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En busca de cultivos marginados e infrautilizados para luchar contra el cambio climático

  • Solo 9 especies representan dos tercios de la producción mundial
  • La apuesta por los NUS permitiría mejorar la agrodiversidad
Madrid

Caña de azúcar, maíz, arroz, trigo, patatas, soja, palma para el aceite, remolacha azucarera y yuca. Estos nueve cultivos representan dos tercios de la producción agrícola mundial. Un problema que afecta directamente a la biodiversidad del planeta, y que tiene consecuencias como el cambio climático, tensiones entre países e incluso crisis económicas.

La apuesta por los cultivos marginados e infrautilizados, conocidos como NUS por sus siglas en inglés, permitiría revertir esta tendencia y mejorar la agrodiversidad.

"Los cultivos marginados, olvidados, son aquellos que se culivaron en algún monento del tiempo, del espacio, en alguna cultura, que incluso pudieron ser importantes, pero con el tiempo se han dejado atrás", explica Esteban Hernández Bermejo, ingeniero agrónomo, catedrático de la Universidad de Córdoba y coordinador de la Red CultIVA, en el seno de CYTED.

Un cultivo puede quedar marginado por múltiples razones. Desde cambios en los intereses económicos, en la rentabilidad de dicho cultivo, en las costumbres.... En otros casos, se produce de forma casi inconsciente, sin razón. Otras, por transferencias entre continentes. Es lo que pasó con el descubrimiento de América, que provocó gran marginación entre los cultivos europeos en Europa y los americanos en América.

También influyen los motivos culturales o religiosos, como es el caso del amaranto, que fue perseguido por los españoles por una ceremonia que hacían los mayas y los aztecas, y que fue considerada una ofensa religiosa.

En cuanto a los cultivos infrautilizados, se trata de aquellos que se practican, que son actuales, pero que están limitados a alguna región o cultura. El ejemplo por excelencia quizá sea el de la quinoa, un producto desconocido hace 70 años, muy limitado a una región, que en un momento dado se hace gourmet y hoy es ya muy conocido.

Para que merezca la pena apostar por un cultivo de este tipo, deben tener una serie de características. "Tiene que ser sano, aportar valores alimentarios interesantes, ser productivos, competitivos, agradables al paladar... incluso el color puede ser importante", explica Hernández Bermejo.

Hay varios ejemplos que se pueden destacar en este sentido, como los frutos rojos, el argan -una especie que hoy se encuentra principalmente en Marruecos, que se puede usar en alimentación, pero que sobre todo destaca por sus usos cosméticos, que provocan que su precio sea 10 veces superior al del olivo-, los cardos o los agracejos.

"Necesitamos especies que se adapten a las nuevas temperaturas, a los nuevos regímenes hídricos, a la nueva aleatoriedad del clima..."

La apuesta por este tipo de cultivos ofrece varias ventajas. La principal, seguramente sea el papel que pueden jugar en la lucha contra el cambio climático. "Tenemos el cambio climático encima, y necesitamos especies que se adapten a las nuevas temperaturas, a los nuevos regímenes hídricos, a la nueva aleatoriedad del clima...", insiste el experto.

Pero no solo tiene relación con el clima y el medio ambiente. "Afecta a la economía, a la producción, afecta a los gustos del consumidor. Afecta a las tensiones entre países. Países que prohiben la exportación o importación de determinados alimentos...", asegura Hernández Bermejo. E insiste: "Recordemos lo que le pasó a Cuba con la caña de azúcar, es una lección que nos tiene que servir para entender que no se puede apostar por pocos cultivos o pocas variedades, aunque sean muy productivas", concluye.

Lo difícil de entender es, si tan claros están los beneficios de este tipo de cultivos, por qué no se apuesta por ellos con más firmeza. En este caso, Hernández Bermejo cita a Sebastián Eugenio Vela, un alumno de la primera promoción de agrónomos del Real Jardín Botánico de Madrid, que en 1819 dejaba escrito lo siguiente: "El agrónomo no debe limitarse como ha sucedido por la escasez de luces, al corto número de plantas que maneja de ordinario, sino que ha de aspirar a enriquecerse con todas las que pueda descubrir útiles ya por su productos, ya para aprovechar uno u otro terreno y ya por otros motivos,... y así podrá introducir otras muchas en cultivo para nunca hallarse falto de recursos en cualquier paraje y clima que se encuentre".

"No nos podemos mantener en esa escasez de luces, o dicho de otro modo, en la ignorancia", precisa Hernández Bermejo.

Innovación, ayudas y nuevos cultivos

Con esta idea clara, ¿cómo se afronta el futuro? "Es un proceso que afecta al conjunto de la sociedad. Los políticos tienen mucho que hacer, empezando por Europa por la PAC, e impulsando políticas y ayudas económicas para los nuevos cultivos. Los empresarios agrícolas, no teniendo miedo de innovar. Los cocineros, ilustres o no, presentando nuevos productos y una oferta diferenciada", finaliza el experto.

Y por supuesto, no se puede olvidar el papel del consumidor, el último eslabón de la cadena, "que debe apoyar los nuevos productos".

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