Opinión

Las cuentas de Andalucía

La consejera Carolina España aseguró el viernes en la presentación de los presupuestos que lo que para muchos es la cuadratura del círculo es una realidad en Andalucía . "Bajamos los impuestos y aumentamos el gasto social", insistió. No es una novedad -porque ya se ha hizo en las cuentas del 2010, 2020 y 2021-, pero ahora esta forma de manejar los dineros públicos cobra mayor protagonismo por el contexto político nacional, en el que el que muchos quieren presentar como incompatibles la reducción de los tributos y el mantenimiento o mejora de los servicios públicos básicos. Se puede hacer si las cuentas públicas ponen el acento en el apoyo al tejido productivo y en las inversiones. En mover la economía y no ser un obstáculo, sino una ayuda, para las empresas y los inversores.

Las cuentas andaluzas incluyen 6.000 millones de euros para inyectar oxígeno al tejido productivo, con especial incidencia en sectores estratégicos como el I+D+i, asignatura pendiente en la comunidad siempre postergada por urgencias mayores, las infraestructuras hídricas y las ayudas a empresas que incentiven el empleo. El capítulo de inversiones e infraestructuras, con casi 5.500 millones, es por otra parte uno de los que más crece, por encima del 80

Sobre el papel el presupuesto andaluz parece el adecuado para una situación complicada como la que ya nos afecta. Sobre el papel. Es cierto que parte de unas perspectivas más que optimistas (un crecimiento del PIB del 1,9%) y que fía buena parte de los ingresos a los fondos europeos, con pésimos antecedentes por parte de la gestión del Gobierno de la Nación que en nada aportan seguridad. La dificultad radica en llevar esas cuentas del papel a la realidad. La ejecución. La primera legislatura de Juanma Moreno abordó tímidamente la reforma de la administración para lograr más eficacia. La simplificación de la burocracia, la digitalización de los procedimientos administrativos y la implantación de criterios de productividad que incentiven a los buenos funcionarios y penalicen a los malos recogidos en la Ley de Función Pública van por el buen camino, pero la nueva economía exige cambios más profundos para que la administración haga más con menos.

Porque lo que se avecina es duro. Lo ha advertido el informe LEO, que rebaja notablemente las previsiones de crecimiento en Andalucía, hasta el 1,3% del PIB.

El panorama en el mercado laboral -nunca se puede olvidar que el paro es la principal rémora de la sociedad andaluza- sigue siendo preocupante. Pese a ser la comunidad que más reduce el desempleo en el interanual, aún lidera el ranking con una tasa por encima del 18%, seis puntos más que la media nacional.

La consejera Rocío Blanco, en una intervención con mucho fondo en el Foro Cámara de Comercio de Sevilla de la semana pasada, alertó de que el PIB y la creación de empleo vuelven a acompasarse justo cuando el primero se contrae, y advirtió claramente que la reforma laboral está afectando negativamente a la productividad. Los últimos datos reflejan que se está reduciendo la jornada laboral, han aumentado los contratos a tiempo parcial y el pluriempleo y la duración efectiva de los empleos "es menor a la esperada". La contratación indefinida a tiempo completo ha sufrido un retroceso de 30 puntos, añadió Blanco.

Lo que queda de Abengoa se aproxima al desenlace. A la venta. El consejo de Abenewco1 ha solicitado el concurso para las sociedades que concentran los activos de la multinacional y apuesta por la oferta de Urbas. Una oferta que abarca a buena parte del perímetro pero sobre la que hay dudas en términos de solvencia financiera y seguridad jurídica, por deudas y procedimientos judiciales abiertos en torno a la candidata. En círculos empresariales el comentario es que ya nadie esperaba que un príncipe azul acudiese al rescate de Abengoa.

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