En España, paradigma de la dieta mediterránea gracias a su riqueza hortofrutícola, solo en 2020 se tiraron a la basura 474 millones de kilos de frutas y verduras, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.
De hecho, el 70% de los españoles consultados por la app de lucha contra el desperdicio alimentario, To Good to Go, reconocer que tira estos alimentos con frecuencia a la basura. Esta tendencia es aún peor entre las nuevas generaciones, ya que el 83% de los menores de 34 años desperdicia frutas y verduras con mayor frecuencia en comparación con otros grupos de edad.
A este despilfarro doméstico hay que sumar los miles y miles de kilos de otros residuos de origen orgánico que se tiran a la basura en la industria de la alimentación o en la hostelería, por ejemplo. Y aquí es donde las iniciativas de la economía circular, cada vez más frecuentes, están aportando soluciones imaginativas de aprovechamiento.
Es el caso de iniciativas del sector foodtech que abren nuevas vías para aprovechar el desperdicio cuando ya no se puede evitar, como el de la startup Innolarva, ganadora de la tercera edición de los premios InnoFood, impulsados por Mercabarna y Barcelona Activa.
Regeneración de tierras de cultivo
La responsable de la iniciativa, Rosa Sàbat, explica que "Innolarva surge como un proyecto de economía circular que produce larvas para transformar los residuos orgánicos y vegetales que genera la cadena alimentaria en productos de valor. En concreto, se produce un compost, a partir de la quitina de estas larvas, que regenera las tierras de cultivo de una manera natural, sin aditivos químicos. Para realizar este proceso, se ha diseñado un biodigestor que se coloca en el punto de origen donde se genera el residuo. En el biodigestor, se introduce el residuo orgánico o vegetal y las larvas que digieren el residuo transformándolo en compost".
Esta idea, como tantas otras, explica Sàbat, surgió de un proyecto fallido puesto en marcha por la Federación de Agrupaciones de Defensa Vegetal Selmar, en el que se descubrió que un insecto, la mosca Sciara, "que es perjudicial para las plantas, digería y eliminaba un residuo orgánico colocado con la finalidad de hacer de absorbente para mantener la humedad. A partir de este fracaso se gestó la idea de utilizar insectos para la eliminación de residuos".

Tras este hallazgo, el proyecto se encuentra en fase de desarrollo después de dos años de trabajo de la prueba de concepto e investigación industrial, con el apoyo de la agencia de desarrollo local Barcelona Activa. "Ahora nos estamos centrando en la prueba del prototipo en el entorno. Además, tenemos una producción de larvas de forma continuada. En cuanto a la producción de residuos transformados, estamos testando un prototipo con una capacidad de transformación de una tonelada diaria para cada biodigestor", aclara la portavoz de Innolarva.
Su tecnología se basa en el desarrollo de estos biodigestores modulares que pueden instalarse en el mismo lugar donde se genera el residuo, ya sean industrias de la alimentación, explotaciones agrícolas, cocinas o, incluso, en los hogares de los propios consumidores finales.
A corto plazo, el objetivo de la startup es disponer de un prototipo probado con éxito en un entorno real y disponer más adelante de los productos terminados y las certificaciones necesarias para poder iniciar la acción comercial en 2023. "Nuestra idea es comenzar en el sector agroalimentario, donde estamos validando el proyecto y donde ya han mostrado interés en la utilización de este sistema", concluye Sàbat.
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