Opinión

El pivote de Rusia hacia Asia y el papel de China

  • Estos años han confirmado el pivote de la cadenas se suministro rusas hacia el Este
  • En China se piensa que la posibilidad de desarrollo del Lejano Oriente ruso debería acelerarse
Panorámica de la ciudad rusa de Vladivostok

El lejano Oriente de la Federación de Rusia es la región más crítica -"una prioridad nacional", en palabras del presidente ruso, Vladimir Putin- para su desarrollo.

Para cumplir con esa misión, durante los últimos diez años, la región rusa de Primorsky Krai, cuyo centro administrativo es la ciudad de Vladivostok, ha transformado el entorno operativo y regulador de aquella, con el cambio de centenares de leyes y normas, para favorecer la actividad económica y la recepción de inversiones.

Como resultado de ese estímulo por parte de los gobernantes regionales, se ha construido el nuevo puerto libre de Vladivostok y el entorno de esta ciudad ha sido favorecido con el establecimiento de una zona con el estatus de preferencial para el desarrollo económico.

Durante la década pasada, Vladivostok ha recibido más de 36 millardos de dólares en inversiones, que han permitido abordar proyectos para la construcción de nuevas instalaciones -como el astillero Zvezda, el más grande de Rusia, como una refinería de petróleo, como una planta de fertilizantes o como una fábrica de minería de bitcoin-, gracias a las cuales, se han generado 125.000 nuevos puestos de trabajo cualificados.

En definitiva, desde un punto de vista del marco económico y productivo, estos años han confirmado el pivote de las cadenas de suministro rusas hacia el Este.

Este viraje se ha puesto de manifiesto con la importancia creciente de sus líneas de transporte de carga, es decir, por un lado, el ferrocarril transiberiano, construido en la década de 1890 por el Zar Nicolás II, que ha trasladado, en 2023, un 70% más de mercancías que el año anterior, en torno a unas 100.000 toneladas, y, de otra parte, la línea ferroviaria principal Baikal Amur, que transcurre paralela a la anterior.

De igual trascendencia, o aún mayor, es el surgimiento de la ruta del Mar del Norte, de plena jurisdicción rusa, que ha generado el efecto positivo inducido de la construcción de dos nuevos buques rompehielos -uno, para gas natural licuado (GNL) y otro, para petróleo- o el lanzamiento de satélites nuevos para ayudarles en su navegación.

No obstante, todavía siguen existiendo retos a los que hacer frente en la mejora de las líneas de transporte, el incremento de la capacidad de los puertos o el aumento de las líneas ferroviarias.

Asimismo, la prioridad de las autoridades para los próximos años es la creación de los llamados territorios de tecnología avanzada, especializados en tecnologías de cuarta generación, de uso civil y de uso militar.

A 45 km. de Vladivostok se encuentra la frontera china, desde la que su vecino del sur, después de décadas de su propia transformación económica espectacular, observa con mirada constructiva el esfuerzo de pivote de Rusia hacia el lejano Oriente.

Desde un punto de vista chino, Vladivostok necesita aún mayores inversiones en infraestructuras, ya que la marca de los 30 millardos de dólares es considerada como relativamente pequeña.

Por otra parte, a los ojos chinos sorprende que el esfuerzo inversor ruso en el lejano Oriente de los últimos años no haya sido acompañado por un incremento sustancial de la población en esa región, dado que, por ejemplo, Vladivostok sigue contando con 600.000 habitantes desde hace 15 años.

Para los chinos, en lo que se refiere a las ciudades, aplica el principio de más grande es mejor.

En China se piensa que la velocidad del desarrollo del lejano Oriente ruso debería acelerarse, especialmente, cuando señalan que, de los 150 millardos de dólares que el gigante chino invierte en el extranjero al año, solamente un 1% se dirige a Rusia.

En resumen, China está persuadida de que su modelo de las zonas económicas especiales sería exportable a Vladivostok y que, si así lo hiciera, la capital del este de Rusia podría convertirse en el Hong Kong de los años 70 o el Shanghái de los años 90.

Desde febrero de 2022, la relación comercial entre Rusia y China ha pasado por dos fases.

Durante la primavera de 2022, nada más comenzar la Operación Militar Especial (OME) de Rusia en Ucrania, China retuvo su comercio y sus inversiones en Rusia y activó el modo silencio.

China tomó aquellos meses como un periodo necesario para decidir qué es lo que debía hacer y para medir el impacto posible de las llamadas sanciones secundarias occidentales contra Rusia.

Desde el otoño de 2022, en cambio, los bienes chinos comenzaron a llegar de forma masiva a Rusia, entre otras cosas, para ocupar el vacío que muchas compañías occidentales habían dejado al abandonar el mercado ruso.

A partir de entonces, las relaciones comerciales y económicas entre Rusia y China se han reforzado y, en estos momentos, están en auge.

El lejano Oriente es vital para que Rusia pueda garantizar su seguridad y mejorar su logística.

Antes de 2022 y, sobre todo, antes de 2014, Rusia había priorizado el desarrollo de sus lazos comerciales con Occidente y no había dotado de tanto apoyo político a realizar el mismo esfuerzo hacia el Este, un territorio de Rusia que es especialmente rico en recursos naturales, ya sean alimenticios o energéticos.

Por su parte, el gobierno de China, a partir de 2022, ha añadido a los 3 ejes básicos de su política exterior -sin bloques, sin confrontaciones y sin dependencia de terceros países- uno nuevo de asociación estratégica con Rusia, sin límites y sin tabúes.

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