Opinión

La nueva revolución industrial europea

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Un espectro recorre Europa: el espectro de la política industrial. Los debates sobre los retos económicos y de seguridad que plantea la emergencia de China como potencia económica mundial reflejan el malestar que sintieron los gobiernos europeos en los años setenta y ochenta ante el liderazgo tecnológico de Estados Unidos y Japón.

Las viejas cuestiones de política industrial resurgen rápidamente, aunque con un nuevo nivel de complejidad debido a la urgente necesidad de avanzar en la transición ecológica.

En un mundo globalizado que lidia con los impactos del cambio climático, la política industrial debe abordar múltiples objetivos, entre ellos la descarbonización global, la creación de valor económico y empleo competitivo a escala mundial y la autonomía estratégica.

Cuando estos objetivos entran en conflicto, plantean a los responsables políticos un difícil trilema: ¿cómo combinar la descarbonización con el crecimiento económico y el empleo y la competitividad mundial, reforzando al mismo tiempo la resiliencia y la soberanía/autonomía/seguridad de abastecimiento?

¿Cuál es la mejor manera socioeconómica de lograr la descarbonización y la resiliencia? ¿Cómo y hasta dónde avanzar hacia la soberanía/autonomía/resiliencia, y qué significa esto en términos de alejarse del paradigma tradicional de eficiencia económica?

¿Hasta qué punto hay que alejarse de un enfoque político horizontal para dar forma a las condiciones marco, por ejemplo mediante una política de competencia fuerte y la apertura del comercio? ¿Cómo convertir la resiliencia en una oportunidad para crear empleos de calidad y acelerar, en lugar de obstaculizar, el proceso de descarbonización?

En un nuevo libro de Bruegel, hemos pedido a algunas de las mentes más brillantes de la economía que aborden algunas de estas difíciles cuestiones. En el volumen se llega a un consenso sobre la legitimidad y la importancia de revitalizar la política industrial.

Los autores coinciden en que los gobiernos tienen un papel fundamental que desempeñar en la gestión de la transición de los combustibles fósiles a sistemas energéticos con bajas emisiones de carbono, al tiempo que abordan los retos sociales. Dejar los retos en manos de las fuerzas del mercado no es una opción, habida cuenta de las externalidades y las dependencias del camino que pueden ralentizar o interrumpir el curso de las acciones privadas.

Dejar los retos de emisiones en manos de las fuerzas de mercado no es una opción

La atención se centra en la necesidad de una política industrial preparada para el futuro y dotada de fuertes elementos "verdes". La cuestión es cómo debería ser esa política industrial.

Aunque los detalles de una política industrial de este tipo aún no están claramente definidos, los capítulos de este volumen coinciden en que se necesita una combinación de instrumentos políticos.

Las políticas industriales eficaces deben reconocer la naturaleza complementaria de los instrumentos del lado de la oferta y de la demanda, combinando el apoyo público con marcos reguladores, el establecimiento de objetivos y la tarificación del carbono.

En las contribuciones, existe un fuerte consenso sobre la necesidad de dar prioridad a las áreas de apoyo que requieren la creación de capacidad de innovación. Los autores coinciden en que los gobiernos pueden y deben configurar el progreso tecnológico en función de las necesidades de la sociedad y deben mejorar las competencias de la mano de obra.

El objetivo es garantizar que las políticas industriales coexistan con la competencia, facilitando el cambio estructural y la dinámica empresarial. Es crucial salvaguardar la competencia y permitir la entrada de nuevas empresas que desafíen a los operadores tradicionales menos eficientes.

También hay acuerdo sobre la necesidad de una mayor direccionalidad en la elaboración de la política industrial.

Habrá que elegir ex ante las tecnologías y los proyectos que más contribuyan a los objetivos multidimensionales, pero que se vean obstaculizados por fallos del mercado, del sistema y de la transición, aunque el riesgo de fallos de selección sea elevado.

La gestión de este riesgo de fracaso gubernamental exige una buena combinación de instrumentos verticales y horizontales, una selección ascendente y descendente, la limitación de las ayudas en el tiempo y la importancia de garantizar la competencia en igualdad de condiciones.

Las recomendaciones van desde la creación de agencias que sigan el modelo de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa de Estados Unidos (DARPA) hasta la realización de análisis de complejidad de las cadenas de valor, todo ello con el objetivo de desarrollar políticas flexibles que puedan evaluarse periódicamente y ajustarse en consecuencia.

El éxito de la política industrial dependerá, en última instancia, de si consigue desencadenar la inversión del sector privado para alcanzar los objetivos de la sociedad de forma competitiva y resistente a escala mundial, situando la colaboración público-privada en el centro de la formulación de políticas industriales.

Los autores de este volumen reclaman políticas explícitas y una colaboración continua entre empresas y gobiernos para establecer objetivos que promuevan la creación de "buenos empleos".

Crear coaliciones a escala nacional e internacional, incluso entre países que pueden ser rivales en otros ámbitos, es de vital importancia para navegar con eficacia por la transición ecológica y otros procesos transformadores.

La dimensión regional es especialmente crucial para una "política industrial inteligente", se centre o no en iniciativas ecológicas. Mientras que algunos sostienen que la eficiencia y la ventaja comparativa inherente a una región deberían guiar la política industrial, otros advierten que no hay que alejarse demasiado de la economía industrial o de los puntos fuertes regionales.

También se aconseja cautela a la hora de perseguir intereses nacionales a través de la política industrial, ya que esto podría desencadenar una carrera internacional por las subvenciones, afectando negativamente a los países en desarrollo y acelerando potencialmente la desglobalización.

En resumen, hay acuerdo sobre los beneficios de una política industrial que apoye la coordinación y la cooperación internacionales, en lugar de adoptar un enfoque miope de "Europa primero".

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