Opinión

Israel, Irán y el frente de Marruecos

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Comparecía Pedro Sánchez en el Congreso para rendir cuentas sobre Palestina, su viaje a Marruecos y tratar así de desviar el foco mediático sobre Koldo, Illa, Armengol, Begoña y las presuntas corrupciones con las mascarillas. Y de Palestina habló para reafirmar su reconocimiento de los dos Estados en la zona, pero sin concretar en qué condiciones, bajo qué Gobierno (¿el de los terroristas de Hamas?), con qué fronteras y, sobre todo, sin consenso interno y en Europa.

Y mientras en esto estaba nuestro presidente, convertido en el apóstol de la Franja de Gaza y del chiísmo radical, apenas debió tener tiempo de enterarse del brutal ataque de Irán a Israel, a juzgar por lo tarde -el último de la UE- y la tibieza en su condena. Un ataque sobre cuyas consecuencias se pregunta ahora la mayoría del mundo occidental y que, a tenor de las primeras reacciones y si como parece entra en acción la diplomacia, en principio no debería provocar ningún shock en la economía mundial, pero tampoco evitará, en el corto plazo, un aumento en los precios del petróleo y la energía, mayor coste en las materias primas con sus efectos en la industria, el transporte, los alimentos y el turismo, con un nueva escalada inflacionista que impediría las esperadas rebajas de los tipos de interés por parte del Banco Central Europeo (BCE) y la Reserva Federal norteamericana.

Escalada inflacionista que podría alcanzar efectos muy adversos si Irán cumpliera su amenaza de cerrar el estrecho de Ormuz, por el que pasa una quinta parte del petróleo comercializado mundialmente y que, según estimaciones de los analistas del Bank of América, podría elevar el precio del crudo hasta los 250 dólares el barril.

Pero añadido a las consecuencias económicas y para el conjunto del mundo occidental, en el caso de España el conflicto en Oriente Medio abre un nuevo frente de preocupación con epicentro en Marruecos y sus apetencias sobre Ceuta, Melilla, las Canarias y con amenaza para nuestros intereses comerciales y geoestratégicos en la zona del Estrecho y el norte de África.

Recordemos que Marruecos restableció relaciones con Israel como parte de los Acuerdos de Abraham a finales de 2020, con la mediación de Estados Unidos y desde entonces, el país magrebí no sólo es socio preferente de Washington en detrimento de España, sino que las relaciones de defensa entre Israel y Marruecos están desarrollándose muy rápido: han realizado maniobras militares conjuntas; Israel es ya el tercer suministrador de armas de Marruecos y la empresa israelí Blue Bird ha anunciado que va a abrir un centro de producción de sus sistemas aéreos no tripulados en el reino alauita.

Pero sobre Marruecos Pedro Sánchez es como los tres monos sabios, ni ve, ni oye y mucho menos habla. Todavía seguimos sin saber por qué se plegó a reconocer la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental, de forma unilateral y dando un giro histórico a la política exterior española mantenida por todos los Gobiernos desde que España abandonó su colonia en noviembre de 1975.Tampoco se ha explicado las razones de por qué mientras la sequía azota a España, ha decidido conceder un crédito de 250 millones de euros para construir la mayor planta desaladora de agua con última tecnología en Marruecos, que construyen empresas directamente vinculadas con el primer ministro marroquí. Ni por qué desmanteló la unidad de élite de la lucha contra el narcotráfico en la costa gaditana. O su falta de firmeza en defender la españolidad de Ceuta y Melilla. Y ni siquiera ha pedido explicaciones a Rabat sobre las maniobras militares cerca de las costas de Canarias durante tres meses y con un despliegue a gran escala de la Armada marroquí.

Y todo esto, ¿a cambio de qué? Porque Marruecos sigue sin abrir las aduanas de Ceuta y Melilla, ha iniciado a través de una ONG una nueva campaña en la ONU para pedir la descolonización de las dos ciudades españolas y el archipiélago canario y sigue sin frenar las oleadas de inmigrantes hacia España. Como se preguntan desde ámbitos políticos y diplomáticos ¿qué sabe el Rey alauí de Sánchez y Begoña tras el espionaje de Pegasus a su teléfono móvil y que desde Moncloa ni quieren ni pueden aclarar?

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