Política

El tacticismo partidista de Pedro Sánchez rompe los moldes europeos

  • Ningún Estado miembro iguala nuestras cuatro convocatorias en 4 años
  • En Bélgica ostentan el récord mundial con 541 días de negociaciones
  • Antonio Costa se convirtió en el primer presidente portugués sin ganar
Pedro Sánchez. Foto: Efe
Bruselas

La noticia de las nuevas elecciones generales que se celebrarán el próximo 10 de noviembre, tras el fracaso del líder socialista, Pedro Sánchez, al intentar obtener una mayoría parlamentaria, fue recibida con el esperado respeto institucional en Bruselas. "No comentamos sobre los procesos democráticos en nuestros Estados miembros", comentó ayer una portavoz de la Comisión Europea.

Fuera de micrófonos llegan las recomendaciones teñidas de advertencia para Madrid. Nuestro país no puede permitirse el lujo de alargar la inestabilidad política que vive desde 2015, sobre todo en un periodo tan crítico para la Unión, y justo en un momento en el que se estrena un nuevo mandato y las prioridades se agolpan. 

Los funcionarios comunitarios y diplomáticos de las capitales consultados advierten sobre las dificultades que tendremos para ganar influencia al negociar dosieres importantes, como el próximo presupuesto plurianual (2021-2027). Otros señalan la importancia de tener "claridad" sobre el liderazgo político de un país que ha ganado importancia durante el último año.

De momento, la incertidumbre política que arrastramos apenas ha afectado al robusto crecimiento español, que continúa superando la media de la eurozona. Está por ver si la incapacidad de Sánchez para formar Gobierno, sobre todo ganándose el apoyo de Unidas Podemos, mancillará el predominante rol que había adquirido en el centro-izquierda europeo.

Jaleado por los buenos pronósticos

El líder socialista se entregó desde julio a la repetición electoral en vez de intentar formar Gobierno, dados los buenos pronósticos que le daban las encuestas. Su tacticismo partidista no solo le podría salir mal, si la abstención termina por castigar sobre todo a la bancada socialista. Además, difícilmente encuentra paralelismo en Europa. Partidos más irreconciliables (Movimiento 5 Estrellas y la Liga) negociaron en Italia durante casi tres meses hasta que llegaron a un acuerdo. En Suecia fueron cuatro meses. La gran coalición alemana llegó al sexto mes, mientras que Holanda batió su récord nacional con casi siete meses. Los belgas, que tienen el récord mundial con 541 días de negociaciones en 2010-2011, llevan ya cuatro meses intentando formar una nueva coalición tras las elecciones de mayo.

Mientras, el socialista Antonio Costa se convirtió en el primer jefe de Gobierno de Portugal que no ganaba las elecciones, tras forjar en un intenso mes y medio una alianza de izquierdas sin precedentes con los Comunistas y el Bloco de Izquierdas.

España no será el primer Estado miembro que celebra dos elecciones consecutivas en menos de un año desde 2015, aunque ninguno iguale nuestras cuatro convocatorias.

Griegos y croatas también acudieron a las urnas en dos ocasiones. Pero en el primer caso Alexis Tsipras volvió a buscar la confianza de los votantes tras cerrar el doloroso tercer programa de rescate en 2015. Y en Croacia, las elecciones de 2016 se celebraron tras la caída de la coalición gobernante liderada por Tihomir Oreškovi.

La maniobra de Sánchez, soplada al oído por su gurú de cabecera Iván Redondo, rechina especialmente en este momento político. Su estrategia provocará que España capee con un Gobierno en funciones el Brexit desordenado que se avecina, el empeoramiento en la guerra comercial, el deterioro económico y el riesgo de recesión, además de la sentencia sobre el referéndum de independencia en Cataluña.

Como sucede a menudo, la victoria de los intereses partidistas ha supuesto la derrota del sentido de Estado.

WhatsAppWhatsApp
FacebookFacebook
TwitterTwitter
Linkedinlinkedin
emailemail
imprimirprint
comentariosforum0
forum Comentarios 0
Deja tu comentario
elEconomista no se hace responsable de las opiniones expresadas en los comentarios y los mismos no constituyen la opinión de elEconomista. No obstante, elEconomista no tiene obligación de controlar la utilización de éstos por los usuarios y no garantiza que se haga un uso diligente o prudente de los mismos. Tampoco tiene la obligación de verificar y no verifica la identidad de los usuarios, ni la veracidad, vigencia, exhaustividad y/o autenticidad de los datos que los usuarios proporcionan y excluye cualquier responsabilidad por los daños y perjuicios de toda naturaleza que pudieran deberse a la utilización de los mismos o que puedan deberse a la ilicitud, carácter lesivo, falta de veracidad, vigencia, exhaustividad y/o autenticidad de la información proporcionada.