal, ya sea consumiendo hamburguesas o salchichas de seitán o a base de proteína de guisante, o bien directamente consumiendo carne artificial cultivada in vitro. Un proceso que implica la extracción de células de un animal vivo, seguido de la selección de células madre, y, a continuación, el cultivo de estas células en un medio de suero fetal (polémico porque se extrae a partir de los fetos sin nacer). Finalmente, se crea una masa muscular de células que se puede comer íntegra o molida. El resultado es una gama que incluye desde hamburguesas y salchichas, hasta un filete de carne "real" de un animal que nunca ha paseado por el campo.

Alimentos personalizados

Por otra parte, la alimentación del futuro pasa por la creación de alimentos destinados a minimizar los efectos de algunas enfermedades o patologías. En este sentido, hay empresas, como por ejemplo Indukern, ubicada en Barcelona, cuya división de alimentación, trabaja en colaboración con centros tecnológicos y hospitales en el desarrollo de alimentos para disfágicos o personas que no tragan bien, en alimentos pensados para personas con cáncer colorrectal, o para quienes tienen afectaciones neuronales debido a ictus. El futuro de la alimentación se encamina también hacia la creación de alimentos ricos en proteínas a partir de electricidad, aire, agua y bacterias, así como en el cultivo de frutas y hortalizas en condiciones de altas temperaturas y escasez de agua: es decir, en zonas desérticas o que avanzan hacia la desertización.

La impresión 3D de alimentos, valiéndose de técnicas como la creación de modelos y estructuras tridimensionales, mediante diferentes técnicas de inyección o extrusión, es otra de las opciones que podrían marcar un antes y un después en el campo de la alimentación. Como explican en Ainia, "será un aliado para adaptar la producción de alimentos a las necesidades dietéticas y nutricionales de cada individuo. También a sus gustos hedónicos y poder adquisitivo". Asimismo, añaden en el centro tecnológico, "permitirán una producción de alimentos más sostenible, alineada con los desafíos demográficos y medioambientales a los que debemos dar respuesta y posibilitarán el transporte de ingredientes básicos tales como proteínas, hidratos de carbono, ácidos grasos, vitaminas, así como de aromatizantes y saborizantes". En relación al transporte, en Ainia recuerdan que entre el 70% y el 90% del peso de un alimento es agua.

En Ainia ponen como ejemplo que en un país que base su alimentación en el arroz, con los déficits nutricionales que ello conlleva, los sistemas de impresión 3D de alimentos permitirían hacer platos equilibrados con texturas y sabores aceptables, haciendo uso de las materias primas locales, y cubriendo las carencias nutricionales con la incorporación de minerales, vitaminas o proteínas de diferentes procedencias, gracias a la adquisición de pequeños lotes de ingredientes o aprovechando fuentes inusuales tras su transformación tecnológica.

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