Opinión

El reto de invertir en la economía azul

Cada vez más, tanto la sociedad en general como el tejido productivo están cada vez más concienciados acerca del impacto que su actividad genera en el ecosistema. Conceptos como sostenibilidad, criterios ESG o responsabilidad corporativa están en el día a día de las organizaciones. Sin embargo, a la hora de implementar estrategias de inversión que vayan en esta línea siempre hay un activo subestimado: la economía azul. En los océanos habita el 80% de la vida del planeta y representan el 70% de la superficie del globo; esto los convierte en fundamentales para la salud de nuestro ecosistema, ya que sin ellos nuestra realidad no sería la misma. Un ejemplo claro: sin océanos la temperatura media de la Tierra sería de 50 ºC, lo que convertiría en inhabitable el planeta para la gran mayoría de formas de vida. Por otro lado, los océanos son reguladores clave del clima, pues absorben más de un cuarto de las emisiones de CO2 derivadas de la actividad humana.

Si tenemos en cuenta que casi la mitad de la población depende de actividades relacionadas con los mares y la costa para su alimentación y sustento, podemos decir que los océanos sostienen la economía global, e invertir en la "economía azul" se antoja esencial para preservar estos ecosistemas vitales. Por lo tanto, parece clave que para prevenir el cambio climático y la sobre explotación de los recursos del planeta los inversores deben promover proyectos que no solo sean rentables, sino también respetuosos con la economía azul. Esto implica enfocarnos en estrategias que faciliten la financiación de la Blue Economy, entender los parámetros por los cuales se rige y la regulación bajo la que opera.

El enfoque tradicional de la financiación necesita ser repensado. Por ejemplo, los planes estratégicos de las empresas no deben centrarse simplemente en aportar más capital, sino en dirigir los fondos a proyectos adecuados que respeten y regeneren los ecosistemas marinos. Para ello, los proyectos deben ser económicamente viables y tener un perfil de riesgo atractivo, ya que, equiparando el riesgo natural al riesgo financiero, se incentivará a las organizaciones a reconfigurar sus cadenas de valor. A su vez, los inversores serán capaces de identificar modelos de negocio sostenibles con potencial de crecimiento y menores riesgos asociados a la degradación ambiental.

Existen productos e instrumentos financieros que ya están en funcionamiento y con un futuro prometedor. Es el caso de los bonos azules, que a través de emisiones de deuda tienen como objetivo proteger los ecosistemas marinos a través de su preservación. Existen, dentro de la renta variable, otras opciones como fondos de inversión o ETFs que replican índices de sostenibilidad.

La regulación desempeña un papel vital en la promoción y desarrollo de la economía azul, aunque queda mucho recorrido para trasladar la actual ambigüedad normativa hacia un marco adaptable y flexible, facilitando la transición hacia prácticas empresariales sostenibles que proporcionen transparencia a los inversores. La implementación de estándares globales y la colaboración entre gobiernos y entidades transnacionales son fundamentales para definir un entorno regulatorio coherente que apoye la economía azul.

En segundo lugar, las métricas son necesarias para que las entidades interesadas tomen decisiones informadas que beneficien a los océanos: es necesario centrarlos en la regeneración y conservación de los ecosistemas marinos, no solo en el volumen de inversión. Las organizaciones deben desarrollar parámetros que reflejen su impacto ambiental y su dependencia de los ecosistemas marinos, y poder medir así la eficacia de las prácticas implementadas.

Para maximizar el impacto de las inversiones en la economía azul y que se convierta en un asunto que esté en el top of mind de la sociedad, los inversores y también de las entidades financieras, es esencial una comunión entre ciencia, finanzas y política. Centrarse en parámetros establecidos con este propósito, reconfigurar la cadena de valor y cumplir con la normativa establecida es el camino de los inversores para que los mares y océanos no solo sean una oportunidad rentable de inversión sino también para que éstas sirvan para impulsar el crecimiento sostenible que beneficie a los océanos de acuerdo al peso que tienen estos en la economía global.

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