Opinión

La ciudad de 300.000 habitantes que no tiene transporte público

Grúas de construcción en el Cañaveral, Madrid. FOTO: Efe.
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Suena estúpido, ¿verdad? Pues esa ciudad no está tan lejos. A 10 kilómetros del centro del mundo mediático, concretamente: la Puerta del Sol. Los nuevos desarrollos del este y sur de Madrid, en los que se van a construir 120.000 viviendas, acogerán a unos 300.000 habitantes, la mayoría de ellos jóvenes cuyas necesidades de movilidad son mayoritariamente hacia fuera de estos barrios, ya que en ellos apenas hay suelo para oficinas o industrias, no hablemos ya de cultura, ocio y esparcimiento.

Todos ellos, sus padres, hijos, familiares y amigos tendrán que moverse irremediablemente en vehículo privado, una costumbre a la que han tenido que hacer frente los habitantes de los primeros PAUs de la ciudad (Arroyo del Fresno, Montecarmelo, Las Tablas o Sanchinarro), aunque en estos al menos se puso alguna estación de Metro, o en su defecto, Metro Ligero.

No será así en Valdecarros, Los Berrocales, Los Ahijones, El Cañaveral o la Nueva Centralidad del Este, a los que el Gobierno de la Comunidad de Madrid niega el Metro una y otra vez, con la única salvedad de una estación en mitad de la nada: se situará a un kilómetro de las casas. A tan solo unos meses de que empiecen a levantarse los pisos, la administración regional tampoco sabe qué líneas de autobús circularán sobre estos nuevos desarrollos, a los cuales tampoco ha invitado a que modifiquen sus planes urbanísticos para que el prometido BRT (bus de tránsito rápido) que debería suplir esas carencias cuente con la infraestructura propia que le caracteriza. No hay más que ver lo bien que ha funcionado el de Valdebebas, que transporta aire.

Parece evidente que los nuevos madrileños que habiten estos barrios (o que ya los están habitando, como en El Cañaveral) podrán disfrutar de esa ansiada libertad que supone meterse en su coche cada mañana para llegar antes al atasco. La alternativa de poner carriles bus en las autovías de acceso a la capital tampoco parece ser del agrado del consistorio ni del Ministerio de Transportes, titulares ambos de los viales. La opción de que los autobuses hagan uso de las radiales (de pago pero en manos del Estado) para acceder al centro de las ciudades tampoco parece estar sobre la mesa.

Para evitar que estas circunstancias vuelvan a suceder, una buena idea podría pasar por obligar a que las infraestructuras de transporte formen parte de las cargas de urbanización de estos nuevos ámbitos. Así, las mentiras de esas supuestas "ciudades de los quince minutos" que nunca existirán podrían compensarse, al menos, con la garantía de disponer de transporte público. Porque no hay nada más madrileño que vivir el colapso diario de todas sus carreteras para acudir a la oficina a hacer el mismo trabajo que se puede hacer en casa. Los 300.000 madrileños que lo sufrirán ya pueden darse por avisados y empezar a reclamar.

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