Opinión

¿Está estancada la economía española o va como una moto?

  • Nos estamos recuperando, pero con retraso respecto de otras economías
  • La productividad no crece, lo que hace que no estemos teniendo crecimiento a largo plazo

Cuando se mide el crecimiento económico, como cualquier otra cosa, hay que saber cuál es el punto de partida. Por eso, si queremos saber cómo va la economía española, conviene tener claro dónde ponemos contador a cero. Si sólo medimos el último trimestre del que tenemos datos, entonces, el PIB español registró una variación del 0,6% en el primer trimestre de 2023 respecto al trimestre anterior en términos de volumen, es decir en términos reales. Esta tasa es una décima superior a la registrada en el cuarto trimestre, y una décima superior a la avanzada el pasado 28 de abril por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Con este dato, el crecimiento interanual de la economía fue del 4,2%. No parecería que estuviésemos estancados.

Sin embargo, si tomamos el punto de partida en 2019, acabamos de recuperar el PIB que teníamos antes de la Pandemia, que era muy similar al de 2007, antes de la gran crisis financiera. Si no hemos crecido nada en un periodo de cuatro o, incluso, de dieciséis años, sí parece que estemos estancados. La realidad es que nos estamos recuperando, eso sí con retraso respecto de otras economías. 

Esto se puede ver con bastante claridad si miramos la economía regional. Según los últimos datos del INE, Canarias y Baleares fueron las economías que más crecieron en 2021, con una tasa de crecimiento real de su PIB regional del 10,4% y del 15,4%. Sin embargo, esta tasa de crecimiento vertiginoso se debió, simplemente, a la reapertura del sector turístico, puesto que el año anterior, 2020, la caída del PIB regional en las Islas fue del 19,1%, Canarias, y del 23,9%, Baleares. De hecho, si se toma el periodo 20-21, en ambas Comunidades el PIB había caído, y más de lo que parece, porque la recuperación de 2021 se calcula a partir de un PIB muy inferior. Para recuperar una caída de casi una cuarta parte, el crecimiento que hay que tener al año siguiente es de un tercio. Si no se lo creen, cojan una calculadora.

A la economía española en su conjunto le ha pasado lo mismo, aunque lógicamente menos acentuado, que lo que ha ocurrido en Baleares y Canarias, recuperación basada en la reapertura del turismo. Pero seguimos teniendo un problema gravísimo: nuestra productividad no crece, lo que hace que no estemos teniendo crecimiento a largo plazo. Sufrimos más las crisis que los países de nuestro entorno, y, además, tardamos más tiempo en recuperarnos.

Otra cuestión que no siempre se percibe adecuadamente es que salimos de las crisis devaluando salarios. Esto viene de muy antiguo, pero ha tenido tres modalidades. Tradicionalmente lo que se hacía era devaluar nuestra divisa, la peseta, lo que se hizo por última vez en 1992. En 2012 se acometió una reforma laboral para forzar una devaluación salarial nominal, ya que no podíamos devaluar una moneda, el euro, que compartíamos con el resto de la eurozona. Finalmente, con el regreso de la inflación en 2022, lo que se hizo fue no ajustar los salarios a la inflación. Esto permitió que las empresas españolas fuesen más competitivas, y, por tanto, la economía española exportase más e importase menos. Precisamente por eso, nuestro crecimiento vuelve a sustentarse en el sector exterior. Además, al haber menos efectos de segunda ronda, tenemos menos inflación que casi todos los demás países de la Unión Europea.

Como muchas familias viven de los salarios, la razón fundamental por la que no se percibe el "crecimiento" o la recuperación está en que precisamente que son los empleados por cuenta ajena los que están pagando el inicio del ajuste de la sucesión de crisis de los últimos años. Esto se agrava con la principal medida recaudatoria para cuadrar las cuentas: no actualizar el IRPF a la inflación, lo que ha hecho que los españoles pagásemos en 2022 el tipo efectivo del IRPF más elevado de la historia, y que previsiblemente vayamos a batir este récord en 2023. Incluso los pensionistas, que han visto actualizadas sus nóminas con el IPC, también han tenido una reducción real en su poder adquisitivo por el efecto de la "progresividad en frío" del IRPF, de pagar más impuestos con la misma renta real. El resultado de todo esto es la caída del consumo, que, según los últimos datos, los de ventas interiores de las grandes empresas de la Agencia Tributaria, se estaría acentuando.

Gracias al sacrificio de las familias españolas, la economía española se ha ido recuperando mejor de lo que anticipaban las previsiones. Sin embargo, esto no significa, necesariamente, que las previsiones vayan a ser de un mayor crecimiento en el futuro. En su último informe de coyuntura, el Banco de España señala que en el último trimestre se ha ido de más a menos. Por otra parte, España sigue siendo un país muy endeudado, con lo que el efecto de la subida de los tipos de interés irá restando crecimiento. 

Esto se acentúa porque la mayor parte de las hipotecas contratadas en España lo son a tipo variable, a diferencia de otros países, con lo que las familias españolas son mucho más vulnerables a la subida de tipos. Por otra parte, la Banca española ha repercutido en los créditos la subida de tipos, pero apenas lo está haciendo en los depósitos. En consecuencia, como señalaba el Banco de España y comentábamos en El Economista, las familias españolas están sufriendo más los efectos de la subida de tipos que las francesas, italianas o alemanas (que, increíblemente, han aumentado su renta disponible). A medida que los efectos de la subida de tipos se vayan materializando en la economía real, esto impactará negativamente en el crecimiento económico, a través del consumo y la inversión.

Éste es el panorama, desafiante y complejo, al que se enfrenta la economía española a mediados de 2023, con una consolidación fiscal pendiente, puesto que seguimos teniendo no sólo un déficit demasiado elevado, sino, también mucha más deuda pública, que habrá que refinanciar a tipos de interés superiores. La moto de la economía española necesita reformas, y no solo de chapa y pintura, si queremos que avance, es decir un crecimiento sostenido en el tiempo.

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