Opinión

La industria española, pendiente del 'efecto mariposa' en China

Foto: iStock

"El aleteo de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo". Este es el proverbio chino que se adelantó a la teoría del caos, enunciada por el meteorólogo americano Edward Norton Lorenz en 1963. Fue entonces cuando descubrió que pequeñas alteraciones en la atmósfera en un lugar concreto pueden cambiar el clima de otro en enormes proporciones. Hoy, cuando se cumplen 60 años de la ley de Norton Lorenz, el efecto mariposa no sólo explica tormentas y huracanes, sino cómo decisiones adoptadas por un país del globo tienen la capacidad de trastocar los cimientos de economías sólidas, como la española.

El curso que comienza viene marcado por circunstancias fundamentales para sectores como la industria, que si bien ha ganado peso en el Producto Interior Bruto (PIB) nacional, está perdiendo trabajadores después de que el último año haya menguado un 8,7% tras la caída de los preciso de la energía. Y septiembre tiene una fecha marcada en rojo: la celebración de las sesiones del Diálogo Económico y Comercial de Alto Nivel Unión Europea–China. En ellas, según ha anunciado a Financial Times, el comisario europeo de Comercio, Valdis Dombrovskis, se requerirá al gigante asiático –tercer mayor socio comercial de la UE tras Estados Unidos y Reino Unido– que elimine las barreras a las exportaciones europeas. En juego, más de 230.000 millones en exportaciones a China desde la UE, casi el 10% de las exportaciones del bloque comunitario en 2022.

Las exportaciones españolas superaron en 2022 los 389.000 millones de euros y aportaron un 41,7% del PIB de nuestro país. Mientras tanto, las importaciones superaron los 457.300 millones de euros en 2022, un máximo histórico y un crecimiento interanual del 33,4% respecto a 2021. En cuanto al sector que integra el transporte de mercancías y la cadena de suministros, representa el 6,9% del PIB nacional –el 10% si se añaden actividades de carácter logístico–, da empleo a casi un millón de personas y genera una cifra de negocio global que supera los 100 mil millones de euros.

En términos de importancia, las cifras son inapelables. Sobre todo, teniendo en cuenta que un aumento de los costes logísticos y del transporte puede generar no sólo un aumento del precio de bienes de primera necesidad, sino también un incremento considerable del desempleo. Por ello es necesario hablar de urgencia, la que imprime el contexto internacional a nuestro horizonte más próximo. España es una de las economías europeas más dependientes de China a nivel de comercio. Tanto es así, que si bien el déficit comercial de la UE con el gigante asiático aumentó un 58% el último año –de 250.000 millones de euros a 396.000–, el déficit de España representa el 10,5% de todo el continente.

En 2022 China se convirtió en el primer proveedor de España, en gran medida por nuestra importación de bienes de equipo, maquinaria, equipos de oficina y electrónicos, así como productos químicos, ropa y juguetes. Con todo, nuestro país ocupó en el puesto 11 como cliente de las exportaciones al país asiático. El desequilibrio es evidente.

La reducción de los altos índices de dependencia comercial de países que se ubican fuera de la Unión Europea parece ser un objetivo claro en el medio plazo en aras de proteger nuestra industria. Sin embargo, el reto que afrontamos como país sólo es equiparable al grado de responsabilidad que deberán asumir quienes tienen en su mano proteger un sistema con capacidad de posicionarnos a la vanguardia europea.

Fortalezas tenemos de sobra. 383.525 metros lineales de muelles y 98,4 millones de metros cuadrados de superficie terrestre y áreas de depósito, atendidos por cerca de 700 grúas, dan cuenta del potencial portuario del país; que además cuenta con una de las redes de transporte rodado más importantes del continente. Tanto es así, que según datos de Eurostat, España es la segunda nación de Europa por volumen de toneladas transportadas por kilómetro, sólo superada por Alemania.

En cuanto a los retos, destaca la necesidad de fortalecer y apoyar a las empresas españolas que aspiran a competir en igualdad de condiciones con compañías extranjeras. Sobre todo, porque la estabilidad de un país se mide también por la de sus empresas. La marca España, así, está estrechamente supeditada a la solvencia de sus compañías nacionales porque en muchos casos esta se erige como la mejor carta de presentación en el extranjero. Es imprescindible, por tanto, que las instituciones españolas se acerquen al tejido empresarial, entiendan sus debilidades y amenazas y sean conscientes de las oportunidades que se abren como consecuencias de sus fortalezas adquiridas.

En diciembre de 1972, Norton Lorenz planteó en una conferencia si "el aleteo de una mariposa en Brasil puede producir un tornado en Texas". Hoy está en nuestra mano sentar las bases estratégicas para evitar tormentas en Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla.

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